Economía
Domingo 24 de Julio de 2016

La "herencia" del primer semestre

El tarifazo equivale a dos pizzas, que rinden menos que un lomo, que sólo le gusta a los porteños y que es más caro que el aceite, que cuesta menos que una gaseosa. El gobierno y sus amigos se internaron esta semana en un laberíntico relato personalizado del movimiento de precios relativos, construyendo casi una versión para niños de la puja distributiva.

El tarifazo equivale a dos pizzas, que rinden menos que un lomo, que sólo le gusta a los porteños y que es más caro que el aceite, que cuesta menos que una gaseosa. El gobierno y sus amigos se internaron esta semana en un laberíntico relato personalizado del movimiento de precios relativos, construyendo casi una versión para niños de la puja distributiva.

Puja que es un motor poderoso de la inflación, tanto o más que los factores monetarios y fiscales con los que machacan los funcionarios del área económica nacional. A pura tasa de interés y recesión el equipo que asumió en diciembre busca domesticar lo que ubicó en los últimos años como el gran mal de la economía argentina. En un sugestivo desplazamiento político y temporal del argumento de la pesada herencia, presenta como éxito una desaceleración de la suba de precios en el sexto mes del año, respecto de los exorbitantes niveles a los que los llevó en los seis meses anteriores.

Pero la realidad se abre paso y fue el titular del Indec, Jorge Todesca, quien advirtió que el índice de precios de junio subió a un ritmo mayor al esperado. Esto, dijo, a pesar de la política económica contractiva que el Estado llevó adelante en este período. Los privados, agregó, fueron los principales responsables.

Al gobierno ya no le alcanza el dibujo de la inflación núcleo, que no figuraba cuando desde la oposición denunciaban cualquier aumento estacional del tomate como producto de un desequilibrio macroeconómico populista. Tras los datos de junio, la puja discursiva es contra sus propias previsiones. Los CEOs del gabinete no sólo se comieron el pronóstico del tiempo cuando decidieron el tarifazo de gas. También dijeron en noviembre que el sector privado se movía a precios de dólar paralelo, lo cual se reveló mentira cuando tras la devaluación se inició una escalada de incrementos que llevó a la inflación a niveles altísimos respecto del año anterior.

Es probable que el principal error de diagnóstico de los pibes de la city sea el de la reacción del "sector privado", sujeto histórico de su programa de gobierno. Al parecer, no estarían haciendo honor al esfuerzo que el equipo económico le está haciendo hacer al resto de los mortales. Para colmo el FMI, pronosticador errático serial reivindicado ahora por Macri, profundizó a 1,5 por ciento su estimación de caída de la economía argentina este año. "El ajuste se sintió más de lo esperado", admitió uno de los funcionarios del organismo, pero invitó al presidente argentino a persistir en el esfuerzo.

Macri debió subir su perfil público esta semana empujado por la reacción pública contra el tarifazo, la renovada presión de precios y los efectos plenos de la recesión en el mercado de trabajo (la empleadora Randstadt dijo que el índice que mide el temor a perder el empleo subió al mayor nivel en dos años).

Los transportistas rurales conmovieron con un paro las rutas de acceso a los puertos cerealeros. Reclamaron una recomposición porque los costos le comieron el margen, pero también participar de los beneficios que el gobierno le dio a la cadena de agronegocios. El sindicalismo ortodoxo también mostró los dientes, a la vez que empieza a calentarse la disputa política en las provincias. La arremetida del gobierno nacional contra el socialismo santafesino contribuye en mucho a marcar el campo de disputa y pone límites a los desequilibrios ideológicos que caracterizan al oficialismo provincial. Los dos modelos económicos que se enfrentan en esta etapa dirimirán fuerzas territorio por territorio, más allá de la voluntad de los actores políticos.

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