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Domingo 08 de Marzo de 2009

La gente

Primero se acordó de la madre y después le estampó un "negro de mierda".  El insulto de Schiavi a Gómez en la cancha no pasó desapercibido para las cámaras, ni para el Inadi (Instituto Nacional contra la Xenofobia y el Racismo) que denunció la espantosa frase como discriminadora. El defensor de Newell´s le pidió perdón al jugador de Gimnasia y Esgrima de Jujuy y la cosa se arregló, no sin polémica. Allí escuché hablar una vez más de "la gente".

Primero se acordó de la madre y después le estampó un "negro de mierda".

El insulto de Schiavi a Gómez en la cancha no pasó desapercibido para las cámaras ni para el Inadi (Instituto Nacional contra la Xenofobia y el Racismo), que denunció la espantosa frase como discriminadora. El defensor de Newell´s le pidió perdón al jugador de Gimnasia y Esgrima de Jujuy y la cosa se arregló, no sin polémica.

Allí escuché hablar una vez más de "la gente".

"La gente habla así en la cancha, es parte del fútbol. ¿Por qué no se ocupa de cosas más importantes el Inadi?", fue uno de los tantos comentarios dichos como al pasar que escuché de boca de un periodista. 

Curioso el comentario. La Capital publicó en enero una denuncia realizada por el Inadi al consorcio Niza del edificio de Santa Fe 1247. La entidad consideró que los habitantes de la torre habían actuado de manera discriminatoria al prohibir ingresar al personal doméstico por el hall central. Es más, una mujer que trabaja allí aseguró que se la trató de "sierva".

También se publicó, pero en diciembre del año pasado, el Mapa de Discriminación del Inadi, un vasto informe nacional de representaciones, acciones y percepciones. Entre otras tantas cosas el trabajo indica que más de un 50% de los 400 santafesinos de entre 18 y 74 años entrevistados se sintió rechazado alguna vez por su aspecto físico y por ser pobre. El listado de variables es lamentablemente mucho más completo y se lo puede consultar en www.inadi.gov.ar.

Pero bueno, tal vez estas notas y trabajos no sean de interés de la gente tal como aseguran unos cuantos cuando hay que definir temas para publicar, comentar, charlar, leer o analizar qué nos pasa.

Volví a escuchar sobre la gente a pocos días del episodio deportivo. Fue después de que ella —álter ego de "toda la gente", la diva más "divina y espontánea" del país— abrió la boca.

"El que mata tiene que morir", sentenció tras enterarse del espantoso asesinato de su florista. "Terminen con los derechos humanos y las estupideces, yo adoraba a Gustavo, fue como si se me hubiera muerto un hermano, hace veinte años que vivía para mí", dijo Susana Giménez clamando por justicia.

Una carta que se publicó esta semana en la sección destinada a los lectores de La Capital preguntó por qué Susana no salió al cruce así de indignada cuando Carlos Monzón, su ex pareja, mató a golpes a su esposa Alicia Muñiz. ¿Recuerdan?

Las declaraciones de Sandro tal vez le sirvieron de respuesta al lector. "Habló en caliente", dijo de la blonda mujer antes de rematar: "El que diga que Susana estuvo mal que se corte un dedo de la mano".

La gente, muchas de sus nenas, aplaudió. 

Tras esas notas leo otra, hasta hace pocos días inédita. Una entrevista a Adolfo Bioy Casares publicada en la revista ADN en donde el escritor argentino, fallecido en 1999, hablaba del accionar de los militares durante la dictadura.

"Es que algunos temas son más importantes que otros. Es un tema en el que hay gente que tiene muertos, no quiero decir una cosa que parezca frívola, que no parezca pensada. Por eso quiero ver lo que digo y decir algo que yo pueda asegurar que es lo que pienso. No me importa que me condenen por lo que pienso. Pero lo que no quisiera es ofender por una especie de frivolidad que da la espontaneidad y la necesidad de salir del momento".

Me pregunto si Bioy Casares, quien dudaba y pensaba antes de hablar y escribió la magnífica "Invención de Morel" y "Crónicas de Bustos Domecq" junto a Borges, habrá sido gente. También quisiera saber a qué clase o familia (si no a la de gente) perteneceremos los malhablados que, sin embargo, repudiamos las palabras agraviantes, despectivas y discriminatorias.

Además, quienes tenemos la responsabilidad social de hablar ante un micrófono o de escribir en un medio, ¿debemos alentar pensamientos y conductas que violentan la relación con los otros sólo porque lo dice la gente? ¿No podemos poner los comentarios en cuestión?

Y por último, ¿en qué colectivo deberemos ubicarnos quienes no compartimos las certezas o los pensamientos de la gente?

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