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Sábado 05 de Diciembre de 2015

La decisión de "salir de Pisa"

Retirarse de esta prueba internacional no significa rechazar las evaluaciones. Permanecer es seguir sometiendo a la burla a docentes y alumnos.

Las decisiones políticas tienen siempre consecuencias. Seguir en Pisa, también. Si un país latinoamericano se retirara del programa de la Ocde, buena parte de los medios de comunicación y los sectores más conservadores de la sociedad afirmarían que la decisión pone en evidencia el desinterés del gobierno en mejorar la calidad de su sistema educativo nacional. Durante semanas se harían denuncias de la más variada especie. Se diría que el ministro de Educación es un irresponsable y se exigiría su renuncia. Se afirmaría que el país está a la deriva, que el fracaso en la formación de nuestra juventud expresa el fracaso de un proyecto de país condenado a seguir sufriendo las consecuencias del atraso y la ignorancia. En suma, se diría lo mismo que se dice cada vez que se publican los resultados de las pruebas cada tres años. No parece ser tan grave.

"Salir de Pisa" no significa de modo alguno abandonar la necesaria y urgente voluntad de evaluar y analizar de forma sistemática y rigurosa los avances en la promoción del derecho a la educación. Tampoco, dejar de multiplicar los esfuerzos para mejorar la calidad de los aprendizajes de nuestros alumnos y alumnas en todas las edades. De hecho, casi todos los países latinoamericanos disponen de complejos y, en algunos casos, excelentes sistemas de evaluación implementados a escala nacional, como es el caso del Brasil, la Argentina y México, entre otros. Cualquiera de estos sistemas es mucho más completo y sofisticado que el esquema de evaluación que propone la Ocde.

Del mismo modo, "salir de Pisa" tampoco significa rechazar la participación en evaluaciones internacionales. Por ejemplo, las pruebas del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (Llece) coordinado por la oficina regional de la Unesco en América Latina, que constituyen un aporte de una relevancia mucho mayor para un conocimiento riguroso de la calidad educativa en la región. La especialista ecuatoriana Rosa María Torres destaca, con razón, las ventajas de las pruebas de la Unesco, en contraposición con el reduccionismo analítico de Pisa (1).

Además, en un contexto de consolidación de las políticas de integración regional, los gobiernos de América latina no deberían ahorrar esfuerzos en la construcción de sistemas internacionales de evaluación que respondan a una perspectiva más autónoma y soberana sobre sus sistemas escolares. No dejan de ser frustrantes los escasos avances que ha habido en la materia, tanto en el Mercosur como en las nuevas instituciones regionales promovidas en la última década por gobiernos que comparten una misma sintonía en sus perspectivas estratégicas. La integración educativa latinoamericana y caribeña debería avanzar y consolidarse. Contar con sistemas confiables de evaluación educativa sería un gran aporte a este proceso. En nada contribuye Pisa con dichos desafíos. Por el contrario, nos distrae de ellos y, sistemáticamente, pone en ridículo los importantísimos avances que ha habido en la promoción de políticas educativas incluyentes y democráticas durante los últimos años.

Pisa es, simplemente, una invitación a la humillación, al escarnio público. La educación latinoamericana ha alcanza do grandes avances gracias al esfuerzo de nuestras sociedades, nuestros docentes, nuestros alumnos y, algunas veces, nuestros gobiernos. Pisa parece burlarse de ellos. ¿Por qué deberíamos aceptarlo? ¿Por qué aceptar que técnicos de dudosa competencia y prepotente actitud, que circulan por el mundo tal como pastores evangélicos que pregonan la palabra divina, nos digan qué es lo que nuestros jóvenes deben saber y nuestras escuelas enseñar? La soberanía de una nación, de un continente, se juega también en este terreno. Sería bueno no dejarse engañar por las promesas de un conjunto de infografías animadas y algunos voluminosos informes que aspiran a resucitar el poder hipnótico que los conquistadores pretendían para los espejitos de colores.

Los gobiernos latinoamericanos gastan cuantiosas sumas en la aplicación de Pisa. Paralelamente, la Unesco pena la escasez de recursos para financiar sus acciones en la región. Mucho más útil sería que países como el Brasil, la Argentina, México, Colombia, Chile y el Perú aumentaran sus contribuciones a este organismo, en vez de alimentar los cofres de la Ocde y la de sus socios privados, como la multinacional Pearson. Por otra parte, la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) ha realizado importantes aportes desde su Instituto de Evaluación y Seguimiento de las Metas Educativas 2021, cuyos informes muestran la complejidad de los procesos de promoción de la calidad en los países de la región.

Tenemos que evaluar nuestros sistemas escolares; y cada vez hay más para hacer en este campo, con mayor responsabilidad y un buen uso de las experiencias acumuladas y los conocimientos producidos (también los que podremos producir). Pero de demos hacerlo afirmando que la educación es un derecho humano fundamental y que evaluar derechos es una cosa seria para los gobiernos, las sociedades, nuestros docentes y alumnos, no un ejercicio de multiple choice de dos horas de duración. Salir de Pisa nos ayudará a ganar tiempo, sin derrocharlo con dispositivos aparentemente científicos que, en el fondo, no son otra cosa que una descartable tontería. Salir de Pisa nos permitirá tejer y construir las necesarias alianzas entre los gobiernos, la sociedad civil, las organizaciones populares, los empresarios interesados en el desarrollo nacional, los sindicatos docentes, las entidades estudiantiles y toda la comunidad educativa, haciendo de la evaluación de nuestras escuelas un aporte significativo a la educación como una herramienta de emancipación y libertad humana, a la educación con un proyecto de futuro.

Pablo Gentili / Pedagogo (*) Del libro "América latina, entre la igualdad y la esperanza. Crónicas sobre educación, infancia y discriminación", de Pablo Gentili. Siglo Veintiuno Editores. Capítulo sobre educación, "Salir de Pisa". (1) Véase otra-educacion.blogspot.com.ar/2014/04/pisa-para-que.html?m=1

Una mirada regional

“América latina, entre la desigualdad y la esperanza. Crónicas sobre educación, infancia y discriminación”, reúne textos que describen y analizan la realidad educativa latinoamericana. Una realidad tan compleja como rica de ver y pensar. Pablo Gentili, su autor, reflexiona sobre la situación de niños, niñas y adolescentes expuestos a la pobreza, la dificultad para acceder a la educación en la primera infancia, también acerca del panorama de la escuela pública y cuestiona aquellas visiones que criminalizan a los docentes sin proponer alternativas. También revela cómo opera la discriminación por género, condición social e incluso raza. Gentili es doctor en educación(UBA), desde hace más de 20 años reside en Brasil donde es profesor de la Universidad del Estado de Río de Janeiro. Actualmente es secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).

 

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