Opinión
Sábado 11 de Junio de 2016

La confesión final

En foco. Un ex guardia de Auschwitz admitió, durante el juicio que se le sigue por crímenes masivos, cómo se asesinaba a balazos y en las cámaras de gas a los prisioneros. A los 94 años no tenía nada que perder por contar lo que sucedió. Una película alemana intenta echar luz sobre un fenómeno siempre vigente.

Setenta y un años después de la liberación del ícono de la barbarie humana, Auschwitz, uno de los guardias que contribuyeron a la industrialización de la muerte en ese campo de concentración nazi habló en público por primera vez en su vida de lo que allí ocurrió.

Reinhold Hanning, de 94 años, compareció hace unas semanas ante un tribunal alemán de Detmold (en el noreste del país) que desde febrero lleva adelante un juicio criminal contra el ex oficial por los asesinatos de 170 mil prisioneros entre 1942 y 1944, la mayoría de origen húngaro.

En silla de ruedas, pero con impecable lucidez, Hanning hizo leer a su abogado un escrito de 22 páginas donde dejó asentada su declaración final en el juicio.

"La gente era baleada o gaseada y quemada. Pude ver cómo los cuerpos eran llevados de un lugar para otro. Pude oler el aroma a quemado de los cuerpos y sabía que eran incinerados", confesó en su testimonio.

El ex guardia de Auschwitz dijo que era la primera vez que hablaba abiertamente de su rol en el campo y que estaba avergonzado por "no haber impedido la injusticia que vio" y arrepentido "de haber sido parte de tamaña organización criminal".

¿El testimonio del ex SS fue sincero? ¿Qué tenía para ganar si mentía y negaba todos los crímenes? ¿Qué tenía para perder al revelar, como lo hizo, el infierno criminal que ocurrió ante sus ojos? A su edad no irá a la cárcel con seguridad pese a que el fiscal reclamó seis años de prisión.

Su mensaje ante la Corte fue muy importante, no ya en el sentido de la confesión y la consecuente pena por su actividad criminal sino como un mensaje a la moderna lacra negadora de una verdad histórica incontrastable y admitida por los mismos perpetradores.

Cualquiera que recorra los centros de documentación de Alemania podrá enterarse en detalle, con números, tipo de equipamiento, nombres y apellidos y documentos originales sobre la magnitud de una masacre inconmensurable. Es un gran éxito de la democracia alemana, que conserva su historia por más terrible que haya sido y admite su responsabilidad.

No es el caso de otras situaciones, como el genocidio armenio de principios del siglo XX, todavía negado por Turquía, sucesor del vasto Imperio Otomano de entonces.

Legado. En la última audiencia judicial de la confesión de Hanning estaba presente el sobreviviente de Auschwitz León Schwarzbaum, de 95 años, uno de los cuarenta testigos que declararon en el caso. "Perdí a 35 miembros de mi familia en los campos, cómo voy a perdonar eso. Pero no estoy enojado y no quiero que Hanning vaya a prisión, aunque creo que podría decir aún más cosas en beneficio de las nuevas generaciones, porque la verdad histórica es importante", dijo el anciano. Schwarzbaum sobrevivió porque trabajaba en una fábrica de la empresa Siemens cerca de Auschwitz. Después de la guerra residió brevemente en Estados Unidos y retornó a Berlín, donde se volvió a casar con una mujer alemana.

Pese a que Hanning no admitió haber sido el autor de ningún crimen con sus "propias manos", la Fiscalía alemana, aunque no tenga pruebas en su caso particular, puede acusarlo de todas maneras por asesinato desde que en 2011 cambió el criterio judicial con el caso de John Demjanjuk, un carcelero ucraniano del campo de concentración de Sobibor, en Polonia.

El año pasado, además, Oskar Groening, también de 94 años, y conocido como el contador de Auschwitz, fue sentenciado por el asesinato de 300 mil personas.

