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Sábado 04 de Julio de 2015

La estupidez al poder

Lo ocurrido antes y después del insólito viaje de una voluptuosa vedette dentro de una cabina de avión con los dos pilotos embobados por su figura fue un retrato de parte de la sociedad argentina. El encandilamiento narcotizante por los famosos mediáticos, la violación a la norma y la búsqueda de dinero fácil.

Como si el pueblo griego no tuviera pocos problemas que enfrentar por estas horas, casi al borde del colapso económico producto de malas políticas domésticas e internacionales, también se enteró que una joven mujer argentina con ascendencia helena ocasionó un sacudón de tal magnitud que llegó a la prensa mundial.

 En los principales diarios del planeta se difundió la información sobre cómo una voluptuosa vedette había “piloteado” un avión que estaba al mando de dos embobados pilotos que le permitieron acceder a los controles y permanecer en la cabina durante un corto vuelo de Austral entre Buenos Aires y Rosario. 

El video del viaje que grabó Vicky Xipolatakis y que luego “entregó” a un medio de comunicación parece un retrato de parte de la Argentina. Su contenido, de unos pocos minutos, ofrece algunas pistas interesantes del estado de la sociedad, ganada por la banalización, las luces de los famosos y la permanente inclinación a violar las normas.

 El diálogo entre la vedette y los dos pilotos es imperdible porque transita por la estupidez absoluta de dos hombres hipnotizados por una mujer provocativa, hace referencia a que están volando en una empresa del Estado que se sostiene con impuestos y se admite que se estaba cometiendo una violación a las normas de seguridad con casi cien pasajeros a bordo. “¿Esto no saldrá en Showmatch, no? Yo me voy a hundir, pero vos te venís conmigo si caigo en desgracia”, le dijo sonriente a la vedette uno de los tripulantes, el más activo en la filmación.

Más allá de los controles que cualquier empresa aérea exige a sus pilotos, cómo se puede explicar que dos profesionales altamente preparados para enfrentar con temple situaciones de emergencia, capacitados para volar una máquina con decenas de pasajeros y un excelente nivel salarial hayan sucumbido a lo intelectualmente más bajo para quedar virtualmente embobados por una mujer que hacía todo lo posible para generar un clima sensual e histérico.

Después de mirar el video daba la sensación que si Xipolitakis les pedía acercar el avión al Monumento para verlo de cerca o aterrizar en el río Paraná, su deseo hubiera sido cumplido porque los pilotos habían perdido la capacidad de juicio. “Cuando te veo, me pongo a temblar y me siento feliz, van a pensar que el comandante es un idiota o medio tarado”, fue la increíble confesión de uno de los tripulantes como si estuviera frente a Afrodita, la diosa griega del amor, la belleza y el deseo. A confesión de partes, relevo de pruebas. El piloto se autodefinió con claridad en esa situación y quedó reducido a la mayor estupidez, cosa que no sería grave si no hubiera tenido que llevar a destino nada menos que un avión con pasajeros.

Quedó evidenciado en esta situación que la imagen de los famosos de la farándula que ganan los medios de comunicación todos los días pasan a convertirse en ídolos admirados, deseados e inalcanzables. Pero cuando por azar se los tiene en presencia, como en este caso, son capaces de desestabilizar hasta la personalidad más rígida. Es obvio que si Xipolitakis hubiera hecho honor a su apellido y ancestros, no se hubiera mostrado semidesnuda y en lugar de vedette se dedicara a la filosofía griega, tamaño despropósito nunca hubiera ocurrido dentro del avión. ¿Cuánto contribuyó a todo esto el personaje que ella misma ha creado, acostumbrada a la generación de escándalos que son reproducidos inmediatamente en las pantallas de televisión? La diferencia, abismal, es que aquí no se trató de si Xipolitakis se desnudó en una playa de Miami, sino que puso en riesgo la seguridad de un vuelo al desplegar todo su histrionismo para idiotizar a dos pilotos, supuestamente responsables, y encima filmarlos con aviesa intención, como quedó demostrado después.

La responsabilidad de las personas, enseñanza que se debería incluir en la currícula escolar desde la escuela primaria, es un tema que la psicoanalista Janine Puget aborda en su libro “Subjetivación discontinua y psicoanálisis, incertidumbre y certezas” (Editorial Lugar, 2015). Allí sostiene que “el difícil tema de la responsabilidad incluye la idea de hacerse cargo de un otro aunque ese otro pueda ser el sujeto mismo. Esto es, –explica Puget– hacerse responsable de sus propias decisiones invita a asumir las consecuencias de las mismas y la no universalidad de los valores. Es también responder a un deseo, responder de las consecuencias y responder por lo que pudiera pasar a partir de las mismas”.

Tras el vuelo.  Lo que ocurrió después de conocido el video también es interesante analizarlo porque se metió de lleno en la campaña política para las elecciones de mañana en la ciudad de Buenos Aires donde los porteños elegirán a su intendente. Desde el gobierno nacional se adjudicó el momento de la aparición del video, a pocos días de los comicios, como una intención para perjudicar a Mariano Recalde, presidente de Aerolíneas y candidato kirchnerista. Sin embargo eso no queda muy claro y todo este episodio huele más a la intención de lucro de una vedette especuladora que no sólo usó a dos pilotos sino que los dejó sin trabajo y con serios problemas familiares. De todas maneras, personalidades tan maleables a los estímulos como las que demostraron los tripulantes son mejor tenerlas abajo de los aviones.
Lo que llamó la atención es que el video que grabó Xipolitakis sólo se conoció a través de un canal porteño y nunca antes estuvo disponible en las redes sociales, con lo que es más que probable que la propia vedette lo haya comercializado. Xipolitakis no tuvo escrúpulos por lo que podría generar esa filmación, no sólo para los pilotos sino para los pasajeros de ese vuelo, que se enteraron que ella interfirió notoriamente en la capacidad de concentración en la cabina y relajó todos los controles.

Según reveló un periodista de otro canal al que difundió el video, ese material fílmico le fue ofrecido a él por la propia vedette, confirmando así que intentó venderlo al mejor postor. Lo que no se sabrá es si Xipolitakis filmó el video con la intención de comercializarlo y montó adrede una escena en la cabina o luego de la filmación advirtió, o alguien se lo hizo saber, que contaba con una mercancía apetecible. 
Se trate de cualquiera de las dos posibilidades, es una señal de la nula ética y moral de la vedette, porque a esa altura ya sabía que provocaría un escándalo que le arruinaría la vida a dos pilotos irresponsables y que causaría un perjuicio a la empresa estatal por los juicios que seguramente le iniciarán los pasajeros del vuelo. Más aún increíble fue la publicación vía Twitter que Xipolitakis difundió horas después del escándalo: “Yo no sabía que no se podía ir a la cabina, el piloto y el copiloto me invitaron. ¿Alguien piensa que conozco el artículo de la aeronáutica que (dice) no se podía? No lo sé, los que lo tenían que saber son los pilotos y no yo”, se defendió al tiempo que su abogado anunciaba que enjuiciaría a los pilotos por “acoso sexual”.

Sin embargo, y pese a este descargo, durante la filmación se advierte con claridad cómo mientras Xipolitakis grababa dentro de la cabina sabía que estaba cometiendo alguna irregularidad. “Esto no va a ningún lado, si no vamos todos presos”, le dijo la vedette a uno de los pilotos que manifestó algún grado de preocupación por lo que estaba sucediendo.

Bajezas. Xipolitakis no sólo que entregó el video a cambio de algo, embaucó con su atributos a los pilotos y arruinó la vida de sus familias, sino que ahora trata de despegarse de la situación adjudicándole toda la responsabilidad a los tripulantes, que la tienen, pero victimizándose por supuesta ignorancia de las normas aéreas. Demasiado guión para una novela que aparentemente le escribe un abogado mediático que participa del “Bailando” de Tinelli. Toda una señal.  

Este episodio, más allá de la estupidez de los tres protagonistas, deja al desnudo cómo en ciertos sectores de la sociedad la búsqueda del dinero fácil, el exhibicionismo y el egoísmo más absolutos son moneda corriente. Alimentado, por otro lado, por miles y miles de personas que, como los pilotos seguramente, consumen a diario basura televisiva farandulera que potencia una sensación narcotizante mediante lo cual lo trivial se convierte en relevante y deseado.

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