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Sábado 16 de Mayo de 2015

La lectura, esa herramienta que abre nuevos horizontes de vida

La Escuela Primaria de la Unidad 3 y un proyecto de biblioteca para que los internos lean con sus familias

El director de la Escuela Nº 2003 Margarita Mazza de Carlés de la Unidad Penitenciaria 3, Daniel Medina, comparte los nervios previos al acto que sucederá un rato después. “¿Socializar o humanizar?”, pregunta en voz alta sobre el perfil que busca para la presentación del proyecto que invita a los internos a leer con las familias. Todo transcurre en el Pabellón B, un espacio del penal de Riccheri y Zeballos, de ingreso de los detenidos.
  Los internos están en el patio común del Pabellón. Algunos toman mate, otros conversan con los invitados que llegan al acto —se hizo el viernes 8 de mayo pasado— y también se interesan por mirar más de cerca los libros infantiles distribuidos sobre una mesa.
  Son cuentos para chicos, historietas, historias cuidadosamente ilustradas y diseñadas. Todos textos muy bien seleccionados para integrar lo que llaman “Baúl de lectura móvil”. La idea es simple: contar con buenas lecturas para los fines de semana cuando las familias llegan de visita. Una manera de entretener a los hijos de las personas privadas de la libertad. No son pocos los especialistas que aseguran que la lectura acerca, crea lazos diferentes, resulta un regalo amoroso. Algunos de los internos ya lo entienden así, por eso además de mostrarles los libros a sus hijos, se animan a leerles.

Otra oportunidad.  La iniciativa surgió de la escuela primaria que funciona en el penal, que trabaja codo a codo con la Eempa Nº 1.311 y los talleres culturales y recreativos que se dictan. Escuelas que —repetirán una y otra vez los maestros y los internos— buscan “ofrecer otra oportunidad de vida”.
  Rubén y Marcelo son dos de los alumnos de la primaria 2003. Dicen que “aprender les permite salir adelante”. Cuentan de las “dificultades de estudiar a esta edad”, pero no lo ven un imposible cuando reconocen que “el esfuerzo vale la pena y que no hay que dejarlo pasar”. También que “son los hijos los que los motivan a seguir”. En el Pabellón B hay 45 internos, 25 de ellos están terminando la primaria y 11 el secundario.
  En general las poblaciones carcelarias se caracterizan por estar conformadas por personas jóvenes, pobres y poco o nada escolarizadas. La ley nacional de educación 26.206 es la que contempla en su capítulo XII la educación en contextos de privación de libertad como “la modalidad del sistema educativo destinada a garantizar el derecho a la educación de todas las personas privadas de libertad, para promover su formación integral y desarrollo pleno”.

Comienza el acto. El acto de presentación del proyecto de lectura comienza y se desarrolla como cualquier otro conocido. “A sacarse la gorrita que ingresa la bandera nacional”, pide uno de los docentes y ninguno objeta el respetuoso llamado. Es el maestro Ramón López quien da la bienvenida citando a Walt Whitman y su “Canto a mí mismo”: “Me celebro y me canto a mí mismo./Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,/porque lo que yo tengo lo tienes tú/y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también”.
  El director Medina —hace 25 años que enseña en ese penal— quiere que se mencione el nombre de cada uno de sus alumnos, porque “que son los que hacen la escuela en el día a día”. Y lo hace. No pasa mucho tiempo para que defina esa jornada “como histórica, un paso a la socialización”. El Pabellón B es definido, por ser de ingreso, de conflictividad.
  Al acto se llegó una buena comitiva de autoridades del Ministerio de Educación de la provincia, del área de adultos. “La escuela es una herramienta fundamental para lograr cambios”, dice el secretario de Educación, Jorge Marquez, al tiempo que destaca “la apertura del Pabellón B” a la actividad propuesta por la escuela y recuerda “que cuanto más nivel de estudio, menores son los índices de reincidencia”. También agradece los libros aportados por el Plan Lectura Nación y Amsafé provincial para este proyecto.

A puro tango. Al final del encuentro, Gerardo Quilici, conductor de “A todo tango” de Radio 2, presentó a Carlos Quilici y su bandoneón y a Leonel Capitano (de FM Tango) en la voz, quienes rápidamente se ganaron la atención y aplausos de los internos. El pedido de bises no tardó en llegar.
  Gerardo Quilici además compartió dos buenas historias en esa jornada. Una referida a una foto que llevó de regalo y se había tomado en 1928 en ese mismo pabellón, lugar que hasta ese mismo viernes no había vuelto a ser fotografiado. Y la otra, sobre Ernesto Ponzio o más conocido entre los tangueros como “El pibe Ernesto”. Un violinista, músico y compositor de tangos quien dirimió un entredicho a los balazos y terminó condenado en ese penal hacia principios de 1900.
  Una mesa con jugo, pastafrola y galletitas se armó rápidamente al cierre del acto. Entre los que se acercaron para compartir la charla, estaba Ariel, el abanderado de la primaria: “Empecé la escuela para cambiar. Yo había dejado cuando tenía los 8 o 9 años, porque era de una familia de 12 hermanos, hacía changas en la calle para sobrevivir y la escuela no podía ir. Hoy tengo 38 años, dos hijos de 6 y 12 años, y uno de 17 que el año pasado me mataron en la calle”. Su relato bien refleja la de otros tantos internos que buscan en la educación otra oportunidad de vida.

                                                      M.I.

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