Docentes
Sábado 15 de Octubre de 2016

La escuela wichi que le hace frente a la exclusión

Es la Cacique Francisco Supaz del Impenetrable chaqueño. Jóvenes rosarinos compartieron la experiencia educativa.

En el paraje Pozo del Sapo ubicado a unos cinco kilómetros de la localidad de Misión Nueva Pompeya, en el corazón del Impenetrable Chaqueño, se erige, entre frondosos árboles la Escuela Cacique Francisco Supaz. Forma parte de un proyecto intercultural bilingüe emancipador que trasciende las fronteras de cualquier intento de exclusión. Durante una semana se unieron a esa experiencia educativa jóvenes de Luján, Tigre y de Rosario; también de Montevideo. Todos pertenecientes a distintas escuelas Maristas.

Allí, en los distintos parajes, habitan integrantes de la comunidad wichi, actores principales de una maravillosa urdimbre que entreteje historias, recuerdos, alegrías, tristezas y que prioriza el respeto por las diferentes identidades como lema de vida.

La escuela surge ante el pedido de distintas familias aborígenes a los hermanos Maristas, instalados en Nueva Pompeya en 1979. Una escuela que contemplara el idioma, las danzas autóctonas, el lenguaje artístico, las artesanías, el trabajo de la tierra y la espiritualidad indígena, entre otros aprendizajes que no integraban el diseño curricular oficial.

Además, no contaban con docentes bilingües y ante la necesidad de comunicación se abría un profundo sentimiento de frustración. La educación en esas condiciones era tan sólo una utopía. "Soñaban con una escuela que les respetara todo eso, que estuviera más inserta territorialmente en el ámbito rural que es el que abunda. A ese grupo de padres y madres nosotros los llamamos los padres y madres fundadores guiados por un hermano Marista, el Hermano Teo", recuerda Horacio Magaldi, miembro de esta congregación y director del secundario de la Escuela Cacique Supaz.

Los hermanos Maristas primero reclamaron al Estado, pero con el argumento de que ya había una escuela, les negaron al pedido. La congregación religiosa decidió entonces construirla con sus propios recursos. En 1994 se pidió permiso a la comunidad wichi para su construcción. La escuela se inició con 44 alumnos y alumnas de distintos parajes. Hoy la población estudiantil se triplica y se incorporaron los niveles inicial y secundario. En este año, egresan catorce chicos y chicas de la escuela obligatoria.

"Hemos tratado de mantener una relación fluida con la comunidad porque para nosotros la escuela nace de la comunidad. Está gobernada por un concejo educativo y un concejo de gestión educativa y comunitaria que integran los equipos directivos de primaria y de secundaria, además de representantes de los padres delegados", sostiene el hermano Magaldi.

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La institución sostiene un proyecto intercultural bilingüe.
La institución sostiene un proyecto intercultural bilingüe.

Como en la colonia

El imaginario social construye y deconstruye. Todavía en gran parte de nuestro riquísimo Norte se escuchan voces que "separan" a los pueblos originarios de criollos y éstos del hombre blanco. Estas construcciones socioculturales son una transpolación de las clases sociales que se mantienen y sostienen desde el tiempo de la colonia. Categorías que refuerzan un sistema de dominación y gozan de una naturalidad casi indiscutida. Es decir, se le atribuye una falsa identidad porque, si se lo piensa en términos económicos, el criollo como clase social surge como —dice Horacio Córdoba, trabajador social de la escuela— "un sujeto social que eran los hijos de españoles puros".

Siguiendo esa lógica, el sujeto social indígena sería el "más bajo de la escala". "Los criollos acá son tan pobres como los indígenas pero en el imaginario colectivo está la idea de que es superior y el blanco por excelencia es el dueño de las tierras", agrega Córdoba.

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La escuela cuenta con los tres niveles de la educación obligatoria.
La escuela cuenta con los tres niveles de la educación obligatoria.

Sobre el tiempo

Vivimos un tiempo impuesto, que tal vez no nos pertenece. Insistimos tozudamente en aferrarnos al reloj. Lo decía Cortázar en su poema "Cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire (...), te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo, pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca...".

Si hay algo que reconocer en la cultura wichi es el respeto hacia la mujer, la solidaridad, el valor de la palabra, una sensibilidad pocas veces vista y su extraordinaria cosmovisión en relación al tiempo.

"Ustedes tienen el reloj, nosotros el tiempo", repite Rubén Lucas, quien forma parte de la comunidad Marista y participa activamente en distintos proyectos culturales de la escuela, y destaca en esa frase la relación de la comunidad wichi con la temporalidad.

La cultura wichi se oxigena con los ciclos de la naturaleza, los ciclos de la vida. Los cambios climáticos condicionan el trabajo en la tierra, el cuidado de los animales y la vegetación o el desplazamiento de un paraje a otro.

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Desde nivel inicial hasta tercer grado se enseña wichi.
Desde nivel inicial hasta tercer grado se enseña wichi.

Proyecto pedagógico

Desde el nivel inicial hasta tercer grado, inclusive, en la escuela Cacique Francisco Supaz se enseña en wichi. Las y los docentes criollos trabajan junto con los auxiliares docentes aborigen (ADA). "Estamos aprendiendo para poder comunicarnos con los chicos y llevar así una mejor educación. Cantamos canciones, el abecedario, los días de la semana, todas las actividades las hacemos en su lengua materna", comparte la maestra de nivel inicial Patricia Rizzo Patrón sobre la necesidad de esta asistencia.

El secundario cuenta con un docente auxiliar por año para abordar distintas situaciones con las y los adolescentes. Se trabaja en red, de forma horizontal, consultando y respetando la palabra de profesores y profesoras sobre la trayectoria escolar de cada chica o chico.

"Si hay algo que reconocer en la cultura wichi es el respeto hacia la mujer, la solidaridad, el valor de la palabra y su cosmovisión del tiempo"

El acompañamiento es una prioridad afirma el hermano Horacio a la vez que define la relevancia de la figura del profesor guía: "Es quien más conoce al alumno. Sabe por qué no viene a la escuela o qué le está pasando. Es quien lo visita si falta, le lleva las tareas, y si son alumnas-madres cuando no pueden asistir les lleva el trabajo para que lo hagan en su casa".

Por estos días la escuela construye un diseño curricular con materias relacionadas a la interculturalidad y el bilingüismo en la primaria. Un diseño que tiene en cuenta la realidad y el contexto de los niños y niñas. "Yo trabajo adaptando mucho porque hay distintas realidades en el salón. Hay distintas edades también, exige mucho trabajo nuestro", manifiesta Erica Saez docente de sexto grado.

La capacidad de resiliencia de los pueblos originarios es una característica insoslayable. La fuerza de su espiritualidad los posiciona en otro plano, uno que difícilmente podamos sentir mientras no se pueda pensar y construir, desde una sociedad que respete las diferencias y donde prevalezca el valor supremo por la palabra como lo viven cada uno de los integrantes de la comunidad.

Los niños, niñas y adolescentes, maestros y maestras, directivos, y todos los actores sociales que forman parte de la Escuela Cacique Francisco Supaz mantienen un compromiso que derriba muros, que enaltece la educación y que sin lugar a dudas hace florecer pupitres.


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