La Fiscalía alemana cree que Hanning tuvo participación activa, como sargento de las SS, en la recepción de los prisioneros a su arribo al campo y en el transporte hacia las cámaras de gas. "Toda mi vida traté de olvidar esos tiempos. Auschwitz fue una pesadilla y nadie podía ignorar lo que ocurría habiendo estado un largo tiempo como yo", recalcó el ex guardia ante los jueces. Para uno de los fiscales el hecho de que Hanning reconozca haber estado en el campo y revelara la masacre "ha sido crucial".

Se calcula que en Auschwitz fueron asesinados un millón de personas, mayormente judías, pero también gitanos, discapacitados, homosexuales, disidentes políticos, testigos de Jehová, polacos católicos y soldados rusos prisioneros.

Evolución y ficción. ¿Qué convirtió a Hanning, un joven común, en un criminal dispuesto a llevar sin remordimientos a las cámaras de gas a miles de personas? En 1935, a los 13 años, se integró a la Juventud Hitleriana como todos los adolescentes del país y cinco años más tarde, por consejo de su madrastra, se presentó como voluntario para combatir en las Wafen SS, una estructura paramilitar por fuera del Ejército regular. Peleó en distintos campos de batalla hasta que en 1941, en Kiev, fue herido en la cabeza por una granada. Intentó volver al frente pero por sus heridas lo enviaron a prestar servicio en Auschwitz, donde después de dos años de participar del aniquilamiento de miles de seres humanos terminó como guardia en la torre de control con la orden de disparar a los que intentaban escapar de ese lugar tenebroso.

De regreso. ¿Por qué hubo miles de alemanes como Hanning dispuestos a cometer una masacre a escala inimaginable? Tal vez una excelente película alemana que no ha llegado al país, "El ha vuelto", explique en parte ese fenómeno. El argumento ficcional se centra en la resucitación de Hitler en el año 2014 en el mismo lugar, afuera de su búnker en Berlín, donde fue incinerado por sus guardias. Hitler, vestido con el uniforme con que murió y sus típicos peinado y bigote, comienza a relacionarse con la gente que, obviamente, sonríe al verlo y lo toma como un comediante. El Hitler resucitado va enterándose de lo que ha ocurrido en el mundo en las décadas que no estuvo y vanamente intenta convencer a la gente de que él es el real y no un payaso disfrazado. "Alemania no debería existir, ¿quedó algo de Polonia?", se pregunta.

A través de un periodista llega a los medios de comunicación y las redes sociales, que lo presentan como un comediante que no hace otra cosas que repetir los mismos argumentos de siempre, pero con las nuevas realidades modernas que también eran las pasadas: desocupación, crisis económica, rechazo al extranjero. "Tengo mucho trabajo para hacer", dice Hitler sobre el final de la película cuando se entrecruzan imágenes de Angela Merkel, la canciller alemana, Berlín llena de musulmanes y gente sin trabajo se dedica al ocio improductivo.

Pero antes del final se produce tal vez lo más significativo del filme. El periodista descubre que efectivamente Hitler es el verdadero e intenta destruirlo. Le dispara en la cara, lo arroja desde un edificio, pero no logra matarlo y sigue vivo. "No puedes matarme porque estoy y estaré dentro de ustedes", le dice Hitler al periodista. "Yo fui votado por la mayoría del pueblo en elecciones democráticas", recuerda.

Reacción popular.. La película que caricaturiza al Hitler de 2014 está basada en la novela de Timur Vermes (2012), que ha vendido casi dos millones de copias en Alemania y ha sido traducida a cuarenta idiomas.

Para el autor del libro el rodaje de la película demostró que "los alemanes están tendiendo políticamente hacia la derecha debido a un temor hacia el islamismo y los inmigrantes"

Durante la filmación, desarrollada en distintas regiones del país, el actor que interpreta a Hitler, Oliver Masucci, contó la reacción del ciudadano común cuando lo veía vestido como el Führer en el set de filmación en plena calle. "La gente se juntaba a mi alrededor. Una persona me dijo que me amaba y me pidió que la abrazara. Otro, para mi alivio, me empezó a golpear. Una mujer negra me dijo que le daba miedo y otro comenzó a contarme los problemas de Alemania", reveló sorprendido el artista. Para pensarlo.

Comentarios