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Domingo 16 de Febrero de 2014

La costumbre no resiste el archivo

Los frentes de las casas hace al menos una década que mutaron en grandes enrejados, las charlas en las esquinas se terminaron y ni hablar de sacar la silla a la vereda al atardecer.

El diccionario de la Real Academia Española define a costumbre como el hábito, el modo habitual de obrar o proceder establecido por tradición o por la repetición de los mismos actos, y que puede llegar a adquirir fuerza de precepto. Ese modo habitual de proceder forma el carácter distintivo de una Nación.

   En Rosario hay costumbres que han ido cambiando. Lo triste es que los rosarinos se habituaron a esos cambios. Los frentes de las casas hace al menos una década que mutaron en grandes enrejados, las charlas en las esquinas se terminaron y ni hablar de sacar la silla a la vereda al atardecer. Eso que pasaba hasta no hace mucho, hoy se ve lejano, imposible.

   Los crímenes se cuentan de a pares por jornada, los colectivos dejan de entrar a los barrios por las noches, las víctimas de delitos no se preocupan por hacer la denuncia, en los dispensarios los médicos no trabajan porque se cansaron de que los asalten y ahora las clases ni siquiera comienzan en la fecha estipulada. Tan arraigada está la costumbre de comenzar el ciclo lectivo con paros, que esta semana fue el propio gobierno el que aceptó dilatar el inicio por pedido de los gremios en paritarias.

   El Consejo Federal de Educación había fijado el 26 de febrero como inicio de las clases. He aquí otra costumbre que se vuelve precepto: lo que se estipula hoy, mañana será letra muerta. Habrá que ver si docentes y funcionarios se sientan a negociar durante el feriado de carnaval. ¿O acaso algunos tienen pensadas unas minivacaciones?

Maldito archivo. Un solo repaso de la agenda mediática de 2013 demuestra que hasta los temas se han vuelto costumbre. El 12 de febrero del año pasado un pibe moría acribillado en la calle, un transformador volaba en la zona sur y dejaba a los vecinos sin luz y concejales y funcionarios ultimaban detalles de una reunión con la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, para analizar la problemática de la inseguridad. Este año hasta ahora no hubo reunión con la jefa de los fiscales nacionales. Esa es la única excepción que hace que la coyuntura de esta semana no sea idéntica a aquella de 2013.

   Y sí, nadie resiste un archivo. El 18 de febrero de 2013 la Municipalidad contrataba los servicios del especialista en seguridad comunitaria, Martín Appiolaza, quien dictó charlas y analizó, entre otros temas, la inseguridad en hospitales. Un año después, en el centro de salud de Regimiento 11 y Flammarión, los vecinos se quedaron sin médicos, que huyeron de allí hartos de la violencia.

   Paradójico, ese dispensario había sido inaugurado en 2010 por Miguel Lifschitz con el objetivo de descomprimir la asistencia de pacientes al Hospital Roque Sáenz Peña. ¿Dónde se deriva hoy a los vecinos? Adivinó: al Roque Sáenz Peña. Los violentos ganaron la partida. La única respuesta del Estado fue cerrar el centro de salud. ¿Cómo es que se le dice a eso? Ah, sí: expeditivos.

   El repaso por el archivo trae otras historias, un tanto molestas para algunos. Por estos días, un año atrás, avanzaba sin contratiempos el pedido de habilitación municipal del boliche Esperanto, en Presidente Roca y Zeballos. En las sombras de ese emprendimiento se movía el empresario vinculado al mundo narco, Luis Medina (acribillado a comienzos de este año). Nadie en el municipio había oído hablar de él ni lo conocía. ¿Extraño no? Una inversión de tanto dinero, una habilitación que finalmente se concretó y un hombre que nadie jamás había visto. Eso sí, su computadora personal fue un objeto de deseo en ámbitos gubernamentales horas después de su crimen.

   Otra perla. En febrero del año pasado arreciaban las críticas por el estado de la terminal de ómnibus. El tiempo parece no haber pasado.

   Mientras tanto, lo único que no genera costumbre es el amor. Esa magia que siempre sorprende. Y esta semana Alicia trajo un soplo de aire fresco a esta coyuntura de malditas repeticiones que se vuelven preceptos. Esta mujer de barrio Saladillo adoptó dos nenas con síndrome de Down. En esta sociedad donde hay gente que hasta prioriza el color de piel antes de una adopción, imaginen lo que cuesta que alguien acepte a chicos con discapacidades. Alicia lo hizo. Tal vez actitudes como ésta algún día también se vuelvan costumbre. Habrá que esperar que ese día llegue y que, de una vez por todas, los violentos no sigan ganando partidas.

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