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Sábado 21 de Marzo de 2009

La escuela, presente en Tartagal

Cuando el 9 de febrero un alud de lodo y troncos arrasó con la salteña Tartagal, las primeras acciones para asistir a los más de 700 evacuados (de 10 mil afectados) partieron desde las aulas. En medio del barro y la miseria, los maestros fueron los referentes de las familias que perdieron todo.

Cuando el 9 de febrero un alud de lodo y troncos arrasó con la salteña Tartagal, las primeras acciones para asistir a los más de 700 evacuados (de 10 mil afectados) partieron desde las aulas. En medio del barro y la miseria, los maestros fueron los referentes de las familias que perdieron todo. Con comedores sin agua potable para cocinar, baños con roturas y cloacas sin funcionar, la escuela pública volvió a ser la institución que llegó a la gente, y en la que los vecinos podían confiar.

"El 80 por ciento del personal se autoconvocó en la escuela en solidaridad con el prójimo, colaborando en todo", resaltó Marta López de Chalap, directora de la Escuela de Frontera Manuel Belgrano.

En tanto, a sólo cuatro cuadras de la plaza principal, Yolanda Bustos, al frente de la Escuela Vicente de Uriburu, remarcó: "Todos vivimos una situación de pánico cada vez que se aproxima una nueva tormenta, pero la escuela debe actuar".

El torrente también llegó a 4 kilómetros al sur de la ciudad. Silvia de Novillos, directora del establecimiento Nº 4.289, San Isidro del Labrador, recordó que los maestros también son de la zona y dos de ellos estaban con síntomas de dengue. "Desde el día del alud asistimos a familias de la comunidad toba, —contó— pero los trasladaron porque no teníamos infraestructura para brindarles servicios".

"El mismo día del aluvión alojamos a 350 personas que habían perdido todo, pero ahora nos damos cuenta de que algunos no perdieron, sino que directamente nunca tuvieron algo. El alud nos puso otra vez cara a cara con la pobreza que existe en la ciudad. Cuando quedaban unas 50 personas nos dimos cuenta de que no se quieren ir", dijo la directora Chalap.

La educadora señaló que, además de esperar para limpiar bien el edificio, las clases no son prioridad por el estado sanitario del edificio y la falta de agua potable para utilizar en el comedor.

"Los casos de dengue son más de los que se difunden, gente del hospital habla de unos dos mil, pero en sólo una escuela se registraron seis afectados". Además, aseguró que "el dengue es un tema de siempre, pero el problema está ahora en la eclosión de la red cloacal que es muy vieja".

"Hay todo tipo de enfermedades —advirtió—, el alud trajo ratas muy grandes con cola larga que, para mí, son las del hantavirus. La hepatitis se produce si las cloacas siguen abiertas, hay casos de diarrea, fiebre tifoidea, hantavirus y leptospirosis, que producen síntomas como el del dengue. Tenemos 1.100 alumnos, y si uno viene con hepatitis, se puede propagar peligrosamente".

Por otra parte, reclamó acuerdos binacionales para que Bolivia y la Argentina operen contra esas enfermedades de la región. Pero afirmó: "Los desmontes originan la tragedia, ya los árboles no escurren la lluvia. Ahora quieren tapar el dengue y en la capital de la provincia preocupan las consecuencias que tenga el tema en el turismo".

El dengue en la currícula

El comedor de la Escuela de San Isidro del Labrador debió dejar de funcionar para sus casi 600 alumnos. "No nos traen más agua. Tras reunirnos con los padres, firmamos un acta en la que asentaron la imposibilidad de trabajar en el establecimiento ante las condiciones sanitarias", dijeron.

"El dengue está en la currícula, los chicos lo conocen; pero quienes no toman medidas reales de prevención son las autoridades", señaló la directora Novillos. También resaltó que "las autoridades sanitarias afirman que el mosquito que transmite el dengue se reproduce sólo en recipientes con agua estancada, pero los especialistas admiten que hay variedades de mosquitos que se reproducen en aguas sucias y eso puede implicar serios riesgos por el lodo y agua que aún está en Tartagal".

Volver al hogar es también otra cara de la tragedia para la población afectada. "Recibimos a 210 evacuados, la semana pasada se retiró la última familia, pero las condiciones a las que vuelven son muy precarias y pueden ser evacuados otra vez, en cualquier momento", contó Yolanda Bustos, desde la Escuela Vicente de Uriburu.

Luego admitió que la distancia entre las urgencias y necesidades de la población y el clientelismo que se genera alrededor es muy grande: "Han llegado muchísimas donaciones de todo el país, pero esta ciudad es muy especial. Hay un serio problema social con los grupos piqueteros; y la distribución que realiza la Municipalidad significa que, por el clientelismo político, no siempre llega a quien tiene urgencias".

Por su parte, los estudiantes universitarios no se quedan atrás con la ayuda. En la comunidad chorote, a 4 kilómetros de Tartagal, profesores y alumnos de la carrera de educadores sanitarios recorren el barrio. El docente Cruz Carrizo contó que la distribución de alimentos "se basa en relevamientos realizados para armar bolsones de acuerdo a familias y edad de los chicos".

La Universidad recibe donaciones de facultades de todo el país y las distribuye con una metodología propia, para evitar críticas y sospechas que rondan el accionar del municipio y el Ejército.

La reacción de los maestros salteños recuerda mucho a la acción emprendida por los docentes santafesinos, cuando en marzo de 2003 la gran inundación causó una catástrofe en la capital de Santa Fe. En ese momento se organizaron, ubicaron a los alumnos y familias y demostraron una vez más la capacidad de organización de la escuela pública para atender a las necesidades sociales.

 

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