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Sábado 17 de Mayo de 2014

La lechería argentina, antes y después de la devaluación

(Por Alvaro Torriglia y Sandra Cicaré / La Capital). _ La actividad perdió rentabilidad en el primer trimestre de 2014, pero ahora encara una lenta recuperación. Qué dicen los analistas.

El cambio en las condiciones macroeconómicas de la Argentina a principios de este año impactó en la lechería en el país. "Hay una lechería antes y después de la devaluación", sintetizó Alejandro Sammartino, director de Inforcampo, uno de los organizadores de la última edición de Mercoláctea que se realizó en Rosario.

El especialista explicó que el sector transitaba durante 2013 un escenario de incremento de la producción que le permitía al tambero atenuar la inflación de costos, a partir de una buena relación de precios respecto de la soja y el maíz. La nueva paridad cambiaria a partir de enero y por efecto de las inundaciones de febrero pasado dieron vuelta los números.

De todos modos, explicó que una vez superado el efecto de las intensas lluvias, una mejora sustancial del precio de la leche en polvo en el mercado externo reequilibró la relación entre litro de leche y tonelada de grano. "La foto de fines de febrero y marzo era muy mala, pero lo que era una película de terror hoy se convirtió en un escenario mucho mejor", sintetizó Sammartino.

El ritmo de la actividad a partir de 2014 mostró una sucesión de altibajos que derivaron en la foto del presente. "Antes de la devaluación la relación del precio de la leche con los concentrados como el maíz y la soja era muy buena, de 1,80 a 1 y de 1 a 1 respectivamente", dijo el analista. En ese momento, el precio del litro de leche alcanzaba los 2,4 pesos aproximadamente y la soja cotizaba entre 1,8 y 2 pesos el kilo.

En ese momento los productores buscaban aumentar la producción individual para diluir los costos de estructura que iban creciendo. "La lechería venía ordenada y se daba en otoño, donde los valores estacionalmente suben", recordó Sammartino.

Con la devaluación, "los precios de insumos que venían subiendo a un ritmo moderado, subieron de golpe. La soja se fue a $ 2.800 pesos y el maíz a $ 1.300 y la leche se estacionó en 2,4 pesos el litro, con una pésima relación", dijo.

A ese desbalance se le sumaron condiciones climáticas adversas, ya que a la sequía de fines de 2013, sucedieron las inundaciones de febrero. Aumentos y clima fueron un cóctel fatal "en el momento del año en que los productores tienen que pagar toda la campaña gruesa", puntualizó Sammartino.

Actualmente, esta relación comenzó a reacomodarse porque los valores en el mercado doméstico subieron hasta una franja que va desde los 2,70 a los 3,05 pesos el litro, que volvió a reacomodar las relaciones con los granos. "Abril encontró al productor con menos problemas climáticos, más litros de leche y un mejor precio", sintetizó.

De todos modos, la mejora coyuntural no representa para todos los tamberos una holgada situación estructural ya que muchos de ellos ya venían desde 2012 con una crisis de rentabilidad y alto endeudamiento.

"Cada tambo es un mundo aparte, hay productores que están en situación terminal y otros que están creciendo y ganando dinero en una misma Argentina y un mismo contexto económico", aclaró. De hecho, algunos de los productores que estuvieron presentes en Mercoláctea 2014 vienen creciendo entre el 15 y 20 por ciento anual. Esto representa que van a duplicar su rodeo lechero en cinco años, mientras que también son noticia otros que tienen que cerrar sus tambos porque la inundación los afectó.

Las razones de esta heterogeneidad son endógenas y exógenas. "La realidad se volvió muy compleja y esto significa que hay que encontrarle respuesta a los nuevos modelos de producción que deben basarse en sistemas que atenúen los cambios climáticos, los vaivenes de precios y también sean más atractivos para la gente que trabaja en los tambos", dijo Sammartino.

La producción lechera "se volvió muy complicada", agregó el especialista ya que cuesta cara, no sólo en la Argentina sino en el resto de los países, debido a que la mitad de la actividad mundial se hace en base a granos, cuyos precios suben constantemente. "Los granos son petróleo y el petróleo es energía, por tanto, la leche se volvió energía", sintetizó Sammartino.

El tamaño no importa. Para el analista, hoy la escala "no es un problema", ya que los productores que le encontraron la vuelta al modelo productivo están desarrollándose en superficies que en la agricultura serían inviables. "Le encontraron la vuelta, crecieron y hoy su capital de trabajo son los animales, su gente y la maquinaria. Tienen equipos autopropulsados para pulverizar, hacer fardo en pocas hectáreas. Lo más valioso es el know how", dijo.

Esta es una buena noticia porque significa que la lechería puede ser una solución para el pequeño y mediano productor. "Hay un cambio de paradigma en el modelo productivo que te permite semejante salto que te da respuesta al problema de la escala, algo que no se logra con la agricultura", indicó.

Nuevas tendencias. Ese nuevo paradigma recoge tendencias que incluyen mayor producción de forraje por hectárea a través de la mecanización de la misma y la robotización. En ese esquema se inscribe otro de los cambios vinculados con otros métodos de trabajo nuevos en la actividad, donde los operarios se dediquen a la tarea más calificada como la sanidad animal. "Ya no se van a encontrar trabajadores que a las dos de la mañana vayan a ordeñar", dijo el especialista.

A esto se le suma la automatización de diferentes actividades como el brazo extractor de la pezonera, la automatización de la sala para identificar animales y los dispositivos o lectores para identificación de las vacas.

También, las nuevas tendencias se orientan a lograr la longevidad animal, que permite una mayor utilización de la vida útil del animal, así como el bienestar humano de los productores. "En un mundo globalizado el tambero sabe que puede y quiere tener un nuevo standard de vida como el que existe en la ciudad", precisó.

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