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Viernes 14 de Junio de 2013

La guerra y las guerritas

El que habla es un encumbrado secretario de estado que intenta describir el impacto de las inundaciones en la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal y la elección de Jorge Bergoglio como Papa.

“Hasta el 25 de mayo Cristina no va a mover ni un dedo por la lista de diputados peronistas de Santa Fe”. El incombustible asesor presidencial que desde hace más de 15 años ocupa uno de los despachos de la Casa Rosada es terminante. “La Jefa está ocupada en la batalla judicial y en monitorear que nadie saque los pies del plato. Te diría que la tiene un poco cansada la interna de tu provincia”, le resume a este cronista el viejo  armador de consensos que teje en silencio.

Sonidos de guerra. Cristina Kirchner se calzó, otra vez, el traje de fajina. Si alguno creyó que iba a dejar atrás el no poder celebrar el 7 de diciembre para aplicar la ley de medios a Clarín, es que no la conoce. Sus interlocutores de confianza saben que el rencor que siente por los jueces que han dilatado más de 3 años resolver si el multimedios debe desinvertir o no, es enorme. Culpa a la Corte Suprema por esta espera y especialmente a su presidente Ricardo Lorenzetti a quien define como tibio y sabio para ser acomodaticio. También guarda desilusión para con su otrora admirada Carmen Argibay y por Elena Highton. La primera, en una reunión de juezas cuando fue consultada por esta situación, habría dicho sin rodeos: “Lo único que me voy a llevar de esta Corte cuando me vaya es mi tranquilidad por respetar mis convicciones. No un grupo de amigas para tomar el té”.

Los 6 proyectos presentados por la presidente son una estrategia cabalmente kirchnerista con letra y música de la radicalizada Alejandra Gils Carbó. Algunas buenas iniciativas enmascaran el verdadero sentido de la idea. Doblegar a los jueces que fallan en su contra, licuar a la Corte y tener bajo control al único poder que ha corcoveado, a veces, con independencia.

Nadie puede oponerse a que los empleados de la justicia ingresen por concurso. Eso sí: lo del sorteo por la Lotería de los cargos disponibles, es ridículo. Es inadmisible que, por ejemplo, para llegar a un despacho de escribiente en los Tribunales de Boulevar Oroño haya que contar con el guiño de un funcionario amigo que allí trabaje. Y eso pasa hasta hoy. Nadie puede no estar de acuerdo con dar a publicidad  las declaraciones de bienes y los actos de gobierno propio de los jueces que, muchas veces se han sentido monárquicos.  El problema reside en dos tópicos. Ninguna de las reformas propuestas agiliza el trámite para quien demanda justicia. Es más: lo retrasa con la aparición de una virtual nueva instancia como las Cámaras de Casación. Y lo otro, cercenar como “norma general” el derecho a la sana discrecionalidad de un juez  para despachar una medida cautelar que proteja a un mero mortal frente al Estado, es una verdadera aspiración de concentrar autoritariamente todo el poder en una cabeza: en la de la presidente. Resulta que ahora el Estado es más poderoso frente a un simple ciudadano al que le imponen plazos para defenderse. Nada nacional y popular. ¿Y los tiempos inadmisibles con los que los gobernantes les pagan sus deudas a los argentinos de a pie, meros acreedores de deudas o jubilados? ¿Eso no es burocrático y discriminatorio? Ni una palabra en los proyectos.

La iniciativa de elegir popularmente a quienes pongan y remuevan a los jueces argentinos no es controvertido. Es alarmante. Es cierto que el gobierno nacional se siente un pionero planetario y por eso no le llama la atención que el sistema propuesto no tenga antecedentes en el mundo entero.  El que gane las elecciones no sólo va a conducir la administración desde el ejecutivo, sino que va a contar con el dócil coro de “levantamanos” propio del Congreso  y, ahora más, tendrá el conveniente control del juez propuesto por sus partidarios que puede archivar causas de enriquecimiento, no ver delitos en compras de empresas que emiten billetes o en magistrados que adquieren anillos que cuestan lo que el sueldo de ellos pero conseguido en 300 años.

El gobierno pisó el acelerador a fondo. La oposición, en su enorme mayoría,  todavía discute quién se sienta del lado del volante que conduce la alternativa y llora en conferencias de prensa sin que se le caiga una idea que los muestre como aptos para ser activamente distinto a los que critica. Todo luce como un resultado cantado.

Volviendo a Santa Fe. En medio de esta batalla, la que importa en Balcarce 50, todas las versiones que los dirigentes del PJ local echan a rodar sobre supuestos pedidos de la Casa Rosada a la hora de conformar listas para las internas,  son fruto de la imaginación o herramientas para presionar y encontrar un lugar. Agustin Rossi está decidido a ser reelecto y no ve motivo para ceder el primer puesto en la nómina de candidatos a diputado nacional. “El Chivo no dice que no puede ser número dos. Pero invoca 8 años prolijos de gestión del bloque en la Cámara y cuando recibe en su despacho del Congreso exhibe orgulloso la foto con Néstor sentado en la banca de al lado”, explica uno de sus más fieles asesores. En su sector, no creen en la encuestas que dicen que su ciclo santafesino está terminado desde la discusión de la 125 y muestran un sondeo realizado en forma privada que, en nuestra ciudad, lo da casi empatado con Jorge Obeid. Nadie duda de la honestidad de esos números, pero si hay que guiarse por el olfato y el resto de los sentidos callejeros, semejantes guarismos parecen estar bien lejos de la realidad.

El dos veces gobernador de Santa Fe también quiere ser número uno de la lista. A pesar del operativo acercamiento con la Casa Rosada que comenzó luego de la renuncia de María Eugenia Bielsa, este ingeniero es hábil para sacar cuentas y esgrimir que es más aceptado por el electorado que Rossi. “Si no somos egoístas podemos hacer una campaña diciendo que somos las dos cabezas en igualdad de condiciones. Uno, la fidelidad a Cristina. El otro la tracción de los votos”, grafican los que están cerca de Obeid. Sin embargo, allí hay un gran obstáculo para el hombre de la capital. El kirchnerismo puro, esto es el Movimiento Evita, Unidos y Organizados y la Cámpora le profesan una tirria lindante con el ninguneo. “¿Poner en la urna la boleta con Obeid en letras grandes? Ni lo sueñen. Yo sí me acuerdo cómo traicionó a Néstor y a Cristina mostrándose con el peronismo federal. Olvidate”, sentencia una referente de la agrupación juvenil mimada por la presidente. De paso, esta joven proveniente de las ciencias sociales sería una de las más fuertes postulantes para ocupar el lugar del cupo femenino en una eventual lista de unidad del PJ. Y no necesariamente el machista puesto número 3. ¿Y Celia Arena que termina su mandato? La ex mano derecha de Carlos Reutemann, totalmente kirchnerizada por sí y por su familia, espera un lugarcito pero sabe que en todas las listas Cristina quiere a alguien de la Cámpora.

En cualquier caso, el peronismo enfrenta el dilema de llegar unidos a la interna o dominados en varias listas. Si es esto último, el negocio lo habrá hecho el socialismo que ya trabaja para la candidatura de Hermes Binner y el outsider (no sólo por su proveniencia del espectáculo sino porque sigue afuera de todo involucramiento serio en el quehacer político) Miguel del Sel. Ambos pelean cabeza a cabeza en las encuestas.

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