La ciudad
Miércoles 29 de Junio de 2016

La explosión en el laboratorio afectó a una decena de casas de la cuadra

Las primeras pericias apuntan a una falla en el sistema que controlaba la presión de la caldera como la causa del estallido.

Los agentes de Defensa Civil constataron que la onda expansiva causada por la explosión en el Laboratorio Apolo (Alem al 2900) fue tan grande que provocó grietas, deformación de aberturas y roturas de vidrios en por lo menos una decena de viviendas de la manzana, además de en las dos que destruyó completamente. Por otra parte, las primeras pericias realizadas tras la explosión, apuntan a una falla en el sistema que controla la presión de las calderas como desencadenante del siniestro que dejó a cuatro personas heridas, una de ellas de gravedad.

Pasada la sorpresa y la agitación generada por el siniestro, los agentes de Defensa Civil terminaron recién ayer de retirar chapas, cabreadas y ramas de árboles que, después del siniestro, habían quedado dispersas en techos, terrazas y patios internos de toda la manzana.

Así, ayer se constataron daños en una decena de propiedades de la manzana que habían sufrido las consecuencias del siniestro. Según explicó el subdirector de Defensa Civil, Gonzalo Ratner, "se trata de viviendas que se encuentran por la calle Alem y por Amenábar, que presentan grietas, deformación de aberturas o roturas de vidrios".

Estas propiedades no habían sido consideradas en una primera evaluación de los daños, donde se contabilizaron un comercio convertido en escombros, una casa con riesgo de derrumbe y otras dos más con daños, pero sin riesgo estructural.

En todas las casas de la manzana se trabajó despejando techos y terrazas de los objetos volados por la estampida. "Priorizamos realizar ese trabajo para garantizar la seguridad del entorno lo más rápido posible", sostuvo Ratner.

En forma paralela, se regularizaron los servicios de gas y electricidad en las casas linderas al depósito colapsado por lo cual, a excepción de la familia Sánchez (habitaban la casa vecina al sector donde voló la caldera), quienes vivían en el resto de las propiedades aledañas al laboratorio pudieron volver a su casa.

El pasaje Drumond ya no permanece cerrado al tránsito y sólo se mantienen las cintas de seguridad sobre parte de la vereda donde se produjo el derrumbe. El lugar permanece preservado y a disposición de la justicia.

Pericias. Por otra parte, los expertos del cuerpo de Bomberos Zapadores terminaron ayer de elaborar los resultados de la primera inspección ocular realizada en el depósito del laboratorio donde se desató el siniestro. Una habitación ubicada sobre el fondo de la planta, con una salida por un pasillo que se abre al pasaje Drumond, donde se registraron las peores consecuencias del estallido.

Según el informe girado a la fiscalía, el siniestro se generó por una sobrepresión de vapor en una de las dos calderas que abastecían a la fábrica. "Evidentemente lo que falló fue el sistema que controla la presión de las calderas", explicó una fuente que accedió a la pericia y apuntó que la despresurización de las calderas "suele hacerse en forma automática, pero en caso de mal funcionamiento de este mecanismo puede practicarse en forma manual".

Esta última hipótesis, un mal funcionamiento del tablero automático de las calderas, se abona por varios videos hechos públicos por vecinos que muestran grandes fugas de vapor de agua del laboratorio.

Las pericias indican que "no fue que la caldera explotó, sino que por la gran presión se desconectó de alguno de los caños que llevan el vapor y salió despedida, impulsándose como un torpedo hacia arriba y hacia adelante", advirtió la misma fuente.

Por eso, tras la estampida, la caldera atravesó el muro que separaba el depósito del laboratorio de las viviendas linderas, llevándose a su paso las medianeras y terminó expulsada casi sobre la vereda.

De acuerdo al trabajo del cuerpo de bomberos, el humo que vieron los vecinos no fue producto del fuego, sino de vapor de agua a gran presión. Y este elemento fue lo que causó graves quemaduras a uno de los habitantes de la casa lindera a los fondos del laboratorio. Un hombre de 60 años, Juan Carlos Sánchez, que ayer permanecía internado en terapia intensiva en el sanatorio Británico.

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