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Viernes 02 de Diciembre de 2016

La complejidad de lo complejo

En el último tiempo varias "sorpresas" electorales pusieron en la picota a encuestadores y analistas políticos. El rol de los "opinólogos".

Desde hace algunas semanas los politólogos estamos en el centro de la escena. Las "sorpresas" que generaron las elecciones en Estados Unidos provocaron la crítica hacia la disciplina por su "incapacidad de anticipar" resultados. En efecto dominó cayó la confianza en las encuestas, en los analistas políticos y en la ciencia política.

Para frenar el derribo automático varios politólogos salieron a cuestionar algunos de estos achaques. La pregunta fue una bien conocida: ¿Cuántos de los que anunciaron victorias y fracasos electorales provenían de la ciencia política? Muy pocos, por no decir ninguno. La lectura pobre de las encuestas quedó en manos de los opinólogos de turno, que utilizaron los datos a piaccere para justificar su "análisis político" con algunas apreciaciones poco fundadas. Conclusión: los análisis electorales poco tuvieron de ciencia política.

La preocupación pasa a ser otra. Si los politólogos somos "expertos" en el estudio de la política y el poder, ¿por qué somos tan poco consultados para el análisis político en los medios? Rodrigo Salazar Elena lo planteaba hace algunos días atrás como un problema de "relaciones públicas" de la ciencia política, una debilidad en la capacidad de divulgación de nuestro saber.

En efecto, dar explicaciones simples y claras no es nuestra mayor virtud. Los politólogos solemos reconocer, con humor y un poco de pena, que tenemos una respuesta automática: "Es más complejo". Tras la frase de apertura, iniciamos un monólogo extenso en donde, en el mejor de los casos, nuestro interés de presentar todos los argumentos que expliquen el fenómeno se coarta por la tiranía de los tiempos mediáticos. Así, lo que queda en el aire son frases incompletas, explicaciones que poco explican y palabras demasiado eruditas para las reflexiones cotidianas.

¿Charlatanería? ¿Inseguridad? No. Más bien deformación profesional y sinceridad brutal. Desde temprano, los politólogos nos formamos en el arte de cuestionar lo dado, en desnaturalizar supuestos, en salirnos de las explicaciones obvias. Además de teoría política, estudiamos historia, sociología, economía, derecho, con la intención de poder ver diferentes aspectos de los problemas y cuestiones en estudio. Aprendemos metodología de la investigación social y adquirimos herramientas de planificación y administración para producir conocimiento válido y proponer mejoras a nivel social.

Este bagaje amplio, que nos prepara para la reflexión crítica, se justifica en la complejidad de los fenómenos vinculados a la política. Las relaciones sociales y de poder no son automáticas, y por lo tanto no pueden explicarse a partir de procedimientos mecánicos. Son muchos los factores que operan en una relación de dominación, en la selección de estrategias de un candidato, en las elecciones de los ciudadanos, en la formulación de políticas públicas. En ciencias sociales, dos más dos no siempre es cuatro, y esto es así porque la vida en sociedad es abierta, cambiante, plural: no todas las personas sienten lo mismo, se mueven por iguales intereses o ansían las mismas soluciones. En la vida con otros también el azar está presente.

Diagnosticar. Asumir esa complejidad, develando las diferentes variables que operan en un fenómeno político es el leitmotiv de los politólogos. Esta habilidad se refleja, por ejemplo, cuando trabajamos en la formulación de diagnósticos que sirven para reconocer la magnitud y gravedad de una situación problemática, cuando diseñamos intervenciones, proyectos o programas, cuando evaluamos los resultados e impactos de las políticas públicas, cuando proponemos mejoras en los procesos administrativos de lo público, cuando recomendamos estrategias a políticos y funcionarios, cuando producimos teorías para explicar preocupaciones colectivas, etcétera.

Pero los tiempos del "click" son otros. La necesidad de respuestas breves y concisas nos amedrenta y perjudica al momento de hacer visible y reconocida nuestra profesión. Desarrollar la capacidad de comunicar es el desafío.

Un querido profesor de nuestra casa nos decía "quien piensa claro, escribe claro" —o "habla" claro llegado el caso—. Tal vez sea momento de pensar que la claridad es parte de la erudición.

Tal vez sea la oportunidad para pensarnos reflexiva y críticamente, de sentirnos incómodos, de ser rigurosos con nosotros mismos.

Educación ambiental

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