Educación
Sábado 10 de Mayo de 2014

La historia de la joven que llegó de Chile y dirige un centro de estudiantes en la UNR

Krystell Portugal tiene 26 años y cursa en la Escuela de Música. Fue elegida por sus compañeros de estudio para presidir el centro de estudiantes de Humanidades.

El primer día que Krystell Portugal puso un pie en la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) dos cosas la impactaron tanto que, aún hoy, cuando vuelve a recordar aquel episodio, se le ilumina el rostro y le brota una sonrisa: la primera fue encontrarse con elecciones estudiantiles, lo que implica jóvenes de distintas agrupaciones pegando afiches y repartiendo volantes. Un juego democrático y plural que confiesa no era común ver en Chile, el país de donde venía. El segundo flechazo le llegó cuando empezó a recorrer los pasillos de la institución ubicada en el ingreso a La Siberia: "Caminar por ahí y escuchar que en un salón alguien ensayaba canto mientras en otro sonaba una batería o un violín fue entrar en un mundo alucinante, un ambiente muy lindo y de mucha libertad". Música y participación. Dos notas que hoy suenan con fuerza en el corazón de la joven que llegó del país trasandino para estudiar canto en la UNR y que desde marzo pasado es copresidenta del centro de estudiantes de la Facultad de Humanidades.

Krystell nació hace 26 años en Lima, Perú. De padre chileno y madre peruana, a los dos años la familia se mudó para Chile, donde creció entre instrumentos musicales que sus padres les regalaban a sus hermanos mayores. "De chiquita fui autodidacta y veía los pianitos y las guitarras en casa. Sentía que me llamaban, así que los agarraba y empezaba a tocarlos", cuenta entre risas la estudiante de la UNR. Cursa el tercer año de la licenciatura en canto lírico, el quinto en total de una carrera que comienza con dos años de nivelación. Hoy reparte su tiempo entre el estudio, el trabajo y la militancia.

En marzo pasado fue elegida como copresidenta del centro de estudiantes de Humanidades, acompañando en esta tarea a Candela Avendaño. Lo hizo desde la agrupación Plural Tres, integrada por estudiantes independientes y la Franja Morada. Pero por si esto fuera poco, además participa del coro de la ópera del teatro El Círculo, donde su experiencia más reciente fue formar parte de la obra Madama Butterfly, de Puccini.

Sentada en el comedor universitario de La Siberia, donde también trabaja de moza, Krystell es un torrente de anécdotas e historias. De las personales y de las que permiten también trazar un panorama de las luchas estudiantiles por la educación pública chilena. Aquellas de las masivas movilizaciones de secundarios y universitarios tanto durante el primer gobierno de la Concertación de Michelle Bachelet como de la derecha de Sebastián Piñera.

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Universidad pública. Dice que "la vocación te elige". Y a juzgar por su historia pareciera que está en lo cierto. Es que pese a su afición por los instrumentos, de chica soñaba con ser veterinaria. Hasta que ya de adolescente le tocó participar de un encuentro de canto y entonces sintió que la música era lo suyo. Cursó dos años en un programa de extensión del conservatorio de la Pontificia Universidad Católica de Chile, hasta que a los 21 años recién cumplidos decidió dejar Santiago y venir a la Argentina. Los restrictivos cupos de ingreso y los altísimos costos para financiar una carrera universitaria en Chile (tanto pública como privada), la trajeron directamente a Rosario.

"En Chile cursar una carrera como la que hago acá sale, en moneda argentina, alrededor de 3 mil pesos mensuales los primeros años y después cambia el valor y sale más", explica Kristell. Para costear sus estudios muchos jóvenes de la vecina nación deben recurrir a créditos fiscales (en el caso de los universitarios de menores recursos) o en su defecto a créditos bancarios, que a la larga se transforman en una pesadísima herencia a pagar con altos intereses. Como aquella famosa foto de las protestas estudiantiles de Santiago en 2011, cuando una chica escribió en una bandera chilena una frase que sintetizaba una de las eternas demandas por el fin del lucro en la educación: "5 años estudiando, 15 pagando".

"Mis papás no me podían pagar los estudios. De hecho ninguno de mis hermanos logró ir a la universidad. Así que empecé a trabajar para poder pagarme la carrera, pero no me alcanzaban los tiempos para todo", recuerda Krystell.

