Educación
Sábado 03 de Mayo de 2014

"La escuela es una caja de resonancia de la violencia"

El psicoanalista Fernando Osorio reflexiona sobre el crimen de la alumna de Junín y alerta sobre el bullying

El brutal crimen de Naira, una chica de 17 años golpeada por un grupo de jóvenes a la salida del colegio en la localidad bonaerense de Junín, volvió a encender las alertas respecto del bullying y sus consecuencias más extremas. Pero también, sobre la violencia social que permea a las instituciones educativas.

Estrategias de abordaje, el rol de los padres y de los docentes, y la figura de autoridad son algunos de los ejes sobre los que propone reflexionar sobre este caso Fernando Osorio, psicoanalista y autor entre otros del libro Violencia en las escuelas y el más reciente Bullying. Matón o víctima. ¿Cuál es tu hijo?, además de contar con una vasta trayectoria y experiencia en asesoramiento a escuelas sobre esta problemática.

—¿Cuál es su mirada sobre lo sucedido en Junín, que derivó en la muerte de Naira?

—Para que sea considerado una situación de bullying como tal tiene que haber cuatro protagonistas principales, que son el matón o autor intelectual, el colaborador que ejerce el maltrato de forma directa, testigos silenciosos que participen de la escena y la hagan consistente, y efectivamente una víctima. El de Junín es un caso claramente de bullying, porque además tiene todo el perfil de la premeditación, una planificación sistematizada. Y cuatro tipos de violencia: física, verbal, psicológica (acoso) y simbólica (humillación y segregación por condiciones sociales, físicas culturales, etcétera).

—¿Cómo impacta o interpela este tipo de casos a la sociedad?

—Creo que está reflejando un aspecto que es bastante complejo como la decadencia de la autoridad, la imposibilidad de poder adecuarse a una normativa. Hay mucha impunidad a partir de situaciones que quedan completamente fuera del marco de una legalidad. Los chicos van incorporando esto como parte de la vida y efectivamente la escuela funciona como una caja de resonancia de todos estas cuestiones; y como aparece la violencia aparece la impunidad, el libre albedrío que cada uno considera que tiene que hacer, donde son los chicos en algunos casos —en combinatoria con los procesos de crianza que también están cuestionados— los que van creciendo en este marco de impunidad y de falta de legalidad interna. Y cuando se enfrenten con una situación donde ya la ley social y la jurídica sean las que intervengan tampoco la van a reconocer. Respecto de la premeditación y saña que hubo en Junín, te das cuenta de que el agresor es alguien que tiene rasgos de impulsividad muy patológicos lindando con la perversidad, porque la chica ya estaba desmayada en el piso. E incluso una de ellas le agarró la cabeza y se la golpeó contra el piso. Es decir, ya el nivel de violencia y maltrato excede cualquier situación que uno podría decir que es de malestar o tensión entre ellas. Acá hay rasgos patológicos claros de los victimarios.

—¿No cree que hay cierta hipocresía en un sector de la sociedad que se indigna con este caso y que fue cuanto menos contemplativa con los linchamientos semanas atrás?

—Creo que esto es parte de una sociedad enferma que, por ejemplo, se queja constantemente de los hechos de corrupción y termina votando a las mismas personas que los cometieron. Y para esto es lo mismo: hay un gran cuestionamiento a cómo se maneja la autoridad, pero cuesta pedirles a los padres que les pongan límites a los chicos y no les permitan que desarrollen procesos de autonomía anticipada, donde desde muy chiquitos tienen permisos y disponibilidad de objetos para los que no están preparados, con un nivel de autonomía que termina siendo un riesgo para ellos mismos. Y en la escuela, si los chicos ven que no hay ningún tipo de sanción frente a lo que ocurre, la sensación es de una impunidad absoluta. Si nadie castiga ni es castigado, lo que hace es confirmar que la impulsividad es algo que se puede desarrollar y que no hay autoridad ni límites.

—¿Cómo se puede trabajar esto desde la escuela?

—En mis recorridos hago una propuesta que se llama Equipo de Relevamiento de Situaciones de Acoso. Trabajo con las escuelas para que cada una construya su equipo de trabajo con docentes, tutores, alumnos y padres. Un trabajo que no implica ni siquiera un presupuesto extra para la escuela, es de prevención de la violencia. Se arman estos equipos que funcionan desde el nivel inicial, para que desde temprano incorporen la noción de autoridad y disciplina como parte de los procesos de crianza, enseñanza y aprendizaje dentro de la escuela. Y que no lo tomen simplemente como algo del ámbito castrense, autoridad y disciplina como el sometimiento y autoritarismo, sino como parte de la convivencia. Entonces lo que hacemos es proponer el armado de estos equipos donde hay una gran participación de los chicos, para que desde el nivel inicial vayan tomando conciencia del daño que puede provocar la violencia institucional y el acoso presencial y cibernético.

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