Viveros que hacen plantines e incluyen a personas con discapacidad

Son 37 y conforman la Red que se llama "Sembrando sueños". Los operarios del que está en Rosario, el pionero, cerraron el año con un viaje a Alta Gracia

Una voz en off pregunta: "¿Qué significa el trabajo para vos?". El muchacho que debe responder se toma unos segundos, quizás intimidado por la cámara que filma, hasta que se anima: "No recuerdo cuánto hace que trabajo acá, pero el vivero me hace una persona". La escena se repite una y otra vez. Alguien pregunta sin aparecer en cámara y otros responden, mirando a ella:

— Me siento cómodo entre ustedes. Son como si fuera mi familia—, es la frase que elige uno de ellos.

— Esto es parte de mi salud. Yo estoy conforme, porque el trabajo es una descarga cuando uno anda mal, me entretiene—, agrega otro.

— El trabajo es una terapia y acá aprendemos todo lo que tenemos que aprender—, confiesa otro más.

Las escenas son parte de un video con el que el Vivero Agroecológico de Rosario despidió el año con sus "trabajadores", un grupo de personas discapacitadas que encontraron allí una actividad que los integra y los hace dignos. Como el vivero que funciona en un terreno municipal de la calle Lamadrid al 250 bis, en la zona sur de Rosario, ya hay otros 37 iguales en la provincia. Sus gestores los llaman Red de Viveros Inclusivos "Sembrando sueños", un nombre que los resume y los define.

"Acá hacemos todo: desmalezar, armar plantines, tener todo en orden y limpio. Para mi, trabajar en el vivero es parte de mi salud", explica otro de los muchachos en el video. Él mismo se está viendo en uno de los auditorios del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa. Sus compañeros celebran la frase con aplausos. Y así pasará con los que siguen.

En el vivero de Rosario trabajan 45 personas. Son pacientes psiquiátricos con discapacidades intelectuales. Paula Córdoba, la responsable del lugar, los define como personas de "alta vulnerabilidad social".

Todos ellos llegan allí derivados desde centros de salud, del hospital provincial Agudo Avila, de la Colonia Psiquiátrica de Oliveros y de las direcciones de Inclusión de Personas con Discapacidad municipal y provincial.

Una vez que se integran al vivero, reciben capacitación en el oficio de jardinería (producción, paisajismo y mantenimiento de espacios verdes). "Como producción se entiende compost orgánico, siembra, reproducción, regado y cuidado de plantines de flores, aromáticas, plantas ornamentales, arboles y arbustos", explica Córdoba.

También hacen producción de macetas, tanto de madera como de cemento, huertarios para auto-consumo y artesanías. Pero el trabajo de estos hombres y mujeres no es sólo un pasatiempo, ya que lo que ellos producen se comercializa en distintos lugares:

• En las ferias de economía social de la Municipalidad de Rosario que funcionan durante los fines de semana largo.

• En la Dirección Provincial de Inclusión de Personas con Discapacidad (9 de Julio 325).

• En un puesto móvil que se instala en la esquina de las peatonales Córdoba y San Martín.

El primer viaje

Este año, por primera vez los trabajadores del vivero Rosario se fueron de viaje. El destino fue la ciudad cordobesa de Alta Gracia. Allí se alojaron en una colonia de vacaciones del gobierno de Santa Fe. El traslado lo costeó la Cámara de Diputados de la provincia.

Para ellos fue como un viaje de fin de curso. "Un día salimos del vivero para hacer flor de viaje. Sumamos experiencias con nuestros seres queridos", explica uno de los trabajadores en un segundo video, éste centrado en la hasta ahora inédita excursión a Alta Gracia.

Pablo, uno de los que tienen perfil más alto en el grupo, mira a la cámara y cuenta: "Fuimos a visitar al Che Guevara, hace mucho que no lo veíamos". Cuando termina la frase, el auditorio estalla en carcajadas. Alguien le grita: "¡Dejá de robar cámara!" y otra vez todos celebran. Pablo es, sin dudas, uno de los personajes del grupo. Tanto que para la exhibición de los videos se puso unos zapatos charolados que fueron uno de los motivos de más bromas de sus compañeros.

Menos histriónico, otro trabajador del vivero afirma, con una sencillez contundente: "Fue muy lindo el viaje". Y agrega: "Paula, te pasaste. Gracias a nuestros profesores también. Me gustaría hacer otro viaje, porque este fue muy bárbaro". Lo dice así, "muy bárbaro", y otra vez el auditorio sonríe, cómplice y solidario.

De fondo suena una canción de León Gieco. "Sea como sea pero salgamos ya, que los duendes se aburren de tanto esperar", canta el músico nacido en Cañada Rosquín. Y sigue: "Somos como una gran familia que rueda". En el auditorio hay aplausos generales.

Es la hora de los discursos. Dice la ex subsecretaria provincial de Inclusión para Personas con Discapacidad y principal mentora del vivero, Silvia Tróccoli, mirando a los trabajadores: "Ustedes son muy valientes". Córdoba no deja de agradecer: a los funcionarios de la municipalidad y la provincia que apostaron al proyecto, a los que trabajan en él, a sus familias. "Buscamos inclusión, y creo que lo conseguimos", afirma.

Después viene la hora de los regalos a quienes colaboraron e hicieron posible desde el primer vivero en Rosario hasta los otros 37. Son obsequios producidos por el propio vivero, plantines que pronto serán un árbol, una flor, una planta aromática o alguna otra.

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