"En Chile cursar una carrera universitaria sale, en moneda argentina, unos 3 mil pesos mensuales los primeros años"

¿Y por qué elegiste la UNR? Sin titubear responde: "Primero por el prestigio que tiene, está dentro de las mejores. Además otorga un título nacional y por la cantidad de carreras que se dictan no hay en otra universidad de la Argentina".

"Además —completa— la gratuidad a muchos compañeros les permite estudiar más de una carrera a la vez, sales con tres títulos (un intermedio, la licenciatura y el profesorado) y tienes una malla curricular bastante rica para estudiar música, por eso la elegí".

Según el último boletín estadístico de la UNR, en la universidad local cursan 1.458 alumnos extranjeros, en su mayoría concentrados en las carreras del área de la salud, como Medicina. En Humanidades y Artes son 161, sobre todo de América del Sur. En toda la UNR hay 55 alumnos chilenos y 500 peruanos.

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Movilizaciones. Cuando en 2006 las principales ciudades de Chile se vieron sacudidas por masivas movilizaciones de estudiantes secundarios, conocida como la Revolución de los Pingüinos (por el uniforme) Krystell ya había terminado la escuela media. Sin embargo, aquella experiencia dice que fue "muy esperanzadora para todos, porque de ahí empezó una lucha por el cambio de la ley de educación, con el apoyo de la Federación Universitaria, y con la expectativa que se pudiese conseguir por lo menos una arancel más accesible, becas o créditos fiscales. Pero no pasó nada".

Tal vez por eso tiene pocas expectativas que el nuevo mandato de Bachelet logre plasmar las promesas electorales dichas en campaña por una educación más democrática e inclusiva. Al respecto, recuerda que "en su primer período también hablaba de la educación pública y terminó aprobando un proyecto de ley más segregador".

Rescata una y otra vez la experiencia de la universidad pública argentina, donde cogobierno y gratuidad forman parte de sus pilares. Subraya que en Chile no hay participación democrática de los estudiantes. "Sí hay agrupaciones, sobre todo comunistas, pero no tienen injerencia en la gestión. Cuando llegué acá me llamó la atención la discusión política con pluralidad y democracia, o que se pueda golpear la puerta del decano y sea accesible y te atienda", dice.

Por eso confiesa que sintió la necesidad de retribuir desde la militancia lo recibido. Tiene "un agradecimiento muy profundo por toda la gente de este país" y la necesidad a la vez de "contarles a los nuevos alumnos que lo que ellos tienen es por la lucha de muchos estudiantes, que permitieron que hoy la universidad sea pública, laica, cogobernada y gratuita". Enseñar al fin y al cabo "el valor de la educación pública" y defender "un proyecto de universidad, porque mientras más gente pueda estudiar en una facultad más se puede desarrollar un país".

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Las huellas de Pinochet en las aulas chilenas

Además de sus clases de canto lírico, Krystell aprende piano y violín. Toda una mujer orquesta que llegó a la Argentina en 2009, cuando ya en el país se habían derogado las leyes de obediencia debida y punto final que, además de motorizar los juicios a los genocidas, reabrieron la discusión sobre lo que pasó en los años del terrorismo de Estado.

Un escenario que a la joven chilena la lleva a reflexionar sobre por qué hasta ahora la dictadura militar encabezada por Augusto Pinochet (1973-1990) aún es un debate vedado incluso en la escuela. "Antes del golpe a (Salvador) Allende la educación era pública. Pero después se privatizó todo, dejó de ser un derecho y pasó a ser un negocio", afirma.

Pasado silenciado. Dice que pese a los años de democracia ininterrumpida "en la escuela no se habla de Pinochet como un golpe de Estado o dictadura, sino como gobierno militar". Agrega que "en pleno siglo XXI la currícula de las escuelas no habla de lo que sucedió", y que siente "que es muy importante que los estudiantes sepan que hay un pasado para construir un futuro, reconocer cada parte de la historia del país como la tienen acá. Porque acá (en la Argentina) hay mucha política, cosa que me llama la atención y me agrada".

Lamenta también que el dictador chileno se haya muerto en 2006 "sin ser juzgado en Chile". Y considera necesario que el reclamo por memoria y justicia logre madurar en la sociedad chilena, "para que por lo menos en las escuelas los chicos sepan que fue un golpe de Estado y los docentes no tengan miedo de decir que fue un dictador, porque que lo sigan maquillando como un gobierno militar es lo más nefasto que pueden hacer".

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