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Sábado 30 de Mayo de 2015

La historia del sable corvo de San Martín

El historiador Felipe Pigna dijo que es tan  apasionante que puede compararse con un “thriller”.

Un día antes a la celebración del 25 de Mayo muchos ciudadanos comenzaban a descubrir la historia del sable corvo del general José de San Martín, el mismo que lo acompañó en las batallas por la independencia. Fue cuando se difundió públicamente el traslado del arma del prócer desde el Regimiento de Granaderos a Caballos hasta la sede del Museo Histórico Nacional, en Ciudad de Buenos Aires. El historiador Felipe Pigna definió la historia de este sable como la de “un thriller”; el presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, Eduardo García Caffi, aseguró que “es un símbolo de libertad de toda América Latina” y el orfebre que lo calcó, Juan Carlos Pallarols, contó los secretos de la tarea que le encomendaron. Una buena historia para compartir en el aula.
  El historiador, divulgador y escritor Felipe Pigna aseguró que el sable corvo tiene una historia apasionante: “Esta arma es la que lo va a acompañar a San Martín durante toda su vida, y tiene una historia altamente interesante y apasionante: es un thriller todo lo que va a pasando con el arma”. El sable fue restituido al Museo Histórico Nacional por decisión de la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner. Hacía 48 años que estaba en el Regimiento de los Granaderos.
  El libertador había comprado el sable en Londres en 1811 y luego lo acompañó en todas las batallas independentistas en las que participó. Fue legado a su muerte al por entonces gobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas “como prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”. A fines del siglo XIX, Manuela Rosas, quien residía en el extranjero, lo donó a la Nación Argentina, manifestando el deseo de que fuera depositado en el Museo Histórico Nacional con su vaina y caja, tal cual fue recibido el legado del General San Martín.

La repatriación.  El arma fue repatriada y en 1897, el entonces Presidente José Evaristo Uriburu dispuso que fuera depositado en el actual Museo Histórico Nacional. Aquel traslado, según advierte Pigna, fue muy diferente al que se vivió el fin de semana último. “Es muy lindo que haya tanta gente en la calle acompañando en este momento (de la restitución): la otra vez fue recibido en soledad porque Uriburu era un presidente anodino que no dejó nada para el país, salvo negociados, y era integrante de aquel núcleo liberal que no quería mucho a San Martín” por sus concepciones, como político, sobre lo público, dijo el historiador.
  Durante 66 años el sable corvo permaneció expuesto en el Museo Histórico Nacional, lugar del que fue robado en dos oportunidades por la resistencia peronista, en los años 1963 y 1965. En 1967, el dictador Juan Carlos Onganía decretó que fuera transferido al Regimiento de Granaderos a Caballos General San Martín la guarda y custodia del sable corvo, donde permaneció hasta el 24 pasado.
  Tal como describió Pigna, el sable que acompañó al libertador en todas las batallas libradas por la independencia de Argentina, Chile y Perú “era un arma que había que usarla con mucho coraje y que habla que los jefes iban a la vanguardia”. “Era un sable de combate, muy eficiente, que se usaba entre balazo y balazo: en esas ocasiones había que usar armas cortas y esto era fundamental para salvar tu vida y para atacar. Era un sable de golpe que se usaba el contrafilo para golpear y luego sí lastimar, como podía ser el degüello”. Y manifestó que San Martín fue “un gran gobernante y un estratega como no tuvo América”, porque el cruce de los Andes “es una hazaña que no tuvo parangón en la historia porque no hay con qué compararla”.
  Por su parte, el presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano, Eduardo García Caffi, coincidió en que el sable corvo de José de San Martín “es un símbolo de libertad de toda América latina”, porque acompañó al prócer “en todas las guerras de independencia”, que no tuvieron por objeto la ocupación sino la liberación de los pueblos, que “se logra con la Ilustración y los libros” por los que estaba tan preocupado. “Esa libertad por la que luchó tuvo unas características particulares: los ejércitos de San Martín fueron de liberación y no de ocupación, fue un hombre que se preocupó por el destino de los pueblos y que decía que la ignorancia es la columna vertebral que sostiene al despotismo”, añadió.

“Gran espíritu”. Para fundamentar esta postura, García Caffi recordó que San Martín “llevaba unas pocas alforjas de objetos personales” en sus campañas “pero sin embargo iba con 11 baúles, con más de 800 libros, y fundaba bibliotecas en cada uno de los lugares que libertaba”. “Por eso decimos que era un libertador de los pueblos, quería que los pueblos puedan autodeterminar su futuro”.
  García Caffi atribuyó a este hecho el “gran espíritu sanmartiniano de nuestro pueblo”, que reconoce en San Martín un “hombre que nos legó la libertad y la de América, preocupándose por no entrar en luchas intestinas”. Desde el domingo pasado, el sable corvo vuelve a ser exhibido en una sala especial del Museo Histórico Nacional y con custodia del Regimiento de Granaderos.

Como un símbolo patrio

El orfebre Juan Carlos Pallarols fue quien tuvo a su cargo la realización del calco del sable corvo del general San Martín. Es el que reemplaza desde hoy al original en el museo del Regimiento de Granaderos a Caballo. Contó que trabajó “arduamente” durante dos meses y que “es el trabajo más importante, sacando lo religioso” que realizó hasta ahora, porque “es un símbolo patrio como la bandera, el escudo, la escarapela”.
  Según detalló, cuando le encargaron semejante tarea, el acuerdo fue que “no debía ser una copia o una réplica, sino un calco que es mucho más minucioso, más lento, porque no hay que hacerlo ni mejor ni peor, sino exactamente igual como es, milímetro por milímetro, incluyendo cada golpe, cada tajo”.
  Durante los dos meses en los que trabajó “24 horas por día”, los granaderos custodiaron el sable original cada vez que necesitó tenerlo en su taller, ocasiones “en las que por momentos se aflojaban las manos, las piernas y afloraba alguna lágrima, bien justificada”. “A un capitán que le tocó estar de guardia algunas noches, y en el silencio penumbroso del taller, un día vi como le rodaban también unas lágrimas: es que estábamos inmortalizándolos, porque la gesta de San Martín y todo lo que rodea, es inmortal y nos somos partícipes de eso”, confesó emocionado.
  Sobre las características del arma, Pallarols explicó que “para la época, era como la Ferrari de los sables: Napoléon tenía uno igual que usó en su campaña de Egipto”. La hoja del arma es de origen persa y, a diferencia de los sables rectos, “en una batalla cuerpo a cuerpo lo hacía mucho más efectivo, porque donde toca corta”. Para el experto no quedan dudas que el sable corvo que San Martín a su muerte donara a Juan Manuel de Rosas, “es un símbolo patrio”. “El sable que debutó en la batalla de San Lorenzo, el que levantó cuando le dio la idependencia a Perú es un símbolo patrio como la bandera, el escudo y la escarapela”.
 

Fuente: Télam.

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