Edición Impresa
Sábado 17 de Mayo de 2014

La colaboración de civiles con la represión en las aulas quedó registrada en archivos

La colaboración de civiles con la represión en las aulas quedó registrada en archivos La investigadora Natalia García indaga en el Archivo de la Memoria de Santa Fe la complicidad de parte de la comunidad escolar con la dictadura militar

Cartas de padres pidiendo que se investigue si es subversivo el docente de su hijo, notas de presidentes de comunas solicitando al ministro de Educación que se haga una averiguación de antecedentes de un profesor y denuncias contra un director de escuela por criticar a Videla, son parte de la documentación registrada en el Archivo Provincial de la Memoria de Santa Fe. Esos comportamientos de miembros de la comunidad educativa que colaboraron y apoyaron la represión durante el terrorismo de Estado son investigados por la doctora y profesora en ciencias de la educación Natalia García. Al eje de esa investigación lo llama: "El problema de las responsabilidades sociales durante la última dictadura en prácticas de colaboración civil orientadas a la persecución de actores del campo educativo".

Durante años, al tomar el tema de la represión se lo vinculaba directamente con los miembros de las fuerzas de seguridad, pero ese accionar delictivo se apoyó también en la complicidad de otros sectores de la sociedad. En ese marco, la investigadora del Conicet apunta a las responsabilidades que tuvo la sociedad civil en las denuncias en el sistema educativo.

A partir de las indagaciones realizadas en fuentes documentales del Archivo Provincial de la Memoria de Santa Fe, la profesora de la Facultad de Humanidades y Artes (UNR) explica que cuando se habla de dictadura "se menciona a la censura, proscripción y cesantías, pero poco se indaga en el cómo se trabajó la delación y cómo se alteró el cotidiano en lo escolar".

En el aula."En las primeras investigaciones se decía que la escuela había sido una caja de resonancia de lo que pasaba afuera, todavía soportaba alguna autonomía y que los muros contenían algo de las atrocidades que ocurrían", advierte. Pero asegura que "al ver los casos en particular queda cuestionada la idea de que el sistema educativo estaba afuera de lo que fue el terrorismo de Estado".

Sobre el disparador de su investigación, emprendida mediante una beca posdoctoral del Conicet, cuya directora es la investigadora Carolina Kaufmann, García explica que cuando realizaba una investigación sobre la Biblioteca Vigil (ver aparte), en el Archivo Provincial de la Memoria, consultó por el contenido de unas cajas allí depositadas, para saber si tenían información afín a la indagación de entonces. "Al pasar, me respondieron que eran «las botoneadas». Por supuesto, con sorpresa pregunté qué significaba exactamente, y se me indicó que eran los pedidos de investigaciones y búsqueda de antecedentes político-ideológicos (llamados: causantes, en documentación clandestina) solicitados por civiles que no eran miembros del personal civil de inteligencia, que hacían llegar a través de cartas anónimas o con firmas y datos de rigor (como DNI y lugar de trabajo, entre otros) y que fueron enviados a los diferentes ministerios, no sólo a Educación".

"En ese momento —agrega— comprendí que la próxima investigación tenía que orientarse a esa «inteligencia civil», hurgar, analizar y sopesar la presencia de esas fuentes para problematizar el asunto de las prácticas de colaboración civil durante la última dictadura en el campo educativo, como expresión de todo el arco social, de nuestras sociedades y sus actitudes bajo regímenes autoritarios".

"Las actitudes sociales —además de rechazo a la dictadura—, van desde la adhesión pasiva al régimen, a una ferviente adhesión activa y colaboración", admite. "Hay una distancia entre el temor a la dictadura y el ir a señalar a un compañero. No son agentes civiles de inteligencia, que trabajan por una paga. Algunos tienen un acercamiento ideológico, pero también se advierte como un sentimiento ultrista: «Esto es por la Patria»", señala.

Considera que "hasta hay una «banalidad del mal»", porque además de las confabulaciones y tejidos del poder, existían problemas domésticos, y algunos particulares pedían la investigación de un compañero por la disputa de un cargo u otras cuestiones personales. Eso tiene que ver con la condición humana que tomaba otras fuerzas en un régimen dictatorial y no es común durante una democracia que insta a la apertura".

Fuentes. Sobre la metodología del trabajo, indica que siguió "los documentos que pertenecían al Ministerio de Educación y Cultura de Santa Fe", sobre todo la extensa gestión del capitán de navío Orlando René Pérez Cobo, quien recrudeció la persecución y cesantías sobre la comunidad educativa, particularmente docentes y directivos. Lo interesante fue encontrar documentos que entonces ingresan en aquella expresión «las botoneadas»".

Comentarios