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Lunes 09 de Abril de 2012

La grandeza no se declama

Newell's y Central no necesitan el reconocimiento de la página web de la Fifa ni calcular a los hinchas que los acompañan porque siempre fueron grandes e importantes.

El grande no pregona su grandeza. La ejerce. No se detiene a observar quién se lo reconoce y quién no. Avanza. Progresa. Crece. Porque su condición como tal contiene a la inteligencia, la que lo conduce haciendo caso omiso a los cuestionamientos ordinarios, pero sí analizando las críticas sólidas. Tampoco ni siquiera se anima a objetar las torpezas de aquellos que para parecerse se autorreferencian como importantes de manera
constante. El grande tiene humildad y sentido común.

Mientras otros dicen ser sin serlo, él no admite serlo. Lo demuestra en su accionar sin pretenderlo. En su logro personal.  Y en su frustración. Porque no habla de éxitos, sí de objetivos. Porque entiende que la grandeza no es la que le impide caerse, sino levantarse cuando se cae.

En el fútbol es parecido. Porque se juega como se vive. Y Rosario juega al fútbol. En la cancha tiene a dos protagonistas excluyentes, Newell’s y Central. Que son grandes. E importantes. Por lo que representan: dos grandes sentimientos. Por lo que contienen: la identidad de un pueblo. Y la mayoría de los hinchas sabe de esa grandeza, en cómo ponerla en práctica, en cómo llevarla adelante, en lo que se debe hacer para que esa condición de grande se desarrolle, en pretender un folclore más rico en conquistas, sin tantos capítulos sepiados por el tiempo, con más ingenio en la palabra y sin el más mínimo atisbo de violencia. Porque no se trata de “locura desenfrenada”, sí de “la más hermosa cordura”.

No obstante hay una minoría, fundamentalista, que confunde, lesiona y distorsiona esa grandeza. La que considera que su grandeza será tal porque lo diga la página web de la Fifa. Ni siquiera se detiene a razonar que ambos sentimientos tienen más de 100 años. Que no son nuevos, aunque la Fifa parezca descubrirlo recién ahora.

El mismo fundamentalismo que considera ser “más grande” por la cantidad de hinchas que acompañen al equipo dentro y fuera de Rosario, como si esto fuera una novedad revelada en 2012. Los miles de canallas y leprosos que recorrieron y recorren las rutas para asistir a las canchas son los mejores historiadores futbolísticos que Rosario tiene. Por lo tanto esto no es una noticia, es un hábito.

Y lo más grave de esta absurda forma de entender la grandeza, que no hace más que atentar contra ella y empequeñecerla, es ejercer la violencia de muy diversas formas, incluso en la estupidez de pensar que una ciudad será de uno u otro porque se pinte todo lo que está a su paso.

La grandeza de Newell’s y Central, o viceversa, no está en discusión. Hay un pueblo que así lo indica. Hay una historia que así lo cuenta. Pero también debe haber un futuro que así lo proyecte. Y en ese futuro es determinante que haya objetivos alcanzados. Deportivos y sociales. Porque la sociedad y la ciudad lo necesitan.

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