Educación
Sábado 21 de Marzo de 2015

La generación de pibes que se moviliza por sus derechos

Los adolescentes y la participación. Integrantes de centros de estudiantes y movimientos políticos y sociales cuentan qué los motivó a sumarse a la militancia. Piden más debate en las escuelas.

Tienen entre 15 y 18 años y se reconocen como militantes. Lo hacen con férrea convicción. Ya sea en el barrio, en el centro de estudiantes o en debates que apuntan a la realidad de la ciudad y el país, son pibes que forman parte de una generación que se abrazó al compromiso y que buscan canalizar inquietudes, reivindicaciones y proyectos. Cada uno desde su espacio de pertenencia se movilizará el martes 24 de marzo por las calles de Rosario, al cumplirse un nuevo aniversario del inicio de la última dictadura cívico-militar. Una fecha que, coinciden, los marcó desde chicos. Y piden que las escuelas se abran más a estas discusiones.

Cuestionan la realidad y les incomodan los estigmas que pesan sobre los pibes que participan en política. "Que militan porque les llenaron la cabeza", "que van a las marchas por un choripán" o que directamente "a su edad no entienden nada de política". Esa mirada les molesta, pero no los paraliza. Por el contrario, se organizan y pelean por sus derechos.

Sentados en círculo, los pibes convocados por La Capital charlan e intercambian opiniones. Algunos se conocen de la escuela, otros de la militancia en la calle. Y confiesan que decidieron comprometerse en cada espacio en donde están por diversos motivos. Algunos por herencia familiar, otros por el debate en la escuela y otros por una tragedia que cambió la vida del barrio y shockeó a la ciudad.

La ronda de mates se arma en un costado de la Plaza 25 de Mayo, la de las Madres. Luciana Osuna tiene 18 años y abre el juego: "Voy a las marchas del 24 de marzo desde muy chica y el tema de la dictadura se discutió mucho en mi casa, al igual que la política actual, por eso me volqué a la militancia". Luciana es alumna del Politécnico, participa de su centro de estudiantes, de la Coordinadora Rosarina de Estudiantes Secundarios (Cres) y milita en el Partido Obrero.

La chica señala que "el 24 de marzo es por ahí la primera marcha a la que uno va, porque la familia te explica que pasó, hay comentarios en la tele y no hay clases". Pero entiende que además es una buena oportunidad "para movilizarse por los derechos humanos de la actualidad", y menciona al respecto el rol de los servicios de inteligencia desde y las acusaciones que pesan sobre el jefe del Ejército (César Milani) por su rol durante la dictadura. "El 24 de marzo, como el 16 de septiembre (por la Noche de los Lápices) es una oportunidad para que la juventud pueda dar una pelea inclusive por sus reivindicaciones", profundiza la alumna de la escuela dependiente de la UNR.

Rodrigo Peralta comparte con Luciana los mismos espacios de participación. Tiene 16 años y es delegado de cuarto año en el Poli. Pero a diferencia de ella, confiesa que no viene de una familia de militantes. "Entré al centro de estudiantes, ahí empezaron los debates, y a partir de las marchas del 24 de marzo me empecé a interiorizar un poco más, a ver posturas políticas y a sacar conclusiones. Por eso me decidí".

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Entre mate y mate las diferencias ideológicas van emergiendo, algunas más sutiles y otras más marcadas. Pero lo hacen con total naturalidad, escuchándose. Ahora es el turno de José Dalonso, un pibe que 17 años que también va al Politécnico. Pero en su caso, es delegado de curso y participa en la Federación de Estudiantes Secundarios (FES) y en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), organización que integra la juventud del Movimiento Evita. "A la marcha del 24 voy desde muy chico, vengo de una familia peronista, pero en el caso de la escuela creo que todavía falta una larga discusión sobre la reformulación de la historia que se viene dando", dice José. Entiende que hoy en día en las aulas "se sigue dando una historia de revista Billiken, que no aporta a la discusión sobre el 24 de marzo, el 16 de septiembre y qué uso se les da, si es para renovar discusiones o para movilizar por la memoria, la verdad y la justicia". Para el joven del Evita "hoy en día se sigue dando una historia de manual que, me parece, no aporta a esos debates, ni para que los estudiantes planteen dudas".

Eva Herrera, de 16 años, presidenta del centro de estudiantes de la Escuela Rivadavia e integrante de la FES, cuenta que viene de una familia "medio dividida" en lo partidario, pero que precisamente esos disensos hicieron que el debate político este "muy presente y metido en la casa".

