Cartas de lectores
Jueves 16 de Febrero de 2017

La economía con rostro humano

Innumerables días, horas intensas y acaloradas discusiones han llenado los espacios de los medios y por qué no, también, de las tertulias hogareñas en torno al tema tan controvertido del descanso dominical. ¿Era un tema complicado de arranque o se fue complicando con el tiempo al fragor de las discusiones? ¿Cómo es que ha transitado tantos estamentos institucionales pasando por tantas instancias? ¿Cómo pudo este tema poner de manifiesto tantos mecanismos evasivos y desnudar cierta impotencia de las principales instituciones del Estado?¿Cuáles son todas las cosas que están en juego dentro del tema? Si nos remontamos a la tradición judeocristiana, podemos aclarar algunas cosas y desatar nuevos interrogantes. Ya el mismo relato de la Creación ubica la tarea divina a lo largo de seis de los siete días de la semana y, al séptimo día, Dios descansó de todo lo que había hecho. El relato servía de base sólida para señalar el descanso sabático como una obligación sagrada: no podemos ir en contra del proceder de Dios y, por tanto, tenemos que descansar sí o sí un día por semana. Esto sirvió sin dudas para organizar la vida de todos de una manera más normal y, de paso, para frenar ciertas ambiciones de quienes no estaban dispuestos a la pausa, para seguir asegurando su ganancia. Después se fue "reglamentando" casi minuciosamente lo que estaba permitido y lo que no en el día sábado. Cuando Jesús encuentra esta legislación tan puntillosa, no tarda mucho en transgredirla, lo cual desató intensas discusiones y fue gestando un rechazo fuerte de parte de las autoridades religiosas contra el hacer y el decir del Profeta de Galilea. El conflicto que Jesús provoca tenía una crítica y un criterio. La crítica apuntaba a que habían llegado a considerar la ley por encima y como más importante que las personas, y el criterio que plantea Jesús es que: "el hombre no está hecho para el sábado sino el sábado para el hombre". Este marco aporta una necesaria reflexión a la discusión actual. La economía que, según su definición quiere decir: Oiko nomos —"las normas de la casa"—, debe estar al servicio del hombre, de la persona y no la persona al servicio de la economía. El sistema económico de acumulación no tiene ni "frenos" ni "pausas" y trata de todas formas de imponer su dinámica desenfrenada a todos los actores; por eso no es extraño que para muchos ir a descansar es sinónimo de ir a "consumir". Nos hacen falta pausas, treguas y descanso para volver a reconocernos ante todo como personas y, desde allí, como seres capaces de construir otros vínculos más solidarios, más igualitarios, a fin de lograr, con la participación de todos, una economía con rostro humano.

Padre Daniel Oscar Siñeriz

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