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Sábado 04 de Julio de 2009

La escuela cambia de escenario

No son vacaciones, en todo caso la escuela cambia de escenario y el trabajo solidario con la familia es más necesario que nunca, igual que la presencia de los adultos en el cuidado de los chicos. Estas son algunas de las principales opiniones con las que coincide un grupo de expertos que trabajan codo a codo con el campo educativo. En la provincia de Santa Fe son poco más de 832 mil alumnos de los distintos niveles los afectados por la suspensión de clases ante la pandemia.

Gabriela Dueñas es psicopedagoga y una activa participante de un equipo de profesionales empecinado en mirar a los niños como son (ver más en www.forumadd.com.ar). "Los esfuerzos aislados de los padres, de las familias, de las instituciones sanitarias no sirven; por el contrario, se necesita actuar como comunidad", dice enfática sobre qué hacer ante la emergencia sanitaria.

Y agrega que circunstancias como las que se viven "exigen más que nunca de parte de los adultos actuar con conciencia y responsabilidad".

Para Dueñas la realidad puede convertirse en una novedosa "experiencia de aprendizaje comunitario de valores como la solidaridad, la responsabilidad y el respeto por la salud". Es que "familia y escuela son convocadas nuevamente a trabajar en forma solidaria".

Una de las primeras cuestiones que menciona la profesora María José Borsani, especialista en problemas de aprendizaje, es que todos en la casa deben tener en claro que "estos días no son vacaciones". Un dato clave para organizarse con los chicos.

Sin desconocer las distintas realidades socioeducativas, Borsani es firme en decir que se deben pedir tareas especiales a los alumnos, y en todo caso ajustarlas en sus estrategias a las diferentes situaciones.

De hecho, las crónicas de estos días abundaron en datos de cómo las escuelas prepararon desde las tradicionales fotocopias o hasta ejercicios on line.

Borsani indica que en esta ocasión de intranquilidad se ve de cerca cuál es "el rol del adulto responsable para hacer valer este cuidado por la salud".

Otro de los acuerdos —en general— de los especialistas consultados es que los trabajos que se les indiquen a los chicos no sean temas nuevos, sino de revisión. Además, ajustados a las edades y niveles de enseñanza, donde seguramente las sugerencias basadas en la lectura serán un apoyo principal.

Igual también coinciden que siempre hay oportunidades nuevas para aprender sobre lo no previsto, y los docentes de poner a prueba métodos no tradicionales de enseñanza.

El psicólogo e investigador de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Horacio Belgich, opina que es valioso que "hoy esas tareas se refieran a la expresión de sentimientos".

Así Belgich propone preguntar, por ejemplo, "¿qué sienten esos chicos respecto del peligro (no sólo por la gripe)?, ¿qué sienten y saben ellos que piensan sus padres al respecto?, ¿qué suponen temen sus padres? ¿a qué le temen los niños? Esta circunstancia permite analizar la existencia, de niños y adultos".

La suspensión de las clases supone que la vida familiar, organizada alrededor de la escuela, se vea afectada. "La organización del tiempo del niño en un nuevo espacio determinado que no estaba previsto es un desafío", dice Belgich y agrega: "Ya que en situaciones nuevas se crean nuevos lazos sociales podríamos pensar que se pueden generar redes de cuidados de los niños, con nuevas posibilidades para conocerlos, y tiempos de responsabilidad y de encuentro entre niños y adultos".

A su vez, el psicólogo de la UNR , Norberto Boggino, no deja de desconocer que la suspensión de actividades escolares o que vinculan a chicos y jóvenes son "una medida excepcional que tiende a prevenir".

Para Boggino el trabajo de aislamiento no es sólo evitar que "nuestros hijos se contagien", sino que es una buena ocasión para poner en práctica valores que llevan a "pensar en el otro" y que "nosotros también podemos contagiar a otros".

La tarea mayúscula la tienen — en la visión de Boggino— los padres y adultos responsables: "Tenemos que procurar que nuestros hijos (y nosotros mismos), no concurran a lugares de riesgo innecesariamente, ya que de lo contrario, de nada valdría que las escuelas cierren sus puertas".

"Considero que el papel de los padres tiene que centrarse en acciones de prevención de la enfermedad, en el cuidado y en la educación de sus hijos", concluye el educador.

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