El Mundo
Viernes 25 de Noviembre de 2016

La cúpula rebelde esperó en una casa de religiosas

Después de un conflicto armado de más de 50 años librado en montes, selvas y grandes urbes, la cúpula de las Farc se concentró a la espera de la ceremonia de firma de ayer de los acuerdos definitivos de paz con el gobierno de Colombia en el recoleto ambiente de una casa jesuita de Bogotá. El secretariado del grupo guerrillero, una vez completadas las largas negociaciones con el gobierno en La Habana, llegó el lunes último a Bogotá para la firma del acuerdo, al que ambas partes consideran superador del que fue rechazado el pasado 2 de octubre en un plebiscito. El líder Rodrigo Londoño, y sus hombres de máxima confianza se alojaron en la Casa de Encuentros San Pedro Claver. Se trata de una propiedad administrada por las Hermanitas de los Pobres, una comunidad fundada hace más de un siglo.

Después de un conflicto armado de más de 50 años librado en montes, selvas y grandes urbes, la cúpula de las Farc se concentró a la espera de la ceremonia de firma de ayer de los acuerdos definitivos de paz con el gobierno de Colombia en el recoleto ambiente de una casa jesuita de Bogotá. El secretariado del grupo guerrillero, una vez completadas las largas negociaciones con el gobierno en La Habana, llegó el lunes último a Bogotá para la firma del acuerdo, al que ambas partes consideran superador del que fue rechazado el pasado 2 de octubre en un plebiscito. El líder Rodrigo Londoño, y sus hombres de máxima confianza se alojaron en la Casa de Encuentros San Pedro Claver. Se trata de una propiedad administrada por las Hermanitas de los Pobres, una comunidad fundada hace más de un siglo.

San Pedro Claver fue un jesuita español conocido como "El apóstol de los esclavos", debido a que dedicó su vida a la protección de esas personas durante el siglo XVII en Cartagena de Indias, la ciudad donde se firmó el 26 de septiembre el primer acuerdo de paz, que no pasó el tamiz del plebiscito.

Los diarios El Tiempo y El Espectador publicaron ayer artículos sobre cómo pasaron los guerrilleros los días previos a la firma de la paz, aunque los informes se ven limitados por el hermetismo que imponen las costumbres jesuitas y las exigencias de la seguridad. Ambos reportes coinciden en que muchos de los vecinos de la Casa de Encuentros ni siquiera se enteraron de la llegada de los famosos huéspedes, que pisaron Bogotá por primera vez tras el abandono inicial de las armas y sin el temor de ser capturados. Por el contrario, los cabecillas de las Farc estuvieron protegidos por una custodia policial más bien discreta, de dotación mínima a la vista, y por una jauría de perros entrenados para detectar explosivos. La casona blanca de tres plantas que aloja a los guerrilleros se levanta sobre un terreno de una hectárea.

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