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Sábado 27 de Febrero de 2010

"La familia siempre influye en la elección de una carrera"

La familia siempre tiene influencia, y no sólo en la elección de una carrera". La opinión es del psicólogo Alejandro Litmanovich, un especialista en temas de orientación vocacional ocupacional que analiza los vínculos entre padres y jóvenes universitarios. Se refiere a cómo a veces los adultos intervienen en la vida de los jóvenes quitando espacio a la autonomía. Hace referencia además a las llamadas "sintomatologías vocacionales", como la falta de compromiso a la hora de estudiar.

La familia siempre tiene influencia, y no sólo en la elección de una carrera". La opinión es del psicólogo Alejandro Litmanovich, un especialista en temas de orientación vocacional ocupacional que analiza los vínculos entre padres y jóvenes universitarios. Se refiere a cómo a veces los adultos intervienen en la vida de los jóvenes quitando espacio a la autonomía. Hace referencia además a las llamadas "sintomatologías vocacionales", como la falta de compromiso a la hora de estudiar.

Litmanovich es psicoterapeuta, orientador vocacional, doctorando en psicología clínica por la Universidad de Belgrano, además de docente de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), entre otros datos de un vasto currículum.

—¿Cuánto influye la familia en la elección de una carrera?

—La familia siempre tiene influencia, no sólo para la elección de una carrera. Esto porque los padres tienen expectativas personales y eso es inevitable para los hijos. También ocurre en las familias ensambladas, aún con esos hijos nuevos que integran la sociedad familiar. Es común que intervengan con una serie de cuestiones y si el adolescente está en trance de armar su proyecto de vida (que no significa sólo algo ligado al estudio también puede ser al trabajo), opinan y muestran sus expectativas. Ahora un problema nuevo aparece cuando las relaciones entre padres e hijos son de simetría.

—¿Qué caracteriza a estas relaciones?

—Significa que los padres establecen con sus hijos vínculos de par, donde hay falta de límites por la confusión de roles. Si sos un par la autoridad no se respeta. Esa simetría es transmitida inconcientemente, confirmada, por ejemplo con excesos de confidencias a los hijos y de explicaciones. Hoy los padres dan explicaciones de todo, y no logran crear un ambiente emocional seguro que permita a los hijos conectarse con sus deseos, y si se quiere hasta elegir una carrera.

—¿Estos nuevos vínculos influyen en el armado de un proyecto propio?

—Es así. Y producen entre otras cosas, lo que se llaman las "sintomatologías vocacionales". Por ejemplo, la desmotivación, insatisfacción y apatía ante el mundo exterior.

¿Padres en la universidad?

Padres que reclaman porque a su hijo no se le permitió rendir una materia, madres a las que no les gusta cómo se enseña una cátedra y aquellos en general que cuestionan hasta la organización de una facultad. Todo en nombre del nene o la nena.

—¿Qué opina de este tipo de situaciones?

—Que hay una invasión de lugares, en este caso de adulto. Cuando los padres sobreprotegen a sus hijos no les dejan el lugar de protagonistas que les permita conectarse con sus proyectos de vida. Terminan por suplantar ese rol.

—Algo así como no dejarlos crecer.

—Es así. Pasa que a veces, cuando se dan relaciones de simetría los padres funcionan como "haciendo el aguante" y poniéndose al lado para protestar. He atendido casos donde los padres atacan la autonomía de los jóvenes, en lugar de acompañarlos. Recuerdo el caso del padre de una joven pronta a graduarse que hizo un escándalo en la universidad por una materia. Es algo que le corresponde a la estudiante, de lo contrario su padre estará detrás siempre resolviendo el conflicto, y eso de alguna manera deja inmaduros a estos jóvenes. En estos casos reaccionan al ver "desprotegidos" a sus hijos, y así suplantan la acción que debieran ejecutar ellos. Hay una invasión y, en los casos más graves, un ataque feroz a la independencia.

—¿Cuál es entonces la mejor manera de acompañarlos?

—Con una conversación adulta, madura, donde no haya confusión de roles ni suplantación de protagonismos. No se trata de decir "arreglátelas solo", sino de acompañar. Hay que preguntar por su vida estudiantil con respeto y con amor. Eso valida al otro. Lo mejor es un acompañamiento con contención emocional, pero también con firmeza. Es decir, donde los padres se constituyan en una guía no autoritaria pero si con autoridad.
 

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