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Sábado 16 de Octubre de 2010

"La filosofía para niños desconfía de los discursos preestablecidos"

Gustavo Santiago es profesor de enseñanza media y superior en filosofía, autor de varios libros y publicaciones, pero sobre todo unos de los primeros en hacer punta en la Argentina con el Programa de Filosofía para Niños. A fin de mes será uno de los disertantes principales en el congreso internacional "Niños nuevos, soluciones nuevas" que organiza Ediba en Rosario.

Gustavo Santiago es profesor de enseñanza media y superior en filosofía, autor de varios libros y publicaciones, pero sobre todo unos de los primeros en hacer punta en la Argentina con el Programa de Filosofía para Niños. A fin de mes será uno de los disertantes principales en el congreso internacional "Niños nuevos, soluciones nuevas" que organiza Ediba en Rosario. Afirma que la meta aquí "es que los chicos puedan construir un pensamiento propio, pero abierto al contacto con otros".

La Filosofía para Niños hizo auge en la Argentina en la década de los 90. Desde 1994 Santiago trabaja en esta propuesta, de la que afirma tiene el gran desafío de superar las demandas de resultados rápidos y exitosos comunes a muchas modas educativas. No ahorra críticas para las propuestas escolares anunciadas como trabajo en valores, pero donde el discurso predominante es el del adulto.

—El programa de filosofía para niños tiene sus años en la Argentina, sin embargo sigue resultando novedoso cada vez que se lo menciona ¿Por qué ocurre esto?

—Es verdad, siempre hay alguien que se asombra. Por un lado tiene que ver que quienes estamos en esto nunca quisimos hacer algo masivo, porque se maneja una noción de trabajo distinta a las capacitaciones habituales. Aquí se necesitan grupos más pequeños, con más participación y docentes con una apertura particular. Otra cuestión es que algunos colegios terminan haciendo algo distinto a la propuesta original, y por eso luego las experiencias se caen.

—¿Esos cambios de rumbo no se relacionan con los movimientos institucionales que suelen afectar a las escuelas?

—Más que con esos cambios, creo que el proyecto no termina de entrar como debiera. Por lo general, los colegios que lo trabajan son en su mayoría privados, con un perfil progre, pero que terminan usándolo como marketing. Es decir, cuando cambia la moda ponen otra cosa. Es difícil encontrar el perfil del colegio que lo quiera sostener. También tiene que ver con una cuestión de apertura y de tiempos muy particulares. Es necesario aquí un docente que pueda manejar un tiempo apropiado para el pensamiento y no para la exposición. A veces se buscan resultados rápidos para mostrarlos y generar espectáculos. Si se hace un taller de tecnología y a fin de año se muestra una grúa que levanta juguetes, los padres quedan chochos, pero en este proyecto no hay nada para mostrar. Aquí no tienen toda la responsabilidad las escuelas, sino lo que la misma sociedad les demanda.

—¿Qué aprende un chico con este programa de filosofía?

—Lo más importante es la actitud: que es pararse de otra manera, es un aprendizaje a contramano, que invita a salir de las convocatorias a las adhesiones automáticas de estar a favor o en contra de. Implica posicionarse desde un lugar de pensamiento, de reflexión y de compartir algo en serio dentro del aula. Es decir, no se trata de compartir algo para quedar bien con la maestra, sino por la necesidad de construir juntos. Por eso cuando se habla de una actitud abierta, éticamente sensible, significa abrirse al otro porque juntos vamos a poder hacer más y mejores cosas. Y esto es cada vez más difícil. Pensemos, por ejemplo, en el tema de la competitividad en el aula, que aunque se la disfrace con trabajos en grupos, es muy fuerte. Cuando llega a la casa la madre le pregunta a su hijo cuánto se sacó y cuánto su amigo. Es una lucha a contracorriente, pero que vale la pena ir perdiéndola honestamente, porque ganarla es difícil.

—¿Qué diferencia a un programa de filosofía para niños de las propuestas de trabajo con valores en el aula?

—Sobre el tema de los valores escribí un libro para Novedades Educativas ("El desafío de los valores") porque justamente estaba harto de escuchar hablar del tema. Por lo general, los colegios que asumen la bandera del valor lo que hacen es transformarlo en un espectáculo. Estoy saturado de bicicletadas o campeonatos de ajedrez por la paz o cartitas en globos por la justicia. Son espectáculos emotivamente lindos, pero pregunto: ¿qué tienen que ver con la paz o la justicia? Nunca nadie me lo pudo explicar.

—Es muy parecido a cuando los chicos repiten discursos que a los adultos les encanta escuchar.

—Justamente en el libro que mencioné los dos pilares contra los que arremeto son la espectacularización y el discurso escolar políticamente correcto. Un chico desde muy chiquitito sabe qué tiene que decir para que el maestro lo aplauda y la madre se emocione. En la filosofía para niños el discurso no proviene de los adultos —como ocurre con el trabajo con valores— y se desconfía de esos discursos preestablecidos, que son inoperantes, que sirven para satisfacer la conciencia pero en los hechos no producen nada. Por el contrario en el programa, la idea es que los chicos puedan construir un pensamiento propio, singular, cada uno desde su particularidad pero abierto al contacto con otros.

M.I.

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