La historia de Brenda Fretes es distinta. Tiene 15 años y al igual que su familia empezó a militar hace sólo dos años, después del triple crimen de Villa Moreno, el violento asesinato de tres chicos del barrio. Lleva con orgullo la remera del Movimiento 26 de Junio (M26- Frente Popular Darío Santillán), espacio que integraban los tres adolescentes ultimados a balazos en la madrugada del 1º de enero de 2012. "Nosotros veíamos que los chicos (del M26) hacían algo distinto y se movilizaban pidiendo justicia. Entonces me llevó mi mamá y empezamos la militancia hace dos años", comenta Brenda.

Dice que muchos amigos del barrio también se sumaron a la militancia "porque vieron un cambio muy fuerte en la sociedad, salieron muchas cosas a la luz y se hizo muy duro trasformar el dolor de la lucha, de levantarse todos los días recordando que mataron a nuestros compañeros". Y al igual que el resto de los chicos, se siente movilizada por la proximidad del 24 de marzo, y anticipa que participará de la marcha "para que eso que pasó en 1976 no vuelva a ocurrir".

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Demasiado chicos. José recuerda que tras un largo reclamo, desde 2013 la provincia cuenta con una ley de centros de estudiantes pero que aún en la práctica muchas escuelas no disponen de estos espacios. Al respecto, Eva rescata a los centros como instancias necesarias para "hacer escuchar la voz de los pibes, para que puedan hacer valer sus derechos y que en vez de romper algo o hacer quilombo se sientan incluidos para participar y transformar algo de su realidad sin bajarles línea". A su turno, Luciana recuerda que en el Poli las reivindicaciones pasan hoy por refacciones edilicias que son urgentes, pero comprende que "la situación de otras escuelas que están en barrios más precarizados o que no tienen tanta atención es mucho peor", por lo cual sostiene que el reclamo por mejores condiciones para aprender "debe ser una pelea en conjunto, por un aumento de presupuesto tanto nacional como provincial para educación".

Los jóvenes se plantan y cuestionan la idea de que son "demasiado chicos" para entender de política. O que si se movilizan y participan los hacen "por el choripán" o porque "los llevan engañados". José Dalonso contesta: "Eso me genera un total repudio, la banalización de la militancia es una política liberal que quedó impregnada de los 90. Nos dicen que militamos para salir de clases y perder tiempo, cuando hoy en los chicos el nivel de conciencia y organización es mayor y nadie se queda en el molde cuando pasa algo malo en la escuela, cuando hay que movilizarse por el medio boleto, las condiciones edilicias o porque balean a un pibe". Y agrega: "El vaciamiento de la política también lo vemos cuando Del Sel es candidato a gobernador, porque ese discurso liberal apunta a que los humildes, los estudiantes y los trabajadores no se organicen, para poder echarlos de una fábrica, para que no reclamen en la escuela o para que sigan asesinando a los chicos de los barrios".

Brenda apunta que cuando la ven volanteando para el Frente Cuidad Futura "por un lado algunos te felicitan, pero otros te estigmatizan diciéndome que a mi edad no puedo estar metida en política. O que si estoy ahí es porque me pagan o me llenaron la cabeza. Y uno lo hace porque cree en algo, porque también los que desaparecieron en la dictadura en su mayoría tenía entre 17 y 25 años".

"Los jóvenes se plantan y cuestionan la idea de que son demasiado chicos para entender de política"

Rodrigo aporta una interesante mirada: "Es contradictorio que hoy sea posible votar a los 16 años y se diga que no podemos tener una comprensión política a esa edad. Yo creo que cada persona puede desarrollarse, pasar por un proceso, escuchar distintos programas de partidos, agrupaciones o movimientos sociales y después sacar sus conclusiones. Por eso no me parece que la edad sea algo relacionado a eso. O estar habilitados para votar pero no tener en todas las escuelas centros de estudiantes o que no te dejen tener charlas de debate con los candidatos".

"Lo único que asegura que un referente o espacio político no sea una cáscara vacía es la militancia. Celebro esta generación militante", reflexionó hace poco Juane Basso, referente de la agrupación Hijos de Rosario. Los adolescentes que participan en diferentes espacios sociales o estudiantiles son fieles exponentes de una pibada incómoda que vale la pena ser escuchada.

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