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Domingo 26 de Junio de 2016

La ilusión de Freud

El porvenir de una ilusión, un notable libro del padre del psicoanálisis, sin embargo no tan citado, es una reflexión sobre el futuro de la humanidad, fundamentalmente de la especie humana con relación a uno de sus valores más altos: la razón.

En 1927 Freud publicaba un notable libro sin embargo no tan citado. El porvenir de una ilusión lleva por título y tema. Es decir una reflexión sobre el porvenir de la humanidad, fundamentalmente sobre el futuro de la especie humana con relación a uno de sus valores más altos, a saber, la razón. Valoración compartida por parte del propio Freud. En el texto opone con mucha fuerza razón e ilusión.

Con la espada de la razón en alto el creador del psicoanálisis intenta desmontar y desmoronar el lugar tan importante que ocupa la ilusión entre los humanos tomando como ejemplo a la religión. No se trata de una religión en particular sino de la religión en general. Más bien se trata del lugar de lo religioso en la psiquis de los humanos.

El porvenir de una ilusión abre el último trayecto de la obra de Freud apuntando su inteligencia a la cuestión social del ser humano y al propio humano como un ser social pero con la conciencia adormecida. Con lo que el texto freudiano bien se puede relacionar con la célebre afirmación de Marx en 1844 sentenciando que "la religión es el opio de los pueblos". Ahora bien, los dos primeros capítulos del texto freudiano no hablan de religión, ni de las representaciones religiosas en las psiquis de los humanos. En dichos capítulos se despliega una radiografía de las sociedades y del alma humana en la que se puede constatar una conflictividad social ineliminable a partir del progreso constante en la dominación de la naturaleza por parte del hombre con la obtención de más y más bienes para el placer, eso sí de una minoría.

El resultado es la exclusión relativa de las mayorías respecto de los mejores placeres conformando dicha mayoría una masa habitualmente calificada de poco inteligente, inestable, en definitiva propensa a ser manipulada por líderes inescrupulosos. De esta forma la marcha de la sociedad hacia el futuro aparece alejándose más y más del estado animal primario, un desprendimiento fundamental, a la vez fundamento de la institución de las sociedades.

Sin embargo, dirá Freud, dicha animalidad primaria nacerá de nuevo cada día con cada nacimiento. Ese pequeño monstruo tan celebrado como edulcorado por esa implacable fábrica de humanos llamada familia deberá convertirse en un adulto útil a la sociedad. Aún así, siempre acechado por unos deseos pulsionales-pasionales conformando un ser nunca del todo adaptado por definición y por circunstancias. Estresado entre las presiones sociales y las presiones internas.

En este contexto, con invariantes esenciales en casi todas las épocas, Freud se preguntará ¿qué lugar ocupan las "representaciones religiosas" en nuestra cabeza? A responder esta pregunta destinará Freud todo su esfuerzo. En el núcleo del texto hay una afirmación fundamental: el creador del psicoanálisis dirá, "así como para el conjunto de la humanidad también para el individuo la vida es difícil de soportar". La sentencia conduce en forma directa a uno de los sentidos del artículo, es decir, la cuestión religiosa al servicio de soportar la vida. Algo que los humanos saben más o menos desde siempre. La cuestión es que dicho objetivo se logra a partir de la función esencial de la religión: darle sentido a la vida humana, carente en sí misma de un sentido exclusivamente biológico. Ese es el caso de los otros vivientes del planeta con la vida regulada biológicamente desde el primer día hasta el último.

En cambio la existencia humana es fundamentalmente social, a partir de una base biológica. Obviamente uno de los sentidos sociales más importantes es la religión tratando de regular las ilimitadas apetencias de los humanos con mandamientos fundamentales. Premiando el acatamiento como un logro a la vez que mitigando los dolores producto de la esencial incertidumbre de la vida o de los inevitables desbordes. El problema para Freud es que lo hace a través de una gran ilusión: la triple existencia de los humanos. Una vida temporal en la Tierra, más otras dos eternas, o bien en el cielo, o bien en el infierno más la nostalgia, según Freud, por los ideales de la infancia que la religión convierte en un ideal social: Dios como el padre de la especie. Frente a estas ilusiones Freud apuesta todas sus fichas a la ciencia, es decir a la luz de la razón iluminando los diversos caminos de la existencia en la Tierra. Caminos abiertos en el único turno de nacimiento a partir de la extraña combinación de causalidad y casualidad que nos deposita en el planeta.

Quizás la luz de la razón sea la secuela de la supuesta luz divina y tal vez ahí resida la ilusión de Freud. La razón humana con ser uno de nuestros instrumentos y recursos fundamentales no nos convierte en seres racionales. Lo de ser racional es la posibilidad única del resto de los vivientes del planeta, siempre atrapados en las razones y en los límites de su especie, salvo las excepciones al respecto a consecuencia de las intromisiones humanas. La razón puede usar su luz inigualable para lo mejor o para lo peor, para el bien o para el mal, para cuestionar y cuestionarnos o para justificar o justificarnos. Pero el "cerebro argentino" que cree haber descubierto Facundo Manes (en rigor el cerebro) no puede explicar los vaivenes de la razón. Una luz ciertamente con la capacidad de iluminar, pero con el extraordinario milagro negativo de ser una luz con la capacidad de oscurecer. Ese enigma milenario no está oculto en el cerebro. En todo caso lo está en la psiquis humana con su trama mezclando imaginación y razón. La misma mezcla para las sociedades, ambas instancias productoras del sentido de la vida, o mejor de los sentidos de la vida.

Hipócrates ilustre habitante del siglo de oro de Pericles hace 2.500 años ya advirtió la bipolaridad producto de esa trama constitutiva de los humanos que algunos astutos pretenden haber descubierto en estos tiempos. Por cierto, a pesar de todo la razón y la imaginación evolucionan en la humanidad en muchos sentidos. Pero no en todos. Notablemente para ellas lo más difícil es hacer evolucionar esa conciencia siempre tan adormecida con respecto a lo que ocurre, a lo que le ocurre y a lo que hacen los humanos.

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