Opinión
Miércoles 24 de Agosto de 2016

La conveniencia de una nueva Constitución

Si bien el debate es positivo y necesario, hasta el momento ninguna de las fuerzas políticas santafesinas ha presentado un proyecto sobre los aspectos que se podrían modificar.

Desde el mensaje presentado en la Asamblea legislativa por parte del gobernador, sobre la necesidad de reformar la Constitución provincial, se viene discutiendo su conveniencia.

La respuesta a dicho interrogante está condicionada precisamente a lo que se pretenda modificar.

Una Constitución es un proyecto de Estado, donde se definen los derechos de sus integrantes y se fijan las reglas de juego que regularán las atribuciones y los límites a los gobernantes. Por ello, según qué materias vayamos a cambiar podemos decir que la modificación es conveniente o no.

Nuestra carta provincial es de las más antiguas del país, dado que data de 1962. Tiene grandes virtudes y algunos defectos, especialmente porque estaba diseñada para un momento político y social muy diferente al actual.

Es indudable que no es la ocasión de nuestros males, pero una Constitución más moderna y más acorde a estos tiempos puede mejorar nuestro futuro.

Si hiciéramos una comparación con lo que nos sucede en la vida diaria, podríamos decir que es como tener un auto antiguo. El coche funciona, el motor es noble y la chapa se encuentra en buenas condiciones.

¿Conviene entonces cambiar el vehículo? Si vamos a mantener lo bueno, le vamos a agregar mejores medidas de seguridad y lo vamos a hacer más confortable es indudable que el cambio es positivo.

Si, por el contrario, lo modernizamos pero le quitamos el motor, es preferible quedarnos como estamos.

Nuestra Constitución está dividida en nueve secciones, pero como en todas las cartas magnas, pueden distinguirse dos partes, el plexo de derechos reconocidos a los habitantes y la organización del poder que disciplina los límites a los gobernantes.

Sobre los derechos, dado los que poseemos por imperio de la Constitución nacional, con más los tratados internaciones, sumados a los existentes en la Constitución santafesina, no resulta necesario realizar grandes cambios; aunque sí es conveniente efectuar pequeños retoques que permitan que esos derechos se vuelvan efectivos y que, en caso de incumplimiento, puedan ser reclamados, de manera sencilla y expedita, ante los tribunales.

En cuanto a la organización del poder, son varios los cambios que reclama nuestra sociedad, entre los que podríamos mencionar la unicameralidad de la legislatura —aun cuando manteniendo la representación territorial—; una mayor independencia entre los distintos poderes; la imposibilidad de ser reelegido, de manera inmediata, en cualquier cargo; el reconocimiento de la autonomía municipal a las principales ciudades de la provincia; la ampliación de los mandatos comunales a cuatro años; y la conveniencia de fijar mecanismos que mediante propuestas de la legislatura y aceptación de la población, puedan modificar artículos de la Constitución.

Hasta el momento ninguna de las fuerzas políticas ha presentado un proyecto claro sobre qué materias pretende modificar. Por ello no puede decirse aún si es conveniente o no reformar nuestra Constitución provincial.

Creo que es positivo que el debate se instale en la población, porque el modelo de provincia nos alcanza a todos.

Confío también en la generosidad de la dirigencia política para que, en el debate a dar, se tengan en cuenta el bien común y nuestro futuro como sociedad, y no se aborte todo por mezquindades personales que nos impiden avanzar a un futuro mejor.

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