Edición Impresa
Sábado 26 de Octubre de 2013

La historia de Malala y su defensa del derecho a la educación de las niñas

Por Victor Brindisi / La adolescente paquistaní de 16 años que sobrevivió al atentado de los talibanes y su legado de paz

Una joven adolescente paquistaní, de 16 años, Malala Yousafzai, fue galardonada el pasado 10 de octubre, con el Premio Sajarov a la libertad de conciencia, por parte del Parlamento Europeo. El premio fue otorgado a Malala por defender, en forma inquebrantable, el derecho a la educación de las niñas, tras haber sobrevivido a un atentado de los talibanes.

Tras recibir un balazo en la cabeza hace un año, la jovencita ha continuado bregando por la educación de todos los niños y niñas, estas últimas fuertemente discriminadas en el país, y otras regiones del mundo.

Al entregarse el premio, se recordó que unas 250 millones de niñas en el mundo no pueden ir libremente a la escuela.

El ejemplo de Malala debe recordarnos a todos, autoridades, educadores, padres, a la sociedad toda, el deber y la responsabilidad que tenemos sobre el estricto cumplimiento del derecho a la educación de los niños y las niñas de todo el mundo.

Ideas para escuchar. Al hablar, hace pocos días en la ONU, se dirigió a un grupo de 500 líderes jóvenes de todo el mundo, para expresar algunas ideas que señalan una madurez excepcional:

"Que las mujeres sean independientes y peleen por ellas. Es tiempo de pelear...".

"Llamamos a todos los gobiernos a asegurar la educación libre y obligatoria en todo el mundo para cada niño...".

"...Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar el mundo. La educación es la única solución...".

Al proponer que todos los niños y niñas del planeta vayan a la escuela, no propone nada descabellado.

Alcanzaría colocar sólo parte de los recursos que se gastan en la inmoral carrera armamentista al servicio de la propuesta.

Pobreza extrema. Cerca de 850 millones de mujeres, hombres y niños viven en la extrema pobreza, sin atender salud, educación, vivienda, mientras se siguen construyendo misiles, bombas, plantas nucleares, y armas.

Pensar que en nuestra América latina, decenas de millones de niñas, niños y adolescentes no concurren a la educación primaria y básica, están subalimentados, no reciben atención de su salud, debe indignarnos.

Pensar que en Siria, en dos años de conflicto interno, provocado por intereses imperialistas, murieron 150 mil seres humanos, y que se alegaba resolverlo con más guerra, cuesta creerlo.

Podríamos agregar hoy la lamentable muerte de miles de africanos, que tratando de huir de la miseria, el hambre, la violencia son víctimas de naufragios.

No podemos quedar indiferentes ante la guerra, ante la muerte.

La irrupción en el escenario público mundial de esta jovencita debe hacernos reflexionar, si no "ha llegado el momento de una gran movilización planetaria", como lo expresa el doctor Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la Unesco". Agrega: "Es ahora posible llevar a la práctica, porque en estos albores de siglo y de milenio tres condiciones inéditas: la conciencia global que nos permite conocer cómo vive y muere el conjunto de la humanidad, que nos permite comparar y por tanto apreciar lo que tenemos y fecundar nuestra actitud solidaria; el mayor número de mujeres en la toma de decisiones que es una condición absolutamente imprescindible para las grandes transformaciones que se anuncian y la posibilidad de participación no presencial gracias a la moderna tecnología de la comunicación".

Ejemplo imponente. El ejemplo de Malala es imponente. Debiera llevarnos a reflexionar sobre la importancia que tiene posibilitar a los jóvenes enfrentar experiencias y participar en los temas fundamentales, en especial en aquellos que les conciernen directamente, como su educación, sus actividades artísticas, culturales, deportivas.

Generar instancias de discusión, análisis, como las Asambleas Nacionales de Estudiantes de Enseñanza Secundaria, como la posibilidad de considerar en programas y jornadas especiales los problemas de la sociedad humana como los vinculados a Unesco, poder analizar en instancias políticas, culturales los grandes temas de la vida del país, de la región.

No podemos criminalizar su conducta, cuando se comenten faltas o delitos. Debemos, entre todos, con los educadores y los padres en primer lugar, las instituciones sociales, culturales, deportivas, generar los ámbitos de convivencia que posibiliten la formación de valores de solidaridad, tolerancia, respeto, destinados a promover el cumplimiento de todos los derechos humanos para todos los integrantes de la sociedad.

(*) Fue presidente de la Federación Uruguaya del Magisterio y es representante del Movimiento de Educadores por la Paz de Montevideo.

Comentarios