Opinión
Martes 26 de Julio de 2016

La corrupción, estrategias y preguntas

Política. Gobernar un país en estas condiciones demanda hacerse cargo de la hiperbólica desconfianza instalada que deja como efecto residual.

Jorge Luis Borges imaginaba un mundo ideal llamado Tlon en el que no había razonamientos. Las explicaciones no eran necesarias, solo se vivía de la percepción de las cosas, que como se sabe duran poco. Por lo tanto, todo hombre podía ser capaz de todas las ideas. La realidad mediada que vivimos también se orienta por percepciones pero quizás la búsqueda final sea que "todos los hombres" sean capaces de una "única idea".

Las notas que siguen refieren a la corrupción por el simple argumento de ser el tema predominante en la agenda pública de la Argentina que vivimos. Como resulta de costumbre nos gusta poner las cartas sobre la mesa y hacer expreso tan solo dos comentarios en nuestro abordaje.

Vamos con el primer comentario: el momento que se ha des-ocultado es grave y sus repercusiones incuestionablemente profundas. El proceso que vive nuestra sociedad lo sumerge en una saturación indiferente y peligrosa. Gobernar un país en estas condiciones no solo demanda encontrar a los responsables de la corrupción sino también hacerse cargo de la hiperbólica desconfianza instalada que deja como efecto residual. Y la pregunta no espera y hasta nos devuelve un cierto acoso: ¿no atenta la zozobra contra la propia institucionalidad y hasta contra el mercado que se pretende cuidar?

El presente nos pone en serias dificultades para pensar. Problema que ha recorrido diversos momentos históricos, que no margina geografías ni culturas se ha instalado con particular densidad.

Decía Federico Nietzsche que el hoy siempre se piensa incomodo. En primer lugar porque es intempestivo, emerge, irrumpe. En segundo lugar porque sobre el presente solo se pueden hacer "consideraciones"; esto es, intentar descubrir los inconvenientes o los defectos de aquello que la época suele sentirse orgullosa.

La tarea educativa nos incorporó vicios de profesión. Uno de ellos es la natural tendencia a tratar de dar alguna explicación a todo. No hacerlo con claridad y evidencia nos somete ante el riesgo de la misma pérdida de nuestra autoridad. El acontecer político, social y cultural de Argentina parece no dar treguas a los desafíos explicativos. Hay quienes intentan licuar o neutralizar responsabilidades; otros profundizan en las comparaciones con un indicador tan impreciso como la gravedad. Aparecen los que pretenden instalar persecuciones interminables y no son pocos los que se apoderaron de una balanza aún superior a la de la propia justicia.

Los indicadores aparecen a borbotones. Bolsos llenos de plata en un convento, responsables de la banca nacional con la plata en el exterior, historias repetidas, acusaciones cruzadas, abogadas hot en medio de causas sensibles, intervenciones de la AFA, oficinas de control a full, declaraciones altisonantes y la lista continúa… En conclusión, un primer fundamento del abordaje aconsejaría la necesidad de pensar el momento -independientemente del posicionamiento político del lector- con una incomodidad lejana a la algarabía, la bronca e incluso a la decepción. El momento exige un enorme esfuerzo institucional que trasciende las lógicas partidarias o políticas. Hay que navegar con audacia ante el mal de la corrupción, entre las orillas de la verdad y la credibilidad. Y también tener muy presente algunas nuevas estrategias de estos nuevos males:

Estrategia 1. El mal repta sobre el bien y gusta meterle mano al bien; está extenuado de tener mala fama y una cara detestable. Prefiere seducir y hasta muchas veces "elige insistentemente representar al bien". ¿Qué significa esto? ¿Es el mal un doble agente?

La falsedad quiere tener hoy una cara auténtica, le gusta arrepentirse, sincerarse y busca piadosamente que la comprendan.

La violencia le fastidian sus malos modales y empieza por interesarse por la suavidad y lo soft.

La desesperanza se muere por lo instantáneo y le encanta el vitalismo y el mesianismo de los segundos.

Lo superficial se aburre de estar des-actualizado, le atrae la novedad del mundo diario y busca nuevas experiencias.

Los escépticos están más crédulo que nunca y se encuentra deslumbrado por un olimpo de dioses posmodernos y por la fascinación por lo espiritual.

El materialismo se siente obeso, pesado y cansado; le seduce la nueva estética liviana de lo espiritual.

El relativismo ruega por un poco más de tranquilidad y asustado clama para que "no valga todo"… sabe que en esa tensión puede imponerse lo absoluto.

La corrupción ha dejado a oscuros y grises protagonistas para la consecución de sus logros y hoy es encarnada por especie de superhéroes de envidiable y de ejemplar valentía.

La mentira quiere someterse a la reglas de la transparencia pues se muere por el raiting y por superar el numero de visitas en youtube.

Estrategia 2. Lo óptimo es enemigo de lo bueno. El mal ha decidido promover hiperbólicamente el bien. En este desarrollo le hace pagar las consecuencias de su ineficacia para el logro de sus objetivos. La ineficacia del bien acongoja más que las temibles acciones del mal, pues crea el desencanto y la melancolía de una multitud de personas portadoras de pequeñas virtudes.

El desencanto de la efectividad del bien preocupa más que las temibles acciones del mal. ¿Por qué el bien no tiene efectividad?

Porque hemos perdido las destrezas para hacerlo. Hay incapacidad para hacer el bien y eso hace que lo que hacemos por bien lo hacemos mal. Hacemos las cosas bien muy mal y en estructuras desactualizadas que lo transforman en ineficaz.

El mal no puede con la diversidad del bien como una fuerza evasiva e invasiva que todo lo contamina y le resta vigorosidad. El problema no es el mal, sino que el bien en una superproducción de valores ha contaminado al mal y lo ha hecho explotar en mil formas diversas donde destellan nuevas formas de sentimientos y expresiones.

Estrategia 3. El aburrimiento del mal. El mal esta aburrido en un mundo que no pasa nada, le parece que no puede dejar su marca y en medio del tedio de todos los días le gusta fabricar pequeños nuevos relatos aprovechando la des-actualización de los sentidos del bien.

La realidad le ha carcomido sus entrañas y lo ha extenuado. Nadie parece necesitar ni siquiera del mal. Estamos repletos, no necesitamos nada.

Estrategia 4. La colonización del tiempo. El mal muy sagazmente ha comprendido que los valores ya no se disputan en los objetos, sino en el tiempo. Pero esa idea del tiempo ya no funciona porque el mundo está siendo reingenierizado, hay que penetrar el flujo del presente, infectarlo; sólo se ingresa en la temporalidad a fuerza de un proceso de infecciones, de negociaciones tenebrosas. La clandestinidad es el único sistema.

El segundo comentario para abordar la corrupción se refiere a la explicación misma. No toda explicación se ve obligada a dar respuestas Google ya da todas las respuestas, pero hay una cosa que le resulta imposible: preguntar.

Zizek manifiesta en tal sentido: "Las futuras revoluciones hay que pensarlas, o crearlas, hay que preguntarlas, y esto será más importante que hacerlas". Para aquellos que no les agrada el esloveno mediático y predicador aún del comunismo, vale la pena un simple ejemplo del Papa Francisco. La sola pregunta en torno a la homosexualidad: "¿Quién soy yo para juzgarlos?" resultó más inclusiva o políticamente cambiante que el propio sínodo obispal. Las preguntas obran como nuevas certezas. Quizás valga la pena explicar el particular momento con su agenda prioritaria de corrupción con algunas preguntas. Tal vez ellas muevan nuevas y renovadas energías.

¿Qué riegos corremos cuando se explica la corrupción pública bajo un formato privado, intimista, escandaloso, espectacular y hasta mercantil? ¿El Estado debe intervenir no solo en regular el mercado de bienes, sino también el mercado de símbolos? ¿Esto no es censura? ¿Puede haber verdad sin marketing, sin espectáculo, sin escándalo? ¿Qué provecho trae al sistema político (incluido el judicial) que la corrupción se convierta en objeto de curiosos, mirones, alcahuetes y espectadores de una ética minimalista?

¿La seguridad económica para blindar la existencia propia o de los seres queridos trae más miedo que perder la vida en una escaramuza ordenada por la utopía? ¿Las convicciones son una frazada corta para cubrir las energías militantes? ¿Cuáles serán los siete espíritus que atacaran la casa que pretende dejarse limpia?

Seguramente hay más interrogantes que vale la pena ponerlos en escena. El presente siempre se piensa incómodo ante el murmullo ensordecedor del sentido común de la época. Las preguntas son las certezas en los tiempos que corren. Empezamos con Borges, terminemos con Marechal : "Mi psiquis sigue siendo la misma, pero a través de los años amontonó conocimientos y experiencias; y los temores fueron disminuyendo en la medida en que descubrí el «qué» y el «cómo» y el «por qué» y el «para qué»".

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