Escenario
Viernes 22 de Julio de 2016

La historia del chico blanco perdido en el paraíso salvaje

Aunque sepamos que el Tarzán de Johnny Weissmüller es el más recordado de todos, nuestra generación recuerda más al carilindo Ron Ely y su Tarzán de la TV en blanco y negro de la segunda mitad de los 60.

Aunque sepamos que el Tarzán de Johnny Weissmüller es el más recordado de todos, nuestra generación recuerda más al carilindo Ron Ely y su Tarzán de la TV en blanco y negro de la segunda mitad de los 60. Nuestros mayores hablaban maravilla de Weissmüller, el súper atlético húngaro engominado y cara angulosa, y casí se reían cuando pasaban frente a la pantalla chica y veían los rasgos delicados de Ely, su piel traslúcida y lustrosa, su pelo recortado por el mismo peluquero de Don Johnson. Hoy por hoy, si Ely entrara a un gimnasio le aconsejarían duplicar la carga de sus mancuernas. Pero nosotros crecimos junto a él, en aquellos atardeceres de cocinas de clase media-laburante, calefaccionadas con estufas a querosene, y tazones de café con leche, pan y manteca. Años de nuca larga y flaca y orejas rojas de tanto pelo cortado al rapé; con la revolución argentina en su plenitud, los tíos y mi viejo hablando bajito del General Perón, del "pronto va a regresar" y aún lamentando el fracaso del mítico avión negro. Onganía se colaba en pleno capítulo, como un maldito cazador de orangutanes en la selva africana, mientras Chita chillaba... y, es la más pura verdad, tampoco nosotros podíamos creer que ese grito profundo y salvaje podía brotar de la delicada boca de Ely. Sí, el rey de la jungla llamando a sus animales a la rebelión contra el cazador imperialista y occidental, mientras en la selva boliviana el Che Guevara moría sin grito y acribillado en aquellos mismos días. Pero queríamos tanto al Tarzán de Ron Ely, sobretodo, porque el de Weissmüller, al que no conocíamos, pertenecía a los mayores, al mundo de los adultos. Weissmüller era el tango, el planeta de nuestros viejos y la música vieja, en cambio Ely era como Bowie, la piel rosada y tersa, el héroe moderno... En realidad, tampoco Weissmüller parecía un salvaje, era sólo algo más rústico que nuestro Ely. De poder leer estas líneas, mi viejo no me lo perdonaría. Salvaje parecía Frank Merrill, el Tarzán de fines de los años 20. Daba miedo realmente. Te miraba y terminabas sentado detrás de la silla... Es muy probable que su dieta estuviera basada en grandes trozos de carne animal cruda. También parecía temible el gordito Elmo Lincoln, que creo fue el primero de todos. Ambos, Tarzanes del cine mudo allá por el año 18. Claro, no había grito. Una lástima, porque el grito gutural y sobrehumano es una marca registrada en la historia del Rey de la Selva. Un Tarzán sin grito no parece ser Tarzán. Es como un Humprey Bogart sin cigarrillo ni gabán ni sombrero o un Harrison Ford sin dedo índice acusador. No, no me puedo imaginar un Tarzán sin grito, que me perdonen los antepasados. Volviendo al delicado y lampiño Ely, viéndolo ahora desde el largo paso del tiempo, estaba más cerca del gentil hombre inglés que del rey de la jungla africana. Y, en realidad, ese era el quid de la historia del Tarzán de los monos. es decir, ninguna otra que no fuera la historia de John Clayton, el hijo de una pareja de aristócratas ingleses perdido en la inmensidad de un continente bárbaro, salvaje e ingobernable.

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