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Sábado 29 de Diciembre de 2012

La corrupción, institución nacional

En ambientes gubernamentales y privados del exterior se tiene la idea de que para hacer un buen negocio en la Argentina siempre se ha tenido que pagar sobornos a funcionarios o políticos.

En ambientes gubernamentales y privados del exterior se tiene la idea de que para hacer un buen negocio en la Argentina siempre se ha tenido que pagar sobornos a funcionarios o políticos. También que la corrupción es un problema que atraviesa a todos los países del mundo, pero que en la Argentina su nivel de desarrollo es muy elevado. Ejemplos se pueden encontrar en casi todos los gobiernos, más en  algunos que en otros, desde la vuelta de la democracia en 1983. Ni que hablar si miramos un poco más atrás en la última dictadura que, además de corrupta, fue genocida.

Empresas alemanas como Siemens o Ferrostaal, la norteamericana IBM y tantas otras de nacionalidades diversas se han visto envueltas en escándalos para conseguir contratos a través de pagos ilegales. Pero al soborno  trasnacional, como se ha llamado a ese tipo de maniobras ilícitas con empresas multinacionales, se le suma la corrupción doméstica en la Nación, las provincias o los municipios. Una de las más resonantes de los últimos tiempos fue sin duda la denuncia de soborno contra el gobierno de Fernando de la Rúa por el supuesto pago de coimas a senadores nacionales para la aprobación de una ley laboral y que causó, además, la renuncia de un vicepresidente.

El caso, todavía en proceso judicial y sin sentencia, inauguró una metáfora, la “Banelco”, para hacer referencia a la compra de voluntades. Desde ese episodio, hace más de una década, ha habido sospechas de que esos mismos procedimientos, o parecidos, se han utilizado en otras situaciones para hacer negociados de cualquier tipo, incluso en esta provincia. La corrupción en la Argentina es estructural, goza de impunidad y está instalada en todos los niveles, no sólo en el gubernamental y político, sino también en el sector privado, en parte de la Justicia, en las fuerzas de seguridad y en la sociedad en general.

Por eso, tal vez, a la ex ministra de Economía Felisa Miceli no le pareció peligroso dejar toda una noche en su oficina un bolso con 100 mil pesos y 30 mil dólares. La condena de Miceli, en primera instancia, a cuatro años de prisión puede mirarse como un hecho auspicioso. Tal vez sea el inicio de una ola moralizadora en la función pública que derrame en todos los ámbitos de la sociedad. Es una ilusión para comenzar mejor el 2013.

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