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Domingo 21 de Diciembre de 2014

La droga y todos por un vice

Mientras la sociedad reclama soluciones ante la inseguridad y la inflación, la prioridad de la clase política parece ser la pelea por las candidaturas. La ilusión de la presidente de colocar a Kicillof como candidato a vicepresidente para "perpetuar el legado" kirchnerista

La política argentina no cesa de sumergirse en el realismo mágico. Al menos en su discurso. En una sociedad que reclama como prioridades el combate a la inseguridad y a la inflación como resonantes demandas su clase dirigente parece ensordecerse con debates internos de superficie ajenos a esa realidad. Esta semana, casualidad astral o astigmatismo político común, el turno fue para la danza de los nombres a vicepresidente. Ese pareció ser el tema central de los inquilinos del poder o de los que aspiran a serlo.

La Ciudad de Buenos Aires fue la primera testigo de las voces y afiches que postulan a Axel Kicillof como compañero de fórmula del peronista que quede elegido en agosto del año que viene. La ilusión de la presidente de ungirlo como su delfín duró tanto como la credibilidad social del nuevo índice de precios del Indec. Scioli hace como que no escucha y sigue pensando en el gobernador sanjuanino José Luis Gioja. Del lado del PRO, Gabriela Michetti es fuertemente presionada por el aparato de su partido para correrla de prepo de su voluntad férrea de suceder a Macri en la Jefatura de Gobierno de la Capital con el fin de que secunde a Mauricio. Y en el radicalismo, por fin, se insiste con convencerlo a Ernesto Sanz para que sea el número dos de una boleta electoral del Frente Amplio Unen con la sorpresa de la danza del nombre del gobernador de Santa Fe en las mesas de discusión porteña. ¿Antonio Bonfatti candidato a vice del Faunen?

El ministro de Economía de la nación pierde día a día defensores de sus usos y costumbres a la hora de hacer. Prácticamente está atrincherado en la solitaria admiración incondicional que le profesa la doctora Kirchner. Los resultados de su política, pobres por cierto, lo han dejado atado a un modo cuasi policial de manejar la economía que, se sabe, puede ser entendible en momentos de crisis pero no como forma permanente de gestionar. Alejandro Vanoli, el presidente del Banco Central, cedió las facultades propias de su cargo a Kicillof y funge de gestor de buenas intenciones cuando dice que espera que el 2015 sea el año de la flexibilización del cepo cambiario. Nadie, ni el joven Axel, piensa seriamente en esa posibilidad. Por eso, la fantasía sucesoria que lo convertiría en único y universal heredero de los K ha mutado en el deseo de que sea el vicepresidente del candidato del FPV para "perpetuar el legado" (sic) tal cual se escucha de boca del entorno presidencial.

La postulación a vicepresidente de la concejala Anita Martínez, una agradable persona que aún carece de estatura y trayectoria como para siquiera evaluar su rol de edila, no fue más que un chiste clásico de operación de una mente trasnochada porteña. Nadie, en serio, podría pensar que Mauricio Macri buscaría colectar votos con una iniciada en la política. Por eso sorprendieron las primeras declaraciones de la periodista que tropezaron con cierta ingenuidad de excesivo orgullo. De allí que rápidamente el legislador Federico Angelini salió a poner paños fríos. El líder del PRO quiere a la indiscutida colectora de votos Gabriela Michetti a su lado. Tiene hasta mejor imagen personal que él mismo. Y, de paso, la correría de la sucesión como Jefe de Cobierno de la Ciudad, puesto que Mauricio desea para su hombre de confianza Horacio Rodríguez Larreta, más previsible, menos crítico e incondicionalmente cercano a los modos y protagonistas para gestionar del ex presidente de Boca.

Por fin, en esta danza afiebrada de los políticos en temas que poco interesan al ciudadano de a pie, se dejó escuchar el nombre del gobernador de Santa Fe como eventual candidato al puesto que hoy ocupa Amado Boudou. "Binner jamás aceptaría ser vice y si ganamos los radicales el primer lugar, Bonfatti podría ser un modo de sellar el acuerdo", confesó en reserva un hombre de la mesa directiva de la UCR. El obstáculo que ven muchos es el flanco débil que ofrecería el titular de la Casa Gris a la hora de responder sobre seguridad y narcotráfico en la provincia. Esto ocurriría, siempre y cuando el Frente se mantenga unido hasta agosto del año que viene, cosa que no luce como sencilla.

Podría argüirse que se está a apenas 5 meses de la fecha para postular fórmula presidencial y que estos cabildeos no son superfluos. Cuesta creer que la ciudadanía que se apresta a votar hasta 6 veces en un año según los distritos corra por las calles apasionada para llegar a tiempo a escuchar este tipo de discusiones.

Droga. El libro "Sinaloa, Medellín, Rosario" de Gustavo Sierra debería ser leído obligatoriamente por todos y cada uno de los dirigentes de la provincia de Santa Fe. Se cuenta allí con gran rigurosidad que el entonces embajador Jorge Yoma viajó personalmente a Buenos Aires para advertir del ingreso de los carteles mexicanos de drogas a nuestro país y de cómo la ciudad de Rosario sería un punto clave por su geografía y su condición socioeconómica para ser un nodo del tráfico. Cristina Fernández apenas escuchó al diplomático pariente de Carlos Menem. Hay sobrados motivos para concluir que el entonces gobierno de Santa Fe (se está hablando del 2008) conoció esta advertencia y datos concretos del modus operandi de la bandas. Hay que recorrer nombres y apellidos de esa época o apenas hacer memoria. Claro que el gobierno nacional es el competente para combatir este delito. También es cierto que las autoridades locales bien pudieron haber asumido el papel de reclamo político y judicial por la inacción y preparar a sus fuerzas policiales para la nueva realidad. Nada se hizo. Creer que 14 balazos en la casa de un gobernador, que la muerte de una madre que combate a los narcos o que los fusilamientos diarios de traficantes en base al nuevo código sumarísimo del hampa que dirime a balazos sus cuentas son obra del destino, es grosero incumplimiento de los deberes del funcionario público que gobernaba en ese entonces.

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