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Domingo 01 de Noviembre de 2015

“La culpa es un recurso mental que no tiene sentido”

Lucas Raspall es psiquiatra y autor de varias obras. Acaba de publicar Cuánticamente, un trabajo en el que hace aportes desde la física, el budismo y el taoísmo para entender cómo construimos la realidad y modificar conductas para sentirnos mejor.

Derribar los muros de tu mente. Eso propone el médico psiquiatra Lucas Raspall en su nuevo libro, al que presenta como una viaje por los laberintos del cerebro, esos que son tan atractivos, tan enroscados a veces y al mismo tiempo tan posibles de andar sin prisa y con placer. Cuánticamente, tal el nombre de su último trabajo —editado por la Universidad Nacional de Rosario (UNR)— enseña mucho sobre cómo nuestros pensamientos construyen el mundo en el que vivimos y qué posibilidades tenemos de cambiar la realidad para sufrir menos y disfrutar más.
  La física cuántica, tan alejada aparentemente de nuestros momentos cotidianos, le sirve a este profesional para comprender más las interrelaciones, el dinamismo y los pilares de la mente. De una manera simple y hasta con una serie de ejercicios atractivos, Cuánticamente ofrece espacios para la reflexión, el conocimiento y la sorpresa. Una lectura que propone ir minimizando el impacto de las dudas, los pensamientos negativos, las trabas mentales y la pena como bandera para alcanzar un interesante grado de bienestar.
  En una charla con Más, el médico psiquiatra que en los últimos años se ha permitido trabajar con mindfulness, técnicas surgidas del budismo y otras corrientes orientales para complementarlas con sus saberes, explicó por qué los seres humanos tenemos tendencia al malestar y cuáles son las mayores contradicciones de nuestro tiempo.

— Hay cierto furor por los libros que proponen comprender más nuestro modo de pensar, nuestro cerebro ¿qué aporte hace “Cuánticamente”?
— Este libro es distinto por varias cuestiones: primero porque, a diferencia de los más conocidos, escritos por neurocientíficos o biólogos, éste está escrito por un psiquiatra y psicoterapeuta. Segundo, porque propone un estudio de la mente en primera persona, guiando paso a paso al lector, metiéndolo en lo más profundo de su funcionamiento. Tercero, porque vuelca de manera sólida los aportes de filosofías milenarias como el budismo y el taoísmo para comprender cómo construimos la realidad en la que vivimos. Cuarto, porque se mete en la física cuántica de modo serio, claro, ágil y divertido, sin alcanzar conclusiones apresuradas o exageradas, sino concretas y prácticas. Entre otros aportes.

— ¿Conocer más implica necesariamente comprender más? Y en ese caso ¿saber sirve para generar cambios que nos permitan vivir con menos pesares?
—Conocer puede ser un paso para comprender más, pero no es exactamente lo mismo. Un aporte especial de este libro es que conduce al lector para aprehender, para comprender con el cuerpo y la mente a la vez, no solamente conocer con la cabeza. Una vez que algo se pasa por las vísceras, por la propia experiencia, entonces el aprendizaje está asegurado; luego, el cambio, es una elección.

—¿Por qué los seres humanos nos encariñamos más con las penas que con las alegrías, en general?
— Así funciona la mente... es un poco “tanguera” en este sentido. La mente está diseñada para enfocar lo que está mal, dado que es su función resolver problemas. Y si no hay uno actualmente, entonces anticipar posibles dificultades para intentar prevenirlas. Para esto nació y se desarrolló la mente, por esto su movimiento natural es hacia cuestiones que mueven la tristeza, la angustia, la ansiedad, el miedo, el enojo, todas emociones que buscan generar una acción, una conducta.

—¿Qué les dirías a aquellos a los que les cuesta mucho disfrutar y cuando tienen esa posibilidad sienten culpa?
—El ocio y el disfrute han sido menospreciados en momentos recientes de nuestra historia... si el tiempo no se aprovecha para producir, para hacer algo útil, entonces es tiempo perdido: ésta es una cláusula de nuestra mente. ¡Pero no tiene por qué ser así! De hecho, el disfrute es tiempo ganado. Es un momento en el que cortamos con las situaciones que preocupan, que tensionan... para luego volver recargados, con ganas, con energía. Con respecto a la culpa... un recurso más de la mente para hacernos sufrir: en la mayoría de los casos un sin sentido.

— ¿Notás un deseo de la gente de vivir mejor o justamente la tendencia es al revés?
—El movimiento es contradictorio en estas épocas... Quizás el punto más difícil sea revisar cada uno qué es vivir mejor. ¿Trabajar más para tener más para viajar una vez al año al exterior o para darle más cosas materiales a nuestros hijos? ¿Trabajar menos para compartir más con ellos? ¿Dejar obligaciones para volcarse a actividades placenteras pero vacías? ¿Ocupar el tiempo libre con actividades llenas de sentido? Es difícil encontrar el equilibrio. Vivir mejor implica encontrar el balance entre placer y sacrificio, trabajo y familia, producción y ocio...
— ¿Hay más reconocimiento hoy a las terapias no tradicionales en el campo de la psicología y la psiquiatría? ¿Y entre los pacientes?
—Sí, aunque falta mucho por andar. Las terapias no tradicionales tienen mucho para ofrecer, amalgamándose con el conjunto de los saberes destinados a la salud. Ni unos ni otros: ambos juntos, complementándose. Lo ancestral y lo moderno.

— ¿Con "Cuánticamente" podemos modificar conductas que nos dañan o dañan a los demás?
— Sí, con todo aquello que nos permite conocer cómo funciona nuestra mente, tomar distancia de sus contenidos, no dejar que éstos repercutan y nos dañen de manera permanente; desenredarnos de nuestros miedos y preocupaciones; calmar la agitación mental, relajar el cuerpo, abrir el cuerpo a la experiencia. Vivir en el aquí y ahora aceptando lo que somos: personas con errores y aciertos, con nuestras historias, llenos de incertidumbre y sin el camino claro. Esto es lo que somos, y no está nada mal.

Claves del libro

Algunas claves para dejar de sufrir (del libro Cuánticamente)     • El dolor es inevitable, la salud psíquica necesariamente incluye la tristeza, el enojo, la decepción. Estar siempre feliz y sin penas o dolores no existe. La creencia de que todo tiene que estar bien es parte del problema.
• La mente fue diseñada a lo largo de la evolución para detectar lo que está mal en el organismo y así poder ponerse en marcha para corregirlo. Luego aprendió a anticipar estados de necesidad, así que ya no sólo se centra en el dolor actual sino en el posible dolor futuro. Por esto la mente está centrada en la incomodidad, la falla, la molestia, y si no las encuentra en el aquí y ahora las buscará en un tiempo próximo.
• Ya sabemos que la mente siempre está buscando lo que está mal en este momento o lo que pueda llegar a estarlo más adelante. Una vez que están satisfechas las necesidades más primarias (alimento, abrigo y seguridad), la mente pone el foco sobre aquello que hoy más valora: el ego. Así, las nuevas amenazas son palabras que atentan contra uno mismo, contra su imagen y autoestima. Si prestás atención, verás que lo que más te aturde son las críticas a tu ego.
• Lo que dicen nuestros pensamientos lo escuchamos como si fuera real, inobjetable. Y así redactamos el propio cuento, dando forma al ego: son verdades las que están allí, sólidas, y las llevamos encima sin cuestionarlas, sintiéndonos y comportándonos de acuerdo a lo que nos dicen, por más malas o hirientes que sean. Allí hay una gran fuente de sufrimiento. Pero... ¿Son precisamente verdades? ¿Es siempre necesario seguirles la corriente?
• Con la misma lógica con que nuestra mente se maneja con los problemas externos, evitando o atacando aquello que nos agrede, se mueve con los conflictos internos. Así cree que los pensamientos incómodos y los sentimientos molestos deben ser evitados o vencidos: la mente cree que no está bien vivirlos, que no es sano... estrategia equivocada, otro gran error, fuente de sufrimiento.
• Cuando estamos viviendo algo malo, real o en nuestra fantasía, nos empantanamos ahí y creemos que la sensación quedará ahí por siempre.
En otras ocasiones sufrimos por algo que creemos que podría pasar más adelante, hipotecando el presente. Y así, cuando el dolor no es actual, la mente se la rebusca para ir del sufrimiento pasado al posible sufrimiento futuro.
Una mente no atenta se olvida que sólo vivimos el ahora y que todo es impermanente.
• La pretensión de que todo esté bien, un foco que ilumina siempre lo que está mal, la intención permanente de evadir el sufrimiento, una voz interna que no deja de juzgar y criticar, pensamientos, emociones y conductas condicionadas, el objetivo de eliminar todo rastro de incertidumbre, ilusiones de belleza y juventud eterna, inteligencia y aptitudes que no son humanas, metas imposibles...  
Estas son las claves para entender la mayor parte de nuestro sufrimiento, piezas mentales que componen esta bomba. ¿La podremos desmantelar?

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