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Sábado 26 de Febrero de 2011

"La inclusión educativa no es un privilegio sino un derecho"

La educadora Stella Perino analiza la educación llamada “para todos”.

“La inclusión no es un privilegio que alguien concede por caridad, sino un derecho del otro a ser respetado por su diferencia”. La opinión es de la educadora Stella Perino, supervisora de educación especial en la provincia y profesora del Instituto Superior Nº16. Habla de un desafío clave que tiene la educación sin distinción de niveles: que todos puedan aprender sin diferencias.

Si hay desafío con el que la educación en todos sus niveles debe lidiar en la actualidad ese es el de la inclusión educativa. Un debate que atraviesa al sistema educativo y, desde ya, a la sociedad en general. La especialista también destaca la participación de estudiantes y profesores en una jornada de intercambio de experiencias que se realizó el sábado pasado.

Antes de avanzar en la conversación, Perino propone distinguir entre integración e inclusión, ya que muchas veces, sin serlo, dice que son conceptos que se los conoce como sinónimos. Y se inclina por el último término porque —asegura— remite a una escuela pensada desde la diversidad, es decir una escuela para todos.

 —¿Qué significa “para todos”?

 —Es una escuela donde se pueda pensar en la diferencia, o sea lo que constituye a esa escuela no es la igualdad en la homogeneidad, sino justamente las diferencias subjetivas.

Riqueza del aprendizaje

—¿Y en esa diferencia estaría la riqueza del aprendizaje?

—Así es. Y por eso las propuestas pedagógicas deberían ser lo más diversificadas posible.

—¿Por qué no ocurre eso actualmente?

—Hay muchos años de historia. Nuestra escuela fue armada sobre el binomio, sobre lo que es igual, lo que es común; y lo que no es común, va en un circuito separado. El circuito hegemónico, mayoritario, es el de la escuela “común”, “normal”. Por eso todo este debate de la inclusión hay que verlo siempre desde las políticas de derechos humanos, no sólo desde el plano educativo. En realidad esta discusión surge (en 1978) con la Declaración de los Derechos de los Impedidos por parte de Naciones Unidas, cuando se proclama para las personas con discapacidad el derecho a vivir las mismas experiencias de vida que viven los sujetos de su edad. Es cuando se comienza a ver la inclusión como una política de derechos humanos. En nuestro país, es un debate que se empieza a profundizar en el 83.

Cuestión de derecho

—¿Se trata entonces de que a la inclusión no se la tome como una concesión?

—La inclusión no es un privilegio ni una prerrogativa. No es algo que alguien concede por bondad o por caridad, sino que es un derecho del otro a ser respetado por su diferencia étnica, religiosa, física, es amplio.

—¿Y qué pasa con la escuela?

 —El desafío es para todos los niveles y también para el conjunto social, porque siempre se piensa en términos de la relación docente alumno, pero también están los papás. Y además, esta relación está dentro de una institución que tiene su política institucional, pero a su vez hay una macropolítica que es la que tiene que ver con el sistema que es el que está ordenando y regulando.

Normas y avances

—Siguiendo el registro histórico que mencionó, se podría decir que se avanzó en materia de normas, pero que falta plasmarse en lo cotidiano.

—Porque son cuestiones que tienen que ver con las conceptualizaciones, con un desarrollo teórico, con la legislación y lo normativo, pero también con cuestiones actitudinales, propias. Por ejemplo, en la noticia de los adolescentes con síndrome de Down que terminaron la secundaria ( La Capital, 27/11/10), una de las mamás dice que lo primero es reconocerlos como niños y luego como personas con una discapacidad. Es muy fuerte lo que dice, si pensamos que en el siglo XXI estamos pidiendo eso.

—¿Con más de 35 años de experiencia en la educación especial, cuál es su sueño?

—Alcanzar una escuela “de” todos. Lo mismo que para la sociedad: más justa, igualitaria, donde todos podamos ser felices.

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