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Sábado 02 de Abril de 2011

La guerra, la paz, los chinos y lo posible

Reflexiones en torno al 2 de Abril y a los hechos que hacen a la memoria colectiva.

Un hombre y una mujer jóvenes, admitimos que son chinos, pasean en una embarcación muy bonita en un río chino. Conversan, pero como lo hacen en una lengua que para nosotros es desconocida (es mandarín, para nosotros “chino básico”), no sabemos qué están diciéndose. Sin embargo, sus gestos y algunos elementos —como los anillos que él guardaba para ese momento— nos indican que el varón iba a proponerle matrimonio. En ese preciso instante, una vaca cae del cielo (ver para creer), atraviesa la embarcación justo entre ambos, la destroza y la barca, la vaca y los novios se hunden. El sobrevive, ella no. El desafortunado Jun elige emigrar a la Argentina, donde tiene un tapo (tío). Los infortunios del joven no se acaban al tocar tierra en Buenos Aires, apenas si cambian de escenario. Cual mufa, contamina con su mala fortuna a Roberto, un hombre de casi cincuenta años, obsesivo, rutinario y cerrado sobre sí mismo que, al verlo en desgracia, le ofreció ayuda. Porque también era buena gente.
  
Historias de vida

Roberto y Jun protagonizan una película (“Un cuento chino”, de Sebastián Borensztein) y se entienden a las señas, hasta casi el final, cuando otro chino, el chico del delivery de comida china, comparte con ellos una cena y oficia de traductor. El mediador permite que Jun pregunte a Roberto por qué colecciona recortes de diarios y qué dicen esos recortes. Roberto necesita contarle (brevemente) la historia de su vida: su madre murió al parirlo y su padre cuando tenía 19. El padre de Roberto —don De Cesare, de quien heredó la casa y la ferretería que atiende— tenía algo en común con Jan: había llegado a la Argentina expulsado por un dolor; llegó a Buenos Aires huyendo de la guerra. El vínculo con su patria era la puntual llegada de un periódico comunista italiano. A mediados de 1982, De Cesare padre recibió el periódico y la tapa lo dejó tieso: la noticia de la Guerra entre Inglaterra y Argentina aparece ilustrada con la foto de un combatiente, metralla en mano, que es su hijo. Recortó la noticia y la pegó en un cuaderno; fue mucho para él, murió antes de que su hijo regresara de la guerra.

Memoria y ceremonia

  Conmemorar significa “hacer memoria” y una conmemoración es ejercitar esa facultad celebrando un acto o una ceremonia. El padre de Roberto, a su manera, había hecho una ceremonia: había querido olvidar, pero la foto de su hijo en la portada del diario lo había obligado a “hacer memoria”.

  ¿Sobre qué y por qué hacemos memoria y ceremonias cada 2 de abril? ¿Qué nos obliga? La respuesta al por qué no se agota en que lo hacemos porque lo mandan leyes nacionales y provinciales. En cuanto al por qué, las ceremonias han adquirido nuevos sentidos: felizmente no se conmemora la triste noticia del inicio de una guerra, sino que se ha optado por recordar a los que por el hecho consumado ya no están y por rendir homenaje a los que sobrevivieron que, como Roberto De Cesare, el ferretero coleccionista, son veteranos de una guerra que no planificaron, que no desearon y que seguramente no pueden olvidar. Lo que nos obliga es que el Estado todavía debe ocuparse de las secuelas humanas de aquella tragedia y que la sociedad tiene pendiente el procesamiento por vía de palabra de las contradicciones que abren un hiato entre la razón y los sentimientos.

Más para recordar

  Podemos sugerir, además, hacer memoria de la marcha de los trabajadores que el 30 de marzo de 1982 ocupó Plaza de Mayo, soplando fuerte sobre una dictadura que a esas horas era un castillo de naipes. Muchos de los soldados enviados a Malvinas eran hijos de aquellos obreros; habían puesto a la dictadura contra las cuerdas y tres días más tarde sus propios hijos iban a una guerra que les data tiempo de descuento. Estar en contra de “la gesta” era ser apátrida, nunca opositor a la dictadura u objetor de conciencia contra la guerra. Otro cuento chino.

  Un cuento chino, la bella película de Borensztein, se estrenó el día de la memoria. Vale ir el dos de abril, también para hacer memoria. El director —como Roberto con sus recortes— compendia situaciones increíbles presentándolas como posibles. Roberto había pegado en su saga noticias raras, incluso la de una vaca caída del cielo sobre una embarcación en China. Los bombardeos a Libia son muy recientes, pero si cronos lo hubiera permitido, seguro añadía a su colección una foto de Barak Obama recibiendo el Nobel de la Paz. Premio que, si fuera ofrecido hoy a las “Abuelas” quizás debiera ser rechazado, para evitar la mancha.

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