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Viernes 22 de Junio de 2012

La escuela secundaria y la sobreedad

En la Argentina, 2 de cada 10 chicos van a este nivel con más edad de la que les corresponde. Santa Fe no queda afuera de esta situación

Dos de cada diez alumnos secundarios de la Argentina estudian con sobreedad. El dato es aportado por un informe del Capítulo Infancia de la ONG Periodismo Social. Se trata de chicos y chicas que van a la escuela con mayor edad a la correspondiente, ya sea por haber repetido de curso o por haber ingresado más tarde, entre otras razones. Una realidad a la que no escapa la provincia de Santa Fe. Los sectores más pobres son los más afectados y en el caso santafesino la situación se acentúa en las escuelas rurales. Aseguran que esta problemática compromete a los “profesores a ser más creativos y a esforzarse más” para asegurarles a los estudiantes el secundario obligatorio.

Las consecuencias de llegar a la etapa secundaria con mayor edad que la prevé el nivel —señala el informe— representa para muchos adolescentes “menos oportunidades y menos posibilidades de completar los estudios en las mismas condiciones en que lo hacen sus compañeros. Es decir, un derecho vulnerado por donde se lo mire”.

Para este trabajo sobre “Secundaria y sobreedad”, Periodismo Social se basa en un estudio del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, que reúne datos de una encuesta realizada en varias ciudades del país. El Barómetro es una publicación que realiza la Universidad Católica Argentina (UCA) junto a Fundación Arcor, Fundación Telefónica y Fundación Minetti.

Rezago. A la situación de chicos aprendiendo con sobreedad en la escuela se la conoce como “rezago educativo”; y según señala el Barómetro “es más común en las grandes ciudades que en las medianas o pequeñas y afecta principalmente a los chicos y chicas que viven en los sectores económicos más desfavorecidos”.

“Esta realidad está presente en el 31 % de los alumnos secundarios de los sectores más empobrecidos, contra apenas el 9 por ciento de los chicos de sectores más ricos”, continúa el estudio. “Estos datos también tienen un componente social: en general el rezago repercute más entre los chicos y chicas que viven en sectores más pobres”, destaca Ianina Tuñón, coordinadora general de la investigación. La investigadora agrega: “Es importante pensar en términos de derechos no sólo la inclusión de los chicos en la escuela, sino también en qué condiciones se da esa inclusión, evaluar si el trayecto escolar se da con la edad que corresponde. Y entender que a veces ese rezago es la antesala del fracaso escolar, de la expulsión. Y que esta situación deja más indefensos a los chicos de sectores más empobrecidos, que no pueden escapar de ese círculo produce la pobreza, con menos educación, menos oportunidades, peores trabajos”.

Estrategias. También el informe recoge la opinión del licenciado en educación y especialista en gestión y conducción del sistema educativo, Gabriel Brener: “Es central valorar y jerarquizar las estrategias de inclusión que ha asumido esta gestión de gobierno, y en ese sentido, la ley de educación nacional, la de enseñanza técnica, el 6,5 % del PBI a educación, la Asignación Universal por Hijo (AUH), Conectar Igualdad, la construcción de escuelas, entre otras iniciativas son clave y marca la diferencia con todas las gestiones precedentes, desde que recuperamos la democracia”.

De todas maneras el especialista asegura que “existe un desafío de enorme envergadura, y no remite sólo a la inclusión sino especialmente a la manera de incluir. Es decir, el desafío político y pedagógico consiste en mejorar las trayectorias escolares, la calidad del tránsito, y no sólo el acceso, en cada nivel del sistema. Los niños, niñas y adolescentes de los sectores sociales más vulnerables, tal como indica el informe, pero también los propios estudios del ministerio hace tiempo, están en desiguales condiciones y posiciones para hacer frente a las exigencias de la escuela si los comparamos con sus pares de sectores medios y altos de la sociedad. Y más aún cuando sabemos que la institución escolar debe luchar contra sus propias limitaciones”.

Y agrega Brener: “Lógicas fundacionales pero muy instaladas en sus prácticas cotidianas que homologan inclusión con homogeneización. Y de este modo el mandato es incluir, pero a todos y de la misma manera. Operación que no sólo concibe la diferencia como deficiencia sino que perjudica aun más a quienes provienen de hogares con dificultades materiales y simbólicas para acompañar la escolarización. O sea, una lógica escolar muy arraigada que reproduce y acrecienta desigualdad y castiga a los menos favorecidos”.

Por su parte, dirigentes gremiales de Amsafé coincidieron en señalar (ver aparte) que para hacerles frente a las problemáticas como la de la sobreedad, las escuelas trabajan con “docentes muy comprometidos”, que entre las estrategias que se dan para atender a la diversidad de edades y en consecuencia de intereses y tiempos de aprendizajes, “adaptan los contenidos curriculares” y organizan actividades inclusivas “para que los alumnos no terminen abandonando”.

Un dato muy ligado al de la sobreedad escolar que menciona el estudio de Periodismo Social es que “en la Argentina, sólo el 43 % de los alumnos que comienza con la educación secundaria la termina, de acuerdo a un informe publicado por el Instituto Di Tella. Es decir, menos de la mitad de los inscriptos llega a completar los doce años que conforman el ciclo primario y el secundario.

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