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Domingo 29 de Septiembre de 2013

La cuestión de Cristina

¿Hará cambios la presidenta luego de las elecciones? Ésa es la cuestión. Nadie espera que Cristina modifique su forma de gobierno luego del 27 de octubre. Ni sus más cerrados opositores u oponentes.

¿Hará cambios la presidenta luego de las elecciones? Ésa es la cuestión.

Nadie espera que Cristina modifique su forma de gobierno luego del 27 de octubre. Ni sus más cerrados opositores u oponentes. Sergio Massa, el gran emblema del drenaje de los votos del oficialismo, le confesó esta semana a los suyos que hay que prepararse para ver dos años de mandato de la presidenta con profundización de lo que se ha venido viviendo. Y lo dijo no sin preocupación. “Ahora se pone bravo en serio el tema de la energía y la falta de dólares para comprarla y para todo. Y eso sin contar el tema de la inflación”, graficó un diputado de la lista del joven hombre que ganó las PASO.

Por eso, algunos criticaron el apresuramiento del intendente de Tigre de pedir públicamente la cabeza de Guillermo Moreno cuando la versión de su cambio sonaba en los pasillos de Casa Rosada. Esta vez con cierto viso de realidad. Si hasta se daba el motivo y el destino del polémico secretario de Comercio: razones de salud y la embajada de Portugal. Bastó que el candidato del Frente Renovador hablase del relevo del funcionario para que la posibilidad de concreción se esfumara. Massa le salvó la vida a “Guillote” y abortó un primer cambio, dijo un asiduo concurrente a Balcarce 50.

Sin embargo, no hay que engañarse. La presidenta hubiese podido desprenderse del padre de la Supercard (que sigue sin aparecer), de las exportaciones a Angola (en baja en casi un 40 %) o de las patoteadas en las asambleas del grupo Clarín (sin fallo en materia de medios desde hace 4 largos años) entre tantos otros fracasos pero esto no habría implicado un cambio de rumbo en el fin del segundo mandato de Cristina. “La Jefa está cansada de ciertas formas de Moreno pero no de sus políticas. Hay un convencimiento casi épico de su gestión. Si se fuera este hombre, vendría otro más modosito pero con iguales concepciones”, explica un secretario de Estado a algunos periodistas en charla informal que, día a día, se multiplica confiando siempre en reserva lo que piensa de la actual coyuntura. “Ella no ve ni escucha otro discurso. Y el resto, no se le anima”, grafica. La primera mandataria, según este mismo integrante del gabinete, se está preguntando si no es hora de cambiar algunas formas. “Pero del fondo, olvidate”, concluye la fuente.

El mismo prisma de análisis cae sobre la Cancillería dirigida por Héctor Timerman que enfrenta un nuevo tropiezo: la desmentida de España de una estrategia conjunta por Gibraltar y Malvinas. Podría irse el ministro pero no se piensa en serio desde la presidencia cómo reconstruir la política exterior argentina. La mayor chance de modificaciones en los dos últimos años de gestión se parece al gatopardismo de Lampedusa: “cambiar algo para que nada cambie”. Por eso es que no se lo ve entusiasmado a Agustín Rossi cuando de lo candidatea como jefe de Gabinete luego del 10 de diciembre.

En esa misma inteligencia debe entenderse la decisión de convocar a periodistas o conductores para que conversen con Cristina Kirchner. Quizá sea exagerado pensar en reportajes estrictamente hablando. El primero fue apenas un monólogo interrumpido con expresiones que fungieron de pies perfectos para la interlocutora. Además, todo es en la residencia presidencial, por voluntad y criterio de selección presidencial, con tecnología del poder ejecutivo y en un programa pensado originariamente por la televisión del Estado. Se ve que se ha percibido (eso sí parece un cambio desde adentro) que las propuestas, diarios y canales de discurso oficialista monocorde no sirven más que para fidelizar al ya dogmático público que piensa de la misma manera.

Alguien podrá decir que esta decisión de ampliar los encuentros con la presidente es un avance para agradecer luego de años de silencio ante el periodismo. Hay algo de positivo, es cierto. Pero ni la libertad de prensa ni el derecho a preguntar y repreguntar a un servidor público se deben agradecer. Hay que ejercerla y punto. Al menos en las repúblicas en donde es obligación dar cuenta periódicamente de los actos de gobierno. La presidenta detesta a los periodistas y mucho más esa manía que algunos tienen de preguntar desde el disenso.

De la grabación que se emitirá esta noche a las 19 por el canal América, Jorge Rial, un entrevistador con muchos recursos periodísticos y con estatura de “figura” que neutraliza cualquier temor reverencial que pueda emanar de un primer magistrado, se fue con la impresión de que no habrá cambios de gabinete y, menos, de rumbo en la economía. Allí, por ejemplo, la presidenta defendió hasta el convencimiento del INDEC de una comida nacional a 6 pesos o una inflación que no alcanza a los dos dígitos. Rial repreguntó sobre estos temas y, en algunos casos, prefirió dejar en evidencia las evasivas usadas por su interlocutora para no abordar el tópico específico consultado. A veces el silencio o las omisiones en estos encuentros desnudan más que la palabra. El hombre de los mediodías televisivos quedó sí muy impactado por la permanente referencia a Néstor Kirchner que, a cada paso, aparece en los labios de su viuda. Todo el tiempo.

Quizá la derrota del kirchnerismo en las urnas de agosto abra la posibilidad de entrevistas, tal vez más corales o con voces disonantes entre sí, para que más comunicadores ejerzan lo que en 12 años de gestión fue casi inexistente: el derecho a defender un cuestionario. En ese caso se percibirá si hay deseos de correcciones ante la adversidad electoral o empecinamiento en creer que la culpa de todo es de los que preguntan e interpelan “el relato”.

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