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Jueves 17 de Noviembre de 2016

La esperanzadora historia de Daniel, el pibe de la villa que hoy triunfa diseñando videojuegos

Daniel Simons se crió en Villa Illia, en el Bajo Flores. Muchos de sus amigos terminaron en la cárcel o muertos. El eligió otra cosa. Hoy busca fondos para promocionar Bildo, un videojuego al que define como "la metáfora de mi vida".

Daniel Simons no la pasó bien de chico. Un padre que llegaba tarde y cansado del trabajo y una madre que eligió irse a los 15 años entre un puñado de pastillas para la depresión. Los jueguitos eran su mundo, su escape de una realidad durísima que lo golpeaba como a un boxeador contra las cuerdas.
Se dio cuenta a tiempo y decidió estudiar programación. Y no se equivocó: hoy está tratando de juntar dinero para terminar el diseño de su último juego.
Allá, en el Bajo Flores, en el Barrio Illia, la mayoría de sus amigos terminaban mal y el no quería caer en esa. "Los juegos eran lo único que me entretenía. Tenía un amigo en el barrio y terminaba en la cárcel o lo mataban", cuenta hoy con la mirada puesta en otro lugar.
Empezó con esa pasión a los diez años. "A mí los videojuegos me generaron muchas emociones y me cambiaron la vida. No lo tomo como un pasatiempo. Para mí fueron como un amigo", refleja por estos días.
Solo, sin ayuda, mirando en detalle tutoriales en Internet y en Taringa!, comenzó a desarrollar sus propios videojuegos.
Cuando el gobierno de Cristina Fernández organizó el concurso "Desafío Dale Aceptar", se inscribió y ganó el primer premio con un jueguito que desarrolló en pocas semanas mientras iba al secundario y se ganaba unos pesos trabajando en una panadería.
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"Me gané una Play Station que vendí para comprarme una computadora mejor para seguir jugando. Me invitaron a la Casa Rosada y todo", detalla como si fuera la mejor historia de su vida.
Hoy, a los 23 años, tiene un objetivo por cumplir: llevar a su Bildo a todos lados. Se trata de un juego tipo puzzle que cuenta la historia de un personaje que, al ver que su mundo está triste, va en busca de colores para devolverle la felicidad a su planeta.
Daniel armó una campaña en Idea.me, y un post en Taringa! para promocionarlo, en donde busca conseguir fondos para poder terminar el juego y llevarlo a todas las plataformas: PC, Linux, Mac y una versión para Android.
"El juego en sí es una metáfora de lo que me pasa en mi vida. Tiene que representar sensaciones, que sea arte", tira.
Y quizás la vida de Daniel se defina en estas palabras: "Soy una persona que si quiere algo va, lo hace y lo cumple. La vida me enseñó a no rendirme y a no bajar los brazos. Si hay alguien que puede hacerlo soy yo".

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