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Sábado 09 de Julio de 2016

La gran historia del pequeño Matteo

El nene italiano que inventó una palabra en el aula y su maestra lo incentivó a incorporarla oficialmente a la lengua.

A nadie se le oculta que los niños y las niñas tienen una deslumbrante creatividad. Una de las parcelas en las que se manifiesta de manera más clara y sugerente esa creatividad es la lengua. Yo mismo tengo testimonios abundantes a través de las expresiones de mi hija Carla. Un día que Carla estaba sentada en una mecedora y yo le movía suavemente hacia delante y hacia atrás mientras hablábamos, me dijo:

—Papá, eres el mejor "mecerista" del mundo.

Otro día, antes de dormir, me expresa este deseo:

—Papá, si algún día te mueres que sea de "viejedad".

Esos brotes de creatividad despiertan una sonrisa llena de empatía y casi siempre se pierden en los pliegues del tiempo sin que merezcan el más mínimo registro. Por eso me gusta la idea de Pablo Motos, que ha publicado cuatro libros con el título: "Frases célebres de niños". Título poco preciso, por cierto. Porque no se trata de frases célebres sino de frases ingeniosas. Célebre es una persona o una frase que tiene fama, que es muy conocida. No sucede eso con las frases de los niños y de las niñas. Se trata de genialidades, de chispazos de creatividad, de golpes de gracia. Pero no son frases célebres.

Escribir las emociones

Le estoy escribiendo a mi hija Carla un diario que se titula "Déjame que te cuente". Empecé el día de su nacimiento. Voy por el Tomo V. Creo que es un acierto plasmar por escrito las emociones, las situaciones creativas, los momentos que desvelan brotes de ingenio. He recogido cientos de expresiones ingeniosas. Todos los niños y las niñas son una fuente inagotable de inspiración.

Es probable que el lector o la lectora conozcan esta hermosa historia acaecida en Italia. Transcribo el relato, porque la historia es muy hermosa y significativa. Y porque está bien escrito:

"Italia es una emoción contenida en las pequeñas cosas, el corazón que dibuja el camarero sobre el capuchino, los isocarro llenos de flores bajo la ropa tendida del Trastevere o ese idioma tan bello y exagerado que al traducirlo pierde la magia: Sei bella da morire". A esa categoría de las emociones pertenece también la aventura del pequeño Matteo y su palabra inventada: petaloso (flor llena de pétalos).

La historia comienza hace unas semanas en una clase de lengua de tercera elemental -chavales de ocho años, el equivalente a tercero de primaria en el sistema español- del colegio Marchesi de Copparo, un municipio de unos 16 mil habitantes en la provincia de Ferrara, en el norte de Italia. Ese día toca hablar de los adjetivos. Y el pequeño Matteo aplica a una flor, que en italiano es masculino, " fiore", el adjetivo "petaloso" para explicar que está llena de pétalos. La palabra no existe en italiano y por tanto la maestra, que por cierto se llama Margherita, señala la respuesta como fallida. Pero no se queda ahí. "Cuando corregí el examen", explica Margherita Aurora al Corriere della Sera, "marqué petaloso como un error, pero añadí un círculo rojo para señalar que se trataba de un bello error. La palabra me gustaba, y por eso se me ocurrió preguntar la opinión de la Crusca (la Accademia della Crusca, el instituto nacional para la salvaguarda del italiano)".

Una carta, una historia

La maestra Margherita Aurora no toma la iniciativa en solitario, sino que recuerda a sus alumnos para qué sirve la academia de la lengua y le pide a Matteo que sea él mismo quien se dirija a la Crusca para solicitar la entrada de su palabra inventada en el bello jardín del italiano.

La historia, una pequeña historia de un pequeño pueblo del norte de Italia, se hubiese marchitado ahí si no fuese porque el martes el cartero deja una carta en el colegio Marchesi dirigida a Matteo. El membrete, nada más y nada menos, era de la Accademia della Crusca, vía di Castello, 46. Firenze.

Con una emoción y una algarabía fáciles de imaginar, la profesora abre la carta delante de sus alumnos y lee el texto firmado por Maria Cristina Torchia, consejera lingüista de la Crusca: "Querido Matteo. La palabra que has inventado es una palabra bien formada y podría ser usada en italiano, como son usadas otras palabras formadas de la misma manera. Tú has puesto juntas pétalo oso=lleno de pétalos, con muchos pétalos". La representante de la academia pone incluso algunos ejemplos, como "pelo oso= peloso, lleno de pelos o con muchos pelos".

La carta concluye explicando al pequeño Matteo que, para que una palabra nueva pueda entrar en el vocabulario, "no es suficiente con que sea conocida y usada solo por quien la ha inventado, sino que la usen muchas personas y que muchas personas la entiendan". Y, lo más curioso y tal vez lo más emocionante, la academia de la lengua italiana da un consejo a Matteo: "Si logras difundir tu palabra entre muchas personas y muchas personas en Italia comienzan a decir y a escribir com'e petaloso questo fiore! o, como tu sugieres, le margherite sono fiori petalosi, entonces petaloso se convertirá en una palabra más del italiano".

Por las redes

Dicho y hecho. A través de su cuenta de Twitter, la profesora Margherita Aurora envía el martes un mensaje en el que cuenta la historia y su satisfacción por la imaginación de Matteo y por la respuesta de la academia: "Para mí vale como mil lecciones de italiano". El resto lo hacen las redes sociales. Hasta el jefe del Gobierno, Matteo Renzi, se congratula en Twitter de la inventiva de su tocayo: "Gracias al pequeño Matteo, gracias a la Accademia Crusca. Una historia bella, una palabra nueva: petaloso".

La historia es redonda, no tiene aristas. Está llena de interesantes sugerencias. Una maestra que propicia la libre expresión de los alumnos y de las alumnas y que corrige de forma rigurosa y positiva: "Es una hermosa palabra, pero incorrecta". Evalúa con tino y con ternura. Voy a publicar un libro en la Editorial Santillana de Chile con el título "Evluar con el corazón". Un niño que crea, que inventa, que se expresa con riqueza, que tiene el coraje que escribir a la Academia. Una clase de lengua que permite disfrutar y aprender. Una iniciativa que canaliza la creatividad para que se pueda compartir con todos y con todas los hablantes del idioma italiano. Una escuela que pone en marcha los necesarios mecanismos de difusión de la palabra para que pueda ser aprobada. Una institución responsable del idioma sensible ante la propuesta y rápida en su decisión, aunque el solicitante sea un niño de ocho años. Unas autoridades (hasta el Jefe de Gobierno) que felicitan al niño, a la maestra y a la escuela por la iniciativa. Una difusión de la historia que la hecho presente en cada rincón del planeta. Una historia redonda.

Me imagino la emoción del pequeño Matteo, de su maestra, de sus compañeros y amigos , de sus padres y familiares, cuando lean la palabra petaloso en textos escolares y en novelas de autores consagrados. Qué satisfacción, qué alegría, qué orgullo. Y también qué satisfacción para la maestra que ese día inspiró una clase inolvidable. Como ella dice: "Para mí vale como mil lecciones de italiano".

El pequeño Matteo, del Colegio Marchesi de Copparo, una localidad del norte de Italia de unos 16 mil habitantes.

Miguel Angel Santos Guerra / Pedagogo (Del blog El Ardave)

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