Pobreza
Viernes 13 de Mayo de 2016

La Iglesia condenó la corrupción y abogó por el reencuentro de los argentinos

"Duele que haya pobres, y cuando pensamos en ellos pensamos en el concepto que se le opone: la corrupción", dijo monseñor Arancedo.

La Iglesia advirtió ayer que el desencuentro es la "gran deuda" de los argentinos y condenó la corrupción que en estos últimos años impidió asistir a los sectores más pobres, al presentar el documento "El Bicentenario. Tiempo para el encuentro fraterno de los argentinos".

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo, el vicepresidente primero, cardenal Mario Poli, y el secretario general, monseñor Carlos Malfa, detallaron en rueda de prensa los temas "neurálgicos" para la convivencia que se marcaron en el documento, entre ellos, pobreza, corrupción, educación, diálogo federalismo, entre otros.

"La pobreza no duele, lo que duele son los pobres, y cuando pensamos en ellos pensamos en otro concepto que es la corrupción, que se le opone. Y nos hemos extendido bastante en este tema (en el documento), porque cuando alguien se queda con un vuelto, eso significa pobreza, pobres que sufren", advirtió el cardenal Poli.

En la rueda de prensa en la sede del Episcopado, el arzobispo de Buenos Aires recordó que ya en el documento de Puebla la Iglesia latinoamericana decía que "si muchos tienen poco es porque pocos tienen mucho" y, tras hablar de la pobreza como concepto, reconoció que "se ha exagerado demasiado en los reduccionismos: los gráficos, las estadísticas de la pobreza".

"Una gran deuda es el encuentro, pensar juntos, no levantarnos de la mesa de diálogo rápidamente aunque nos separen ideas e ideologías. Me parece que el magisterio del Papa nos alienta mucho a sentarnos en una mesa y llegar hasta el final. Y pensar con gestos de grandeza", subrayó el cardenal Poli, y lamentó que en estos años haya habido "pocas y casi ninguna mesa del diálogo ampliada".

Reconciliación. "Muchas deudas tenemos los argentinos, y tienen que ser el disparador en orden a fomentar actitudes que permitan alcanzar esa mayor equidad, esa solidaridad y también, por qué no decirlo, la reconciliación, que nos habla de una actitud que no es borrón y cuenta nueva", acotó monseñor Arancedo.

"La Justicia tiene que actuar, pero la reconciliación es una actitud superadora. Los argentinos nos debemos tiempos, diálogos, encuentros, más allá de la diversidad; la diversidad cuando es auténtica enriquece la unidad", agregó el presidente del Episcopado.

Monseñor Malfa consideró, por su parte, que "no debemos cansarnos de crear puentes e instalar en la sociedad la cultura del encuentro, que es casi una obsesión del Papa Francisco, y justamente en el documento el primer mal del que hablamos es el desencuentro, que nos impide conocernos, tratarnos, valorizarnos, construir una patria de hermanos".

"Esta insistencia por la cultura del encuentro exige que se instale el diálogo social y que aprendamos de verdad a escuchar y respetarnos, y poner a los pobres en el centro y que nada quede afuera de la casa común", añadió.

Arancedo llamó también a pensar en "proyectos grandes y no quedar encerrados en pequeños proyectitos,que terminan siendo presiones políticas".

"Hacen falta grandes proyectos que permitan integrar políticas abarcativas, que todos nos sintamos incluidos dentro de la diversidad. La unidad no supone que haya diversidad: se alimenta de la diversidad. Pero tiene que haber un componente de grandeza", sostuvo.

Malfa destacó que el "gran desafío" es la educación, a la que consideró "el gran camino para una verdadera, profunda y estable transformación social. Una educación que pueda forjar, recuperar la cultura del trabajo y del esfuerzo, una educación para las virtudes cívicas".

Los religiosos indicaron que, tras llevarle anteayer el documento al presidente Mauricio Macri, harán lo propio con los representantes de los poderes Legislativo y Judicial.

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