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Domingo 29 de Mayo de 2016

La fotografía como rescate

El fotógrafo Matías Sarlo lleva adelante un proyecto para retratar y documentar el trabajo rural en extinción.

Hay un diálogo entre Nuestros pasos y Llanura, los libros de fotos de Matías Sarlo. Al recorrer sus páginas, se pueden escuchar ciertos aullidos, palabras como huellas que marcan ausencias. Pero se sabe, no hay ausencia sin presencia. Ese parece ser el mecanismo al que apela Sarlo para contar, a través de sus imágenes, ese lugar en el que nació, creció, abandonó y al que decidió volver para que no sea pura ausencia: el campo. El territorio en cuestión no es geográfico, como advierte el propio autor, es cultural. Tiene que ver con una forma de vida que algunas modalidades —el agronegocio, por ejemplo— fagocitan a diario.

Sarlo primero publicó Nuestros pasos. "Ya no solo se preguntaba cosas a sí mismo. A veces las preguntas se las hacía al campo que lo torturaba con su mutismo, con su presencia quieta y desafiante", dice la cita de Juan José Morosoli que Sarlo eligió para el inicio de su libro. La pregunta, esa pregunta es la que empuja a Sarlo a volver al campo, para buscar una forma de ser que él conoció y vivió.

Las imágenes que su repertorio provee en este primer libro son como pistas, para que la memoria opere contra el olvido. Recorrerlas obliga a recordar y a querer mirar junto al fotógrafo. La mirada de Sarlo retrata pero no invade, describe sin ingenuidad.

El relato continúa en Llanura, su segundo libro. La edición de las imágenes permite respirar un poco más, hay más aire. El blanco que enmarca a las fotos las despega quizá de ese tono siniestro que tiene aquello que muere, pero que no termina de perecer. El realismo de Sarlo molesta, inquieta.

En diálogo con Más, Sarlo explica su proyecto y busca palabras para hacer hablar a sus fotografías.

—¿Cuándo y cómo surge la idea de tu proyecto fotográfico? ¿Cómo es tu relación con el campo?

—Nací y crecí en un pequeño pueblo de la llanura pampeana. En el año 2000 migro a Rosario en busca de trabajo, como muchas personas lo hacen. Durante 2009 en unos de mis viajes para visitar a mis padres comienzo a notar cambios en el campo, no fueron repentinos, venían ocurriendo desde hacía tiempo. Esa situación me llevó a emprender un proyecto personal documental sobre los cambios en la cultura rural. Uno de los fotógrafos que más me gusta es Edward Curtis, quien retrató a pueblos originarios de EEUU durante 35 años, y pensé que quizá podría hacer lo mismo con el tema que elegí. Las primeras series son mas personales y de alguna manera busqué una aproximación a ese mundo que ya no era el que conocía. También comencé a utilizar el video y las entrevistas de audio para hacer un registro que me ayude a pensar el lugar.

—¿Cómo es el campo que vos querés mostrar con tus fotos?

—Durante muchos años trabajé para diarios y revistas haciendo fotografía de prensa. Intentaba que las imágenes fueran plásticas, que contengan información y sobre todo que fueran individuales, que tuviesen peso propio. En este trabajo quiero dejar de lado la imagen individual y crear un cuerpo de imágenes que indaguen en el nuevo paisaje rural y en las personas que lo habitan.

—¿Qué imagen recordás como primaria, la que te llevó a encarar este trabajo y de esta manera?

—Las primeras imágenes que recuerdo haber tomado y que dispararon este trabajo son de chacras abandonadas, sobre todo paredes que todavía conservaban rastros de las personas que vivieron allí.

—Está instalado que quienes tienen un campo son empresarios. ¿Qué fotografiás de ese mundo? Se ve cierta decadencia, algo que muere o que murió, directamente. ¿Qué es?

—En el campo hay muchos campos y no me refiero a una cuestión física. En las últimas décadas el campo en su mayoría pasó de estar formado por unidades familiares a unidades empresariales. Esa nueva lógica de producción se basa solo en los números, en las ganancias y lo que dicta el mercado internacional. Los medios ayudaron a instalar la idea de que quien no está dentro de esos parámetros de producción a gran escala es un atrasado. Actualmente estoy trabajando en historias de familias rurales que de alguna manera se resisten a entrar a ese sistema de producción. Ellos priorizan los lazos y relaciones familiares, la independencia, la libertad de que el sistema no les diga qué y cómo sembrar o qué y cómo criar. Ellos están insertos en una economía zonal en la que comercializan sus producciones. Para estas nuevas historias no solo trabajo en la llanura, también lo hago en Corrientes y Santiago del Estero, por el momento. La idea en conseguir apoyo económico para documentar por lo menos una familia rural de cada provincia.

—Ya no vivís en la ciudad ¿por qué?

—Fue una decisión que tomamos con mi compañera hace unos años. Sentíamos que la ciudad con su ritmo y consumo nos devoraba, vendimos todo y nos fuimos. De todos modos estamos a unos 50 kilómetros de Rosario y seguimos ligados laboralmente a la ciudad.

Bio

Matías Sarlo, nació en Rafael Obligado, provincia de Buenos Aires. Trabajó en los diarios El Ciudadano, Crítica y La Capital de Rosario. Colaboró en las agencias Associated Press, Archivolatino e Infojusnoticias. Actualmente trabaja de manera independiente para diferentes fundaciones y ONGs. Lucio V. Ediciones surgió en 2015. "Es un proyecto autogestivo y en el poco tiempo que lleva nos dimos cuenta que puede crecer porque hay un público abierto e interesado en la imagen —explica Matías Sarlo—. Por eso este año estamos trabajando en tres nuevas, un trabajo de Héctor Rio, otro de Alfonsina Grosso y uno de Diego Paruelo. Los libros de Lucio V. ediciones se pueden encontrar en Bochin Libros y en la FER (Feria de editoriales Rosarinas).

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