Axel Kicillof
Domingo 27 de Noviembre de 2016

La crisis financiera obliga al cambio de la agenda

La oposición parlamentaria y las organizaciones sociales, incluida la mesa de enlace de movimientos territoriales, obligaron al gobierno a aceptar la agenda de la emergencia social, acelerar la modificación del impuesto a las ganancias y revisar la ofensiva sobre el empleo y el salario.

La oposición parlamentaria y las organizaciones sociales, incluida la mesa de enlace de movimientos territoriales, obligaron al gobierno a aceptar la agenda de la emergencia social, acelerar la modificación del impuesto a las ganancias y revisar la ofensiva sobre el empleo y el salario. Es algo más que eso: lo indujeron a aceptar la existencia de una crisis económica en la cual tiene responsabilidad. Fin de la luna de miel y de las coartadas argumentales sobre una supuesta pesada herencia.

La reacción a la crisis económica y el brusco cambio de modelo que se instaló desde principios de año en la calle y en los territorios, entró en las últimas semanas en el radar de la agenda política partidaria.

El ex ministro de Economía Roberto Lavagna comparó la política económica de Mauricio Macri con la de los 90 y la de la dictadura, y tocó diana para el despertar opositor del espacio que conduce Sergio Massa.

Escudados en el prestigio del padre de la recuperación poscrisis 2001, las corrientes políticas peronistas y no peronistas que votaron el pago a los fondos buitres conectaron con la pelea de que los movimientos sindicales y sociales construyeron estos meses en la calle y con las expresiones partidarias de oposición más dura al modelo macrista. Estas conversiones y realineamientos, junto a la evidencia indisimulable de los brotes rojos en la economía, pusieron finalmente a la crisis en la agenda pública y política que se construye en la capital de la república. Lo que equivale a su nacionalización.

Las cifras del tercer trimestre ahogaron las expectativas de recuperación que fogoneó el propio gobierno. Inflación, actividad económica, industria, empleo, comercio exterior no dejan de dar malas noticias, a lo que se suma la disparada del déficit fiscal, una herejía para una comunidad política e ideológica que se propone como ajustadora de cuentas.

Por derecha y por izquierda se avivaron las críticas. El gobierno se hizo adulto y el relato de la herencia pasó a segundo plano. A tal punto que la extensión a 18 cuotas del programa Ahora 12, una de las creaciones de Axel Kicillof aprovechada por el actual gobierno, fue uno de los pocos anuncios del equipo económico para reactivar el consumo. Paradojas de la ortodoxia, lo anunció el ministro de Producción, Francisco Cabrera, luego de decirles a los industriales en su propia casa que el modelo de sustitución de importaciones se agotó, que debían especializarse y recovertirse, en momentos de recrudecimiento del proteccionismo.

Su colega de Trabajo, con quien comparte el rol de guardián de la fe de la receta neoliberal macrista, volvió a instalar la voluntad de revisar los convenios colectivos, un programa que no tiene otro significado que el de flexibilización laboral y baja de salarios.

Esta jihad busca en parte saciar la sed de ajuste de una parte de la tribuna de Cambiemos que de alguna manera se las arregló para creer que el rojo fiscal y la falta de inversión son producto de una ideología gradualista, pseudodesarrollista o propopulista dentro del macrismo.

Como sea, esa ofensiva explotó en el prisma de la realidad económica, política y social, y se disparó hacia un débil pacto antidespidos entre la CGT y los empresarios, la aceleración de los cambios en ganancias, la admisión de la emergencia social y la generalización de los bonos de fin de año, que también llegaron a Santa Fe. Hasta se avanzó en el Senado, por unanimidad, en la media sanción del proyecto de ley que regula los alquileres, una vocación ausente durante toda la década pasada.

Esta agenda construida desde la calle hacia el palacio, incentiva al gobierno a recalcular. Para un espacio político que demostró capacidad de explicar sus derrotas en clave de apredizaje virtuoso (tarifazo), este acervo de políticas que íntimamente desprecia puede ser una oportunidad de campaña de cara a las elecciones de 2017. Con la promesa, dicen ahora en ese espacio, de que si gana vendrán las inversiones, excitadas por la posibilidad de encontrar un respaldo para el ajuste de segunda generación.

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