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Jueves 26 de Mayo de 2016

La increíble historia del fabuloso Cadillac que Donald Trump mandó a construir

A mediados de la década del 80', el candidato a la presidencia de los Estados Unidos se involucró en un ambicioso y oneroso proyecto. Mirá lo que pasó.

Donald Trump aspira a ser presidente de los Estados Unidos. Sabida es la forma de pensar y de ver el mundo desde la óptica del dinero que el magnate utiliza a diario. Todo lo que emprende lo hace a los grande, sin fijarse en costos, como el lujoso avión que mandó a construir con capacidad para 42 personas.
Sin embargo, el proyecto de los Cadillacs Trump será recordado por el estrepitoso fracaso que significó.
A mediados de la década de 1980, Trump mantuvo una conversación con uno de sus amigos, John Grettenberger, en la que insinuó que lo que Cadillac debería hacer era lanzar una limusina increíble.
Poco tiempo después, Trump fue contactado por Grettenberger, quien le preguntó si estaba interesado en involucrarse en el proyecto de una limusina Cadillac con características nunca antes vistas, tal cual su deseo.
Trump se entusiasmó de inmediato. Claro, los modelos de limusinas Cadillac llevarían su nombre, con la intención de que posteriormente pasaran a fabricarse en serie y a comercializarse dentro de la gama de productos del fabricante estadounidense.
Así nacieron los prototipos Cadillac Trump Golden Series y Cadillac Trump Executive Series; el primero era definido como "la limusina más opulenta jamás creada", en tanto el segundo modelo era presentado como "lo mismo pero un poco menos lujoso". Ambos vehículos estaban desarrollados sobre la base de un Cadillac Broughman.
Aunque se trataba de un proyecto oficial de Cadillac -detalla el portal Autobild-, fueron convertidos en limusinas por la compañía Dillinger Coach Works, que pertenecía a otro conocido de Trump, John Staluppi, un adinerado empresario famoso por su afición a los coches deportivos y a las embarcaciones de gran porte. La primera de ellas fue presentada ante el público Atlantic City en 1988, durante la celebración de una muestra exclusiva para automóviles de esta clase, denominada Limousine and Chauffeur Show.
Y lo cierto es que el producto final no decepcionó, pues la ostentosa limusina que Cadillac fabricó para Donald Trump tenía todos los ingredientes que uno puede esperar de este excéntrico multimillonario y también, de un coche estadounidense de finales de la década de 1980: contaba con suntuosos apliques decorativos de madera de palo de rosa, fax, televisión y VCR, un pequeño armario con botellas de diferentes licores y con copas, una trituradora de documentos y también, un par de teléfonos móviles NEC.
En el exterior la temática era la misma, pues contaba con una llamativa parrilla delantera (al más puro estilo Rolls-Royce, por cierto), un techo más elevado de lo normal, logotipos identificativos con el sello de Trump y, en el caso de la limusina Trump Golden Series, multitud de elementos decorativos rematados en oro.
Antes de que construyeran estos dos prototipos, Trump se mostró dispuesto a comprar 50 de estas limusinas si finalmente resultaban ser de su agrado, para utilizarlas en varios de sus negocios. Quizá fue por este motivo por el que Cadillac se atrevió a comenzar un proyecto así, pero llegado el momento, tal y como comenta el propio John Grettenberger en su libro "Ready, Set, Go! My Life at General Motors, Cadillac, Oldsmobile, Opel, and Isuzu", una vez presentados los prototipos y con la aprobación de Trump, jamás recibieron el pedido para fabricar esas 50 unidades.

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