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Lunes 27 de Octubre de 2014

La estructura del Tata empezó a crujir

¿Qué está pasando en Newell’s, que alguna forma de virulencia viene ganando espacios? Y lo extraño, ¿es cuestión de barras, de las conocidas como bravas, o viene emergiendo una de otro tipo, de raigambre fundamentalista que niega al otro y no acepta una derrota como una de las tres posibilidades del juego?

¿Qué está pasando en Newell’s, que alguna forma de virulencia viene ganando espacios? Y lo extraño, ¿es cuestión de barras, de las conocidas como bravas, o viene emergiendo una de otro tipo, de raigambre fundamentalista que niega al otro y no acepta una derrota como una de las tres posibilidades del juego? Cierto o no, cultores de la intolerancia que no toleran que un mal resultado ante Central sea posible, coparon la escena el sábado con muy mala memoria, colgando banderas hacia los mismos jugadores que hace un año atrás aplaudían y que formaron parte de un ciclo que, entre otras cosas, sacó al club de un descenso más que probable, lo llevó al título y hasta a soñar con la chance de la Copa Libertadores, pasando del último al mejor promedio del fútbol argentino, con su punto más alto celebrado hace menos de un año y medio.

Y quedó en evidencia que no fue un hecho espontáneo, como lo es en general el fútbol y la reacción de los hinchas. Y, por acción o omisión, pareció contar con la venia de quienes conducen. Porque las colgaron cuando no había nadie en el estadio, prácticamente en todo el perímetro. Y ahí permanecieron todo el partido ante Godoy Cruz, señalando a un sólo culpable.
Es entendible el dolor de la derrota en el clásico, que se potencia porque es la tercera seguida y porque hace mucho no se le gana a Central. Pero de ninguna manera un partido puede ser el único fin que persiga una institución, que es adonde pareció apuntar la dirigencia con sus declaraciones de la semana pasada.

Y el Coloso apareció embanderado en contra de un plantel que tantas alegrías le dio al club y, sobre todo, tantos problemas le evitó, más allá de todas las responsabilidades que ahora pudieran caberle. Es cierto, hay derecho a expresarse siempre que sea sin violencia, y la intimidación no pasó de los trapos, pero el mensaje de algunos, que en verdad no prendió con la misma aspereza en el resto y habría que ver si efectivamente lo representan, quedó claro.
En la semana pos clásico, también se hizo público el apuntalamiento hacia la visera Gerardo Martino. Todo un símbolo de una estructura que parecía asentada en las bases futbolísticas que fundó el Tata y que empezaron a crujir. Y lo llamativo, desde sus cimientos.

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