El Mundo
Sábado 14 de Mayo de 2016

La estrella roja del Partido de los Trabajadores de Lula y Dilma está en declive

Trece años después de su llegada al poder, la organización de izquierda sufre un duro golpe tras la suspensión de la presidenta.

La estrella roja, símbolo del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) del ex presidente Jose Inácio Lula Da Silva y de Dilma Rousseff, palidece, asociada ahora a la corrupción. Pero los expertos afirman que no se ha apagado del todo. Trece años después de su llegada al poder —el mayor ciclo de un partido en el gobierno brasileño desde la dictadura (1964-85)— el "partido de la ética" vio su trayectoria brutalmente interrumpida por el Senado, que el jueves último abrió un juicio político a Rousseff y la suspendió del cargo.

   Acusada de maquillar las cuentas públicas pero no de corrupción, la ex guerrillera de 68 años fue apartada del poder durante un plazo de hasta seis meses antes de su juicio final en la Cámara alta, probablemente en septiembre. Sus probabilidades de retornar al gobierno son casi nulas.

   Ahora es su vicepresidente, Michel Temer, de 75 años, quien ocupa su puesto, desde donde ya ha designado a un gabinete de transición que podría llegar hasta las próximas elecciones presidenciales de 2018, cuando el PT volvería a presentar un candidato. "El PT tiene la mejor red partidaria, con representantes en el 98% de las ciudades. Esa gran fuerza de organización no se acaba de la noche a la mañana", afirmó Adriano Codato, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Paraná. Para el docente, sin embargo, el PT sufrirá "una hecatombe" en las elecciones municipales de octubre, ya que su "marca" está ahora asociada a la corrupción y aparece desde hace meses como "el mayor mal de la política brasileña en la prensa".

Racismo de clase. "El PT ha sido víctima de sus errores —como no haber resuelto sus problemas de corrupción—, pero también de sus éxitos como instaurar cuotas para los negros en la Universidad, que alimentaron un racismo de clase contra el gobierno", continuó Codato. La clase media, que apoyaba al PT porque denunciaba la corrupción, lo ha abandonado al ver que su política "ha beneficiado a los más pobres y los más ricos". "Como profesor, pago un 27,5% de impuestos por mis ingresos. Si fuera rentista, si tuviera 15 departamentos alquilados, sólo pagaría el 8%", citó como ejemplo.

   Las manifestaciones masivas de junio de 2013 contra el costo de la Copa del Mundo y en reclamo de mejores servicios públicos dieron la voz de alarma sobre un malestar que en aquel momento no fue tomado en cuenta. El PT debió "al menos hacer su autocrítica", juzgó Codato.

   Tarso Genro, de 69 años, ex ministro de los gobiernos de Lula y hombre fuerte del partido en el Estado de Río Grande do Sul (sur del país) ha sido uno de los pocos miembros del PT que ha dado el paso de pedir una "refundación". "El PT perdió la ocasión de refundarse en su último congreso (junio de 2015), donde prevaleció de nuevo la opción política de mantenerse en el poder a cualquier precio, con la esperanza de que el PMDB (el centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño de Temer) volviera a ser nuestro aliado estratégico", explicó Genro.

   Este ex ministro de Justicia milita por un regreso de la formación a sus bases ideológicas, por "el examen de sus triunfos, que han sido numerosos, así como de los errores y límites, para enfrentar esta nueva fase de mundialización liberal dominada y dirigida por el capital financiero, que no duda en relativizar la democracia para proteger su proceso de acumulación", añadió.


Reorganizar la izquierda. Y Lula, el gran icono del éxito de la izquierda latinoamericana, ¿estaría en condiciones de salvar a su partido? Con un 20% de intenciones de voto, el ex presidente (2003-2010) encabeza los sondeos para las presidenciales de 2018 y sigue siendo el terror de la derecha. Pero también genera ahora un importante rechazo. Genro, abogado de profesión, ignora "si Lula quiere ser candidato o si tendrá las condiciones legales" para serlo, ya que la Fiscalía ha solicitado permiso a la Corte Suprema para investigarlo por posible corrupción en el marco del megaescándalo en Petrobras.

   Piensa que las "persecuciones" a las que ha sido sometido el ex presidente tenían como objetivo "retirarlo de la carrera presidencial" para 2018. En este momento, es necesario que el PT "reorganice la izquierda unificada para presentar un programa alternativo a las reformas neoliberales que Temer quiere implementar", subrayó.


Renovación. Apoyado en su proyecto político que permitió a 40 millones de brasileños salir de la pobreza, "el PT puede reconstruirse ya que posee una buena estructura, pero va a tener que renovarse", valoró por su parte Fabio Malini, de la Universidad Federal de Paraná (sur). "La principal herencia del PT es una mejor distribución de renta, pero va a tener que retomar un programa que abandonó hace tiempo", añadió.

   El PT ha decepcionado a su electorado de izquierda al seguir una tradición de alianzas oportunistas con partidos de todos los espectros. Un descontento que se ha incrementado por su renuncia a viejos estandartes del partido como las reformas agrarias, del sistema electoral o de la salud pública. Lula condujo el boom socioeconómico de Brasil entre 2003 y 2010 y llevó al gigante emergente al primer plano de la escena internacional. Las esperanzas, sin embargo, fueron desvaneciéndose con el gobierno de Dilma Rousseff (reelegida en 2014), que acabó siendo engullido por la recesión económica y por el megaescándalo de corrupción en Petrobras.

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