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Sábado 05 de Septiembre de 2015

La hipocresía de Europa

En foco. La imagen del cadáver de un niño sirio en las playas de Turquía hizo valorar en su verdadera magnitud la desesperación de millones de personas que huyen de la guerra civil en Siria o de la hambruna africana. Más preocupados por la economía que por los refugiados, recién ahora los países industrializados parecen conmoverse.

Las terribles imágenes del niño sirio que las aguas del mar Egeo devolvieron a las costas turcas, desde donde había partido con su familia, impactaron muy fuerte en Europa y el resto del mundo.

El escenario dantesco, exhibido en los principales diarios del planeta, de un guardia costero mirando el cadáver del chico hizo repentinamente tomar conciencia sobre la tragedia de la guerra civil siria, que ya transita por su quinto año y que tiene hasta ahora un balance de 240 mil personas muertas, entre ellas miles de niños. Esas escalofriantes cifras son aportadas por el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, una ONG con sede en Londres y fuentes en el terreno, que se ha convertido en referente mundial de información sobre la guerra y el recuento de víctimas.

Los europeos, recién ahora, cuando los cadáveres de los sirios que intentan huir del horror se aproximan al continente y miles de personas desesperadas se concentran en sus fronteras, parecen descubrir la magnitud de un fenómeno que lleva años pero que como es relativamente lejano preferían ignorar o negar.

En este verano boreal Europa ha sido sacudida por una imparable ola de refugiados que escapa de la miseria de países africanos fallidos y que intenta llegar a los países centrales a través del Mediterráneo, pero miles se ahogan en el intento. También por las familias que escapan de la guerra civil en Siria y de las matanzas del Estado Islámico que cruzan a Turquía y desde allí como pueden quieren alcanzar la Unión Europea a cualquier precio, como se ha visto en Austria con el hallazgo de 71 cadáveres de refugiados encontrados en un camión frigorífico abandonado a sólo 50 kilómetros de Viena.

En el caso que esta semana conmociona el mundo, varias familias sirias quisieron cruzar el mar Egeo desde las playas turcas de Bodrum hasta la isla griega de Kos en dos precarios botes que naufragaron. Doce cuerpos fueron rescatados flotando o ya en la costa y otras 15 personas salvaron sus vidas.

El chico de la foto se llamaba Aylan Kurdi, tenía tres años, y murió junto su hermano Galip, de 5 años, y a su madre de 27 años. El padre fue el único sobreviviente y relató que sus hijos se les deslizaron de las manos cuando el bote se dio vuelta. Venían desde Kobane, una ciudad siria jaqueada por la banda criminal de Estado Islámico, que impone férreas condiciones de vida a quienes no se someten a su estricta interpretación del islam. Los que tienen suerte y no son víctimas de las matanzas colectivas emprenden la huida hacia donde pueden, principalmente hacia Europa, para lograr mejores condiciones de vida.

Otros éxodos. La prensa europea asegura que desde la Segunda Guerra Mundial no se ha visto un flujo de refugiados como el actual. En 1945, terminado el conflicto bélico, centenares de miles de personas quedaron en condiciones de extrema precariedad. Sobrevivientes de campos concentración, cautivos que fueron mano de obra esclava que los alemanes habían desplazado desde el este, prisioneros de guerra, familias desmembradas en búsqueda de sus parientes (a quienes mayormente no encontraban porque habían sido asesinados), conformaban un tétrico panorama que involucró a todo el continente. Los aliados establecieron por toda Europa campos de tránsito para los refugiados donde, en primer lugar, se recuperaban de años de malnutrición y enfermedades, y luego accedían a un destino migratorio. 

Poco años después, pero ya no en Europa, la partición del subcontinente indio en dos estados, en agosto de 1947, provocó otra tragedia migratoria. El surgimiento de la India y de Pakistán (a su vez dividido en dos partes con el sector oriental de la hoy independiente Bangladesh) originó que cuatro millones de personas se movilizaran para reagruparse de acuerdo a su origen religioso. Fue así que la minoría musulmana que había quedado dentro de la India se desplazó a Pakistán y la minoría sihks e hindú que vivía en Pakistán se movilizó a la India. En esa reagrupación que implicaba cubrir distancias de miles de kilómetros, las columnas de ambos grupos fueron atacadas por fanáticos musulmanes e hindúes y se produjeron masacres inenarrables. Todo este fenómeno está magistralmente descripto en el libro de los periodistas Dominique Lapierre y Larry Collins, titulado “Esta noche, la libertad”.

Sólo la economía. Volviendo a la crisis migratoria actual en Europa y pese a los esfuerzos de muchos países de contener a esa gente desesperada, si no se alcanza una solución de fondo, como el fin de la guerra civil en Siria, no hay un camino que conduzca a aliviar el problema.

Cuando comenzó la guerra civil siria los países más poderosos de planeta veían con agrado y pedían la caída del dictador Bashar Al Asad y el surgimiento de una floreciente democracia con la esperanza, abortada salvo en Túnez, de lo que se conoció como la Primavera Arabe. Pero a partir de los grupos rebeldes que se fueron sumando a la lucha para acabar con el gobierno sirio, entre ellos Estado Islámico y otros fanáticos fundamentalistas similares, ya no se sabía si el remedio no sería peor que la enfermedad. Y en parte lo está siendo.

El caos que es esa zona del Medio Oriente, al que se suma Irak, provocó que Estado Islámico haya proclamado un califato en amplios territorios de esos dos países e imponga sus propias leyes, que incluyen la persecución y aniquilamiento de minorías cristianas, shiítas musulmanes y todos los que no acatan sus órdenes, además de cuanto extranjero logren capturar para decapitar. Pero Estado Islámico no es el único grupo en combate y con frecuencia sucede que quienes luchan contra el presidente Al Asad también a veces se enfrentan entre sí.

La participación de los norteamericanos y sus aliados en la región para detener con bombardeos aéreos a Estado Islámico y otras bandas no han dado el resultado esperado porque no han detenido su avance.
Los europeos, preocupados por la crisis de la deuda griega y el embate contra el euro, han estado más atentos en resolver esa situación que en advertir que tarde o temprano los millones de personas desplazadas por la guerra en Medio Oriente y por la miseria en Africa llegarían a sus costas en números inmanejables.

A Grecia la pueden aliviar por el momento con la transferencia de multimillonarios paquetes de rescate financiero que suenan a una aspirina más para combatir un mal terminal, pero los miles y miles de refugiados ya conforman una masa incontenible con la consiguiente catástrofe humanitaria que viene desarrollándose desde hace varios años.

Las armas. En la guerra civil siria no ha resultado efectivo tampoco el bloqueo de venta de armamentos porque los combates comenzaron en marzo de 2011 y el poder de fuego de los contendientes en lugar de ceder va en ascenso, incluso hasta con todavía no confirmados reportes de armas químicas en manos de fanáticos musulmanes. Esta facilidad para adquirir armamento es uno de los principales fracasos por imponer una salida negociada al conflicto y parte de la responsabilidad la tienen los propios países industrializados (Rusia es un caso típico) que son los principales fabricantes de armas. Si Estados Unidos, por ejemplo, no puede evitar en su propio territorio que las ametralladoras se consigan en supermercados por la fuerte presión del lobby de los vendedores de armas, menos estará en condiciones de evitar que se trafiquen a las zonas en combate.

Tampoco la Organización de Naciones Unidas ha sido eficaz para imponer un cese al fuego en Siria. Ni qué hablar de los propios países árabes, que defienden sus propios intereses estratégicos y hacen poco o nada para terminar con el conflicto.

Hoy Europa se sacude con la imagen del niño sirio muerto en la playa, pero además de dar refugio a algunos miles que escapan de la guerra, no ha utilizado todo su potencial económico y militar para detener una masacre que se venía gestando sin pausa y no tan lejos de su territorio. Todavía está a tiempo de trocar hipocresía por acción concreta.

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