Concejo municipal
Sábado 26 de Agosto de 2017

Vallaron un inmueble de valor histórico para evitar el vandalismo

Los vecinos de la zona temían por una posible demolición, pero las autoridades municipales aseguraron que "esa propiedad está catalogada".

Ante el inquietante temor que expresaron algunos vecinos de la zona y de agrupaciones que se dedican a la protección de patrimonio edilicio, sobre la suerte que puede correr un inmueble de valor histórico que albergó a la antigua Relojería Sudamericana, las autoridades municipales remarcaron que "ese inmueble está catalogado con grado de protección 2 B, no admite la demolición. Y lo vallaron porque lo intrusaron, lo que motivó varias denuncias policiales de los propietarios". Ubicado en 3 de Febrero al 500, el edificio se encuentra en estado de abandono y fue recientemente vallado, explicó Mariel Santos, directora del programa de Preservación y Rehabilitación de Patrimonio Urbano.

   Sobre la situación actual de este inmueble, la arquitecta Santos comentó que "el expediente está en Obras Particulares", precisó que "está acreditado el legítimo interés", y recalcó que "hay una sucesión familiar, ya que falleció uno de los hermanos que eran los propietarios".

   Sobre los compromisos que implica tener eln grado de protección 2 B, la funcionaria resaltó que "no admite la demolición, lo que permite ese grado es una reestructuración interior, a partir de una refuncionalización, o de un nuevo uso del inmueble".

Encontraron un arma

En relación a la instalación del vallado, que llevó a los vecinos a pensar que podía ser demolida, contó que "tiene que ver con que la casa fue intrusada, muchas veces, incluso una vez hasta encontraron un arma. Hay denuncias policiales de todo eso y la familia tiene la documentación correspondiente".

   Vale aclarar que Santos estuvo reunida con los propietarios hace 20 días. "La familia generó un expediente en el que solicitaron al Departamento de Estructuras de Obras Particulares, que depende de la Secretaría de Gobierno, un informe estructural para saber el estado de la propiedad", confió la responsable del Programa de Preservación.

   Y continuó: "Obras Particulares remitió ese informe a Planeamiento, y contestamos que en caso de que exista declaración de ruina, eso no tiene que ser acreditado ni por el Ejecutivo, ni por Obras Particulares, ni por el propietario. Según la ordenanza vigente eso corresponde a un peritaje externo que lo hace la UNR (Universidad Nacional de Rosario)".

   Para graficar el posible escenario, puntualizó que "con ese informe, en caso de que la universidad ratifique la condición de ruina del inmueble, los propietarios deberían acudir al Concejo Municipal, porque no es facultad del Ejecutivo modificar el catálogo y solicitar acreditación de ruina".

   Santos aseguró que fue tajante ante los propietarios. "Ya les aclaré, para que no haya ningún tipo de expectativa respecto del crecimiento en altura, que lo que hace el Concejo para desalentar la especulación es darle una protección de entorno. Esa medida implica que el inmueble se puede sustituir, justamente por un estado ruinoso, pero se condiciona la altura, a la altura de la preservación del tramo".

   Y exclamó con énfasis: "Quiere decir que bajo ningún punto de vista, está la chance de que sea en altura".

   De esta manera, las autoridades municipales explicaron la situación del inmueble a los propietarios, que se encuentran en estado de análisis y evaluación sobre el destino del mismo, ya que atraviesa un proceso de sucesión. "Me parece que ellos buscaron esclarecer la situación del inmueble, qué pueden hacer ahí, y cuál es la condición estructural", marcó Santos.

   "Por lo que contaron, ellos lo ven en estado ruinoso, porque hace años que no le hacen mantenimiento. Y además está vandalizado. Por eso, sacaron lo poco que quedaba adentro. De hecho, casi no pueden entrar una de las últimas veces porque, a pesar de estar vallado, siguen entrando igual. Además encontraron un arma, y no quisieron entrar más. Queda claro que es una situación conflictiva", repasó la arquitecta.

Encuadre

Santos se encargó de subrayar la actuación del Programa de Preservación local ante este caso. "Lo que hicimos fue encuadrarlo claramente en estas posibilidades. Pueden transformarlo para un nuevo uso, obviamente respetando las partes de valor arquitectónico del inmueble; o si quieren pueden hacer el camino de la declaratoria de ruina, ya que la norma habilita un mecanismo específico para esto. Pero debe ser a través de la universidad como peritaje imparcial, determinante. No vale si vienen con un informe de un ingeniero de parte de ellos, y tampoco vale ninguna evaluación promovida por la Municipalidad. Y en el final de ese recorrido, saben que no van a obtener una edificabilidad mayor a la que tiene".

   De esta manera, queda evidenciado que el inmueble en cuestión está catalogado, protegido, y hay normas que establecen con claridad todos los mecanismo que se deben respetar para actuar sobre el mismo.

En ese marco, la titular del Programa de Preservación indicó que "la responsabilidad del mantenimiento de un inmueble es del propietario. Y debe velar para que eso no se transforme en un peligro en la vía pública. Este tipo de propiedades, sin acciones de mantenimiento, ni intervenciones, son un peligro. Todo esto, se les informó por escrito".

Un reloj, cinco campanas en escala y muchos secretos

Muchos rosarinos pasan por delante sin reparar en sus secretos. Este inmueble encierra páginas de una rica historia y guarda guiños de viejos encantos. Sus paredes cobijan la práctica de un oficio que floreció hace mucho tiempo y no pudo mantener sus impulsos iniciales. En 3 de Febrero al 500 funcionaba la Relojería Sudamericana, una referencia obligada al momento de repasar las propiedades de valor patrimonial y de incidencia social en ese tramo urbano.

   En su frente se mantiene un antiguo reloj, que funcionó cuando el establecimiento estuvo abierto. Como un tenso centinela de un cambio que nunca avizoró, y que lo dejó aletargado, mudo, sin tiempos para esbozar alguna reacción.

   En la terraza, cinco campanas francesas en escala musical, que sobrevivieron a las quejas de algunos vecinos poco tolerantes, todavía custodian un futuro incierto que están tejiendo los sucesores de Luis Van de Casteele, aquel belga que arrimó su oficio de relojero a Rosario en 1923.

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