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Sábado 04 de Mayo de 2013

La huerta escolar, una experiencia donde los chicos aprenden a convivir

Chicos y docentes de la Escuela Nº 1.263 relatan cómo trabajan la tierra. Forman parte del Programa municipal Red de Escuelas Verdes

El salón de clases es más bien un taller y laboratorio escolar: en un rincón hay palas y rastrillos; en otro, tablones donde se secan semillas. Conviven con carteles que enseñan de todo un poco sobre el trabajo en la huerta, un espantapájaros y hasta incipientes almácigos de pimientos hechos en hueveras de cartón. Este es apenas un pequeño panorama que anticipa un trabajo educativo desarrollado a partir de la huerta escolar. Lo protagonizan los chicos y chicas de los 6º y 7º grados de la Escuela Nº 1.263 Joaquín V. González (Derqui al 7500). La experiencia es parte de la Red de Escuelas Verdes que impulsa la Municipalidad de Rosario, que alcanza a más de 50 escuelas de la ciudad. Una experiencia para aprender sobre cómo cuidar y convivir mejor con el medio ambiente.

En pocas palabras, esta tarea consiste en mantener una huerta en el patio de la escuela, en pequeñas macetas que se fabrican con materiales reciclados, como botellas plásticas; sacarle provecho a lo producido (todo tipo de verduras y hortalizas, y plantines), pero sobre todo ganar en aprendizajes colectivos.

Se trata de un proyecto que —con diferentes variantes e intervenciones— se desarrolla a lo largo de todo el año. De lograrse esa continuidad y constancias necesarias, aseguran que los logros son muy significativos.

Lengua y huerta."No es tan raro que me dedique a esto, porque a veces lo que conseguís fuera del salón es lo que motiva a los chicos para que luego trabajen mejor en clase". El comentario lo hace Nora Gregorio, la maestra de lengua de estos grupos de la Joaquín V. González y quien lleva las riendas de la huerta, junto a Patricia Damián.

No tiene dudas: "Toda esa energía que despliegan en la huerta, todas esa ganas que ponen en el trabajo, lo trasladan después al salón". Según relata, los resultados son muy buenos desde todo punto de vista, tanto que "hasta en el cumplimiento de sus tareas responden mejor".

Nora y Patricia describen la historia de este trabajo con la huerta, que en el caso de esta escuela comenzó por el 2000. Confiesan que no siempre ha sido fácil sostenerla, por lo que implica que todos "cuiden las plantas, la huerta".

Con distintas idas y vueltas a lo largo de todos estos años, el ciclo lectivo anterior retomaron la iniciativa. "Vimos que había un grupo de chicos que necesitaba mucho estímulo para trabajar. Fue mágico para ellos", reviven.

Trabajo grupal.La huerta es trabajo de todos, pero también "cuando se puede". Lo central es que se organizan "en grupos para ir a trabajar". Es un patio de tierra al final del edificio escolar, ideal para este emprendimiento.

¿Qué es lo que más motiva a los chicos en el trabajo con la huerta? "Salir del salón", dice la maestra Nora con una gran sonrisa cómplice.

Y de eso han construido sus propias estrategias de enseñanzas: "Por eso —porque no les gusta estar siempre encerrados en un aula— proyectamos con ellos clases fuera del salón, clases de matemática, de lengua o de ciencias con los bancos afuera. Eso les encanta", dicen Patricia y Nora.

Así como Nora convierte el trabajo en la huerta en mejores redacciones, en una oportunidad para superar los textos escritos, Patricia hace lo mismo desde las ciencias y la matemática. "Aprendimos —abunda— a medir, calcular un área, trabajar con materiales concretos, indagar en pequeños ecosistemas".

La experiencia.¿Cómo trabajan en la huerta? La pregunta llega a un numeroso grupo de chicos de todos los grados sumados a este proyecto. Las voces se multiplican para responder. Axel arranca mostrando el espantapájaros que conservan en el aula, un regalo de los chicos de 3er. grado.

Y enseguida se suman a su relato otros que enumeran que siembran "desde pimiento, acelga, calabazas hasta zapallo y lechuga". Para que no queden dudas, exhiben unos once zapallos de cosecha propia.

Se ponen de acuerdo para decir que "remover la tierra y desmalezar" es lo que más trabajo les da. Pero ninguno se queja. Cuentan que producen "líquidos naturales para proteger a las plantas, todo natural para la huerta orgánica".

También un club.Cristian da detalles del "Eco club" que formaron, y que entre otras tareas "se encargan de separar la basura" y promover este hábito. Darío recuerda que también plantaron árboles en el frente de la escuela.

Además, Axel, Cristian y Darío manifiestan que entre "los más fans de la huerta están también Ema y Alejo". En realidad, se advierte un entusiasmo contagioso que los invita a hablar en forma desinhibida.

Mauro detalla cómo se fabrica un compost y para qué sirve. En la charla se enlazan anécdotas, comentarios, información y muchas explicaciones que se trasladan al propio terreno de trabajo. Allí el entusiasmo crece.

En esta propuesta también trabajan las docentes Obdulia Herrera y Susana Pasquinelli. En general, las maestras rescatan ser partes de la Red de Escuelas Verdes municipal, porque les ha permitido "participar en distintas actividades con los chicos, en talleres y charlas con otros docentes, recibir la donación de semillas, palas, herramientas", entre otros beneficios.

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