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Domingo 09 de Agosto de 2015

La escuela a contracorriente

La escuela es un lugar de cuidado hacia las infancias y las juventudes. De alguna manera es una institución que genera prácticas contraculturales, a contracorriente de lo que muchas veces se vive en la cotidianeidad de los barrios, ya que es un espacio que hace prevalecer el diálogo por sobre la violencia.

La escuela es un lugar de cuidado hacia las infancias y las juventudes. De alguna manera es una institución que genera prácticas contraculturales, a contracorriente de lo que muchas veces se vive en la cotidianeidad de los barrios, ya que es un espacio que hace prevalecer el diálogo por sobre la violencia.
  Es un lugar donde los niños suelen sentirse seguros y donde pueden narrar sus experiencias y expresar sus miedos. Es un lugar simbólico que privilegia la palabra y el ponerse en el lugar del otro: “Ponerse en los zapatos del otro”.
  Los niños, niñas y jóvenes suelen encontrar en la socialización con los compañeros y en ciertas figuras de autoridad adulta un espacio para poder hablar del sufrimiento social que los atraviesa. En la escuela se aprende a convivir con otros, a respetarlos, a transitar la trama de conflictividad que los vínculos humanos conllevan. La confianza en sí mismo y en los demás es un elemento estructurante de la vida escolar.
  No se puede enseñar y aprender si la sospecha se instala. Ello contrasta con una mirada del otro como amenazante que predomina en nuestra sociedad, donde los niños y jóvenes son vistos como peligrosos o futuros delincuentes. Y no toda forma de violencia es homologable al delito.
    Lo que mejor hace la escuela es enseñar a reparar un daño que se causa a otro. La institución educativa es un lugar donde los niños y jóvenes pueden aprender a pedir perdón, a reparar una herida causada a un compañero, sea ésta física o simbólica, como las humillaciones, burlas o insultos.

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