Opinión
Miércoles 21 de Septiembre de 2016

La idoneidad como excusa para desplazar a las mujeres

Hoy en la legislatura provincial se realizará una jornada denominada "Del Cupo a la Paridad, hacia una representación igualitaria".

Hoy en la legislatura provincial se realizará una jornada denominada "Del Cupo a la Paridad, hacia una representación igualitaria". Desde el Frente Renovador logramos instalar la discusión en todo el país y bregamos por una ley que garantice que por cada cargo ocupado por un varón, haya para una mujer.

A lo largo de la historia la idoneidad fue la excusa para desplazar a las mujeres. Las razones por las que nos negaban la posibilidad de estudiar, trabajar o votar fueron siempre las mismas. Las mujeres no queríamos, no podíamos o no sabíamos, en nombre de una exaltada y a la vez desvalorizada naturaleza femenina, que se supone autoevidente y que dice lo que las mujeres somos y queremos como una verdad inmutable y un destino irremediable.

Entonces una propaganda muestra un niño asombrado de que su padre use el lavarropas, como si se necesitara un doctorado, y otra empieza diciendo que nos reinventamos… para ponernos cremas faciales. Casi una burla. Pero tan incorporado está el concepto que no registramos el mensaje: los varones son incapaces de aprobar licuadora I y las mujeres estudiamos y trabajamos solo para ser más deseables para los hombres. Esta reiteración de los estereotipos termina definiendo las supuestas idoneidades de mujeres y varones.

Lo curioso es que a medida que fuimos logrando ocupar espacios vedados conseguimos desplazar el concepto apenas un escalón mas alto. La cantinela de "no me importa si es mujer o varón, importa la idoneidad", siempre incluye el supuesto de que las mujeres no son idóneas, o que no hay, o que no quieren.

De hecho, según los últimos censos en las universidades de todo el país, del total de los graduados de cada año el 60 por ciento son mujeres, que además estadísticamente finalizan sus estudios en menos tiempo y con mejores promedios. Y si tomamos por ejemplo la carrera de abogacía, no solamente la mayoría son mujeres sino que esa misma proporción se refleja luego en los estamentos más bajos del escalafón judicial, para ir disminuyendo hacia el vértice de la pirámide, donde nos encontramos con la doctora Highton entre cinco miembros de esta flamante Corte que acaban de integrar.

Cuando hablan de idoneidad, ¿cuánto saben realmente de ella diputados y senadores? ¿Ganaron las bancas por concurso de antecedentes, o por lo que representan o deberían representar?

Cuando hablan de idoneidad para la Corte, ¿saben que hay mujeres en las Cortes provinciales y los juzgados que ganarían por varios cuerpos el curriculum de los jueces y ministros actuales?

Preguntemos si los dirigentes varones son idóneos para resolver cuestiones básicas del cuidado de sus familias, salvo el rol de proveedor, y a veces ni siquiera eso, y ahí vamos a encontrar la respuesta de por qué los problemas de las mujeres, de niños, enfermos y ancianos nunca son prioritarios para ninguno de los tres poderes del Estado

Si partiéramos de la base de que hay tantas mujeres idóneas como los hombres en lo general, y que nosotras incorporaríamos algunas cosas valiosas, como las políticas públicas de cuidado, nos pondríamos rápidamente de acuerdo en las ventajas de conducciones paritarias en las instituciones y el poder.

Se está debatiendo en Diputados la reforma electoral, y en el Senado la ampliación de la Corte Suprema de la Nación. Es ahora la oportunidad de asegurar la representación igualitaria y terminar de una vez por todas con los prejuicios, los mitos y los condicionamientos que exigen a las mujeres idoneidades que no se discuten en varones. Porque al igual que ellos, queremos, podemos y sabemos